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| 12/8/1997 12:00:00 AM

DE CARLOS PEREZ NORZAGARAY

DE CARLOS PEREZ NORZAGARAY DE CARLOS PEREZ NORZAGARAY
N. de la R. La siguiente carta se refiere a una columna de Antonio Caballero sobre la posible compra de 'El Espectador' por parte de 'El Tiempo' o el grupo Santo Domingo. Concretamente se relaciona con el siguiente aparte: "Hasta su lenguaraz concuñado Carlos Pérez, que durante un par de años se burló de él en los cocteles está otra vez reconciliado con Julio Mario, los vimos a los dos juntos en una foto en SEMANA, en una boda, o en un entierro". Permítanme llamar su atención hacia un párrafo de la columna de Antonio Caballero, del 13 de octubre pasado, que me concierne directamente. Lanzar calumnias a la calle como lo ha hecho Antonio Caballero es una forma intolerable de delito, injuria de prensa que no debe ser tolerada.Las opiniones de ese columnista y sus obsesiones, me tienen sin cuidado. Me preocupa, eso sí, que haya en todo esto un subfondo de sospechosa morbilidad, de barbarie verbal, de burda y feroz carnicería social, de resentimiento no admitidos jamás en nuestra historia periodística: la violencia que ha desangrado y envilecido al país comenzó en palabras escoltadas por la impunidad. Y ya es mucho el grave daño que el desenfreno y el rencor han hecho, desusadas las formas del respeto. Me dirán que todas esas barbaridades que escribe son inofensivas por in-creíbles y absurdas: retozos de quien fuera un día un candidato a príncipe sin tierra, y hoy, envejecido, frustrado, corroída el alma, pleitista en permanente conflicto consigo mismo y con los demás, odia al prójimo, al mundo, a todo, a la sociedad que lo tolera y lo aguanta y, que para colmo, lo sostiene. Sus calumnias, unos no las creerán y otros lo harán cuando a sus intereses convenga: el demonio interior es insaciable. Flaqueza moral que no disminuye su responsabilidad. De SEMANA, obra del laboreo digno y constante de Alberto Lleras que con sus admirables señorío, limpidez y gracia literaria ennobleció sus páginas, brotan ahora golpes bajos como los que motivan estas líneas.Cuánta falta hace Alberto Lleras y cómo me resulta melancólico recordar a mi gran amigo, por obligado contraste con estas deplorables circunstancias. Su columnista que me atribuye comentarios que yo jamás he hecho y palabras que yo jamás he dicho, que siga escribiendo lo que quiera, pero con el código de la buena fe a la mano: que lo haga como lo haría cualquier hombre de conciencia serena: con un mínimo de probidad mental y honestidad de criterio. La sentencia sagrada "lo que eres, eso eres" le cae muy bien. Para que todo esto quede claro y completo: yo nunca asisto a cocteles y, si de entierros se trata, muy confiado espero, con mi paciencia sin término, ver sepultada, al fin en paz y en merecido olvido, su columna. Equivocar una boda con un entierro es tanto como confundir un concierto de Rafael Puyana en el Colón con uno de Diomedes Díaz en la Mediatorta, un osito de peluche con un objeto típico de Ráquira. Y ni una palabra más sobre esto. Carlos Pérez Norzagaray Bogotá

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