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| 11/3/1997 12:00:00 AM

JAMAS LO SABRAN

JAMAS LO SABRAN JAMAS LO SABRAN
En la columna de Plinio Apuleyo Mendoza correspondiente a la edición #799 y titulada '¿Por quién murió el sargento?', el escritor expone una de las grandes realidades colombianas: la apatía de la Nación y el Estado frente a la misión institucional del Ejército Nacional. Y es que los colombianos de bien, aquellos que nos levantamos temprano todas las mañanas con el ánimo de realizar un trabajo sano y honesto que colabore con el desarrollo de Colombia y propenda por el mejoramiento del nivel de vida de la comunidad, registramos con profunda tristeza cómo un Ejército creado por la Constitución colombiana para defender la democracia y velar por las instituciones, pasa a ser el macabro protagonista de la violencia en un país donde lo menos importante es la Patria misma. Mientras un general Arias es destituido por defender el Palacio de Justicia de una toma guerrillera, mientras un general Yanine es acusado y detenido por volver la paz al Magdalena Medio, mientras un teniente Botero es encarcelado por comandar una contraguerrilla que es emboscada por la subversión y mientras un sargento Del Río es enterrado en la más completa soledad por morir durante el cumplimiento de su deber; aquellos que han formado parte activa de la subversión y han sido autores de las más horrendas emboscadas, secuestros, asesinatos y extorsiones, son premiados por el gobierno con generosas amnistías, increíbles rebajas de penas, cargos diplomáticos en el exterior y libertad para desempeñarse en diferentes puestos públicos. La verdad es que el sargento Del Río y los cientos de oficiales, suboficiales y soldados que han ofrendado su vida en aras de una Patria más justa para todos, jamás sabrán realmente por quién murieron. Juan Diego Montoya Aristizábal Armenia

EDICIÓN 1879

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