Esta semana empezarán, finalmente, los Juegos Olímpicos de Tokyo. Inicialmente programados para 2020 y fuertemente resistidos por los locales, tendrán lugar en medio de estrictas medidas de seguridad que buscan prevenir un pico de contagio entre los locales y afectar la salud misma de los atletas. Japón, a pesar de ser uno de los primeros países en reportar contagios por covid-19, fue también uno de los más rápidos en contener la pandemia y reactivar la economía. Por esto mismo, fue uno de los más lentos en programar e iniciar vacunaciones masivas. No obstante, el gobierno ha tomado todas las medidas para seguir adelante con los juegos y para quienes siempre pensamos en verlos en transmisión diferida, es bueno saber que podremos disfrutarlos. Uno de los datos interesantes de estos juegos es que se estará cerca de alcanzar la paridad entre los atletas: se estima que el 49 % del total serán mujeres. Algunos países, como Estados Unidos, China, Gran Bretaña, Canadá y Australia, enviarán a más mujeres que hombres en sus delegaciones. El comité organizador además estableció que las banderas de cada país sean portadas por un hombre y una mujer. También es significativo que se removiera al presidente del comité organizador por cuenta de afirmar públicamente que “las mujeres hablan demasiado en las reuniones”. Este es un resultado de los esfuerzos de países individuales y el mismo Comité Olímpico Internacional que, en 2014, visibilizó el asunto de la falta de igualdad y se propuso la paridad como meta.

En Colombia, sin embargo, todavía estamos lejos de esta paridad en la participación en los Olímpicos. De los 71 atletas que finalmente serán aceptados en los juegos (hubo un gran escándalo relacionado con dopaje), 46 son hombres y 25 son mujeres, es decir, las mujeres son un 35 por ciento. Las mayores diferencias están en los deportes en los que más deportistas participarán: atletismo (16 hombres y 9 mujeres) y ciclismo (8 hombres y 1 mujer). En el Comité Ejecutivo del Comité Olímpico colombiano solamente hay tres mujeres de once miembros; no ha habido ninguna mujer presidente de este comité. Los comentarios despectivos de algunos dirigentes deportivos hacia las mujeres y sus capacidades no les han significado mayores costos, a pesar de que los medios han generado el debate.

Me pareció importante observar que este rezago entre hombres y mujeres se da en el contexto de un crecimiento en la inversión en deportes y recreación, que en los últimos diez años prácticamente se ha triplicado. Sin embargo, ninguno de los planes o proyectos que pude encontrar sobre el tema para Colombia, enfatizaba el tema de paridad de género. En el “Reto 2021” planteado por el Ministerio de Deporte, se menciona un nuevo aumento en el presupuesto dedicado al deporte y varias iniciativas importantes y significativas. No se dice nada sobre las mujeres ni sobre la paridad de las mujeres en los deportes: “Paralelamente, queremos seguir apoyando a los nacientes atletas de Colombia, seguir proyectando al país con esa verdadera esencia del ser colombiano, por eso, aseguramos presupuesto para Talentos Colombia, programa insignia del Ministerio para la detección de talentos; Glorias del Deporte; Atleta Excelencia; apoyaremos al ciclo olímpico y paralímpico; a las federaciones; equipos de ciclismo, entre otros”, señaló Ernesto Lucena, según la nota de prensa en la página del Ministerio del Deporte.

La invisibilidad del género en estos planes y proyectos no tiene que ver ni con el hecho de que ya se llegó a la paridad, las cifras mencionadas antes son claras, ni con que esta sea una mejor manera de resolver el asunto. Tampoco puede tener como excusa que “somos subdesarrollados” y primero hay que resolver la excelencia (de los hombres) y luego sumamos a las mujeres. Claramente la cuestión no funciona así. Si intentamos lograr excelente usando solamente a la mitad de la población, nos vamos a demorar el doble del tiempo, ¿o no? Sabemos que evitar un problema no es la manera de resolverlo. Menos aun cuando hay evidencia que muestra que el deporte tiene unos efectos positivos claros en materia de prevención de violencia hacia las mujeres, mejoras en su salud y aumento en su empoderamiento económico.

Además de lo que obviamente habría que hacer, producir indicadores por género para entender bien cómo funciona en Colombia y pensar en cómo igualar inversiones en materia de género para hacerlas más eficaces, al tiempo que son más justas, me parece clave que recuperemos como un bien social el deporte. Entiendo que el deporte es un bien social cuando vemos en él no solamente la glorificación de ciertos cuerpos y capacidades, sino que entendemos que todos y todas ganamos de desarrollar en nuestros cuerpos algunas capacidades asociadas a nuestros grandes talentos. Aclaro, no todos vamos a ser parte de un equipo de voleibol olímpico. Hay que invertirle mucho tiempo a un deporte y contar con muchos apoyos para lograr algo tan grande. Sin embargo, muchos podemos aprender lo que significa el trabajo en equipo, afinar nuestras capacidades de liderazgo, construir amistades que duran toda la vida, reducir el sedentarismo y divertirnos. Tampoco todos podemos ser maratonistas olímpicos. Pero entrenar para carreras locales, trotando 5 o 10 kilómetros diarios, no solamente mejora la capacidad cardiovascular, sino que condiciona mentalmente para enfrentar situaciones de alto estrés. Cuán lejos estamos de esto, lo confirmé cuando le pregunté a una mujer joven, egresada como licenciada en educación física, qué estrategias nuevas existen para involucrar a las niñas y jóvenes en la práctica de deportes. Se quedó mirándome como si estuviera hablando chino. Cuando les insinué a los profesores de deporte de mis hijas que con su estatura deberían reclutarlas para voleibol, me dijeron que eran ellas las que debían demostrar interés. Como si no les interesara ganar partidos o como si creyeran que los deportes no son “cosas de niñas”. Creo que vale la pena, como lo he señalado a propósito de otras situaciones, que visibilicemos el tema del género en el deporte en todas las instancias y a todos los niveles. Como padres y madres, como profesores, esto es algo que definitivamente tenemos que incentivar.