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| 1/1/2018 12:00:00 AM

Barranquilla: el jugador número 12 de la selección

El calor y la hinchada de La Arenosa han contribuido a las clasificaciones de la tricolor a Italia 90, Estados Unidos 94, Francia 98, Brasil 2014 y Rusia 2018.

Barranquilla: el jugador número 12 de la selección Camilo Zúñiga, lateral de la Selección Colombia. Foto: Getty Images / Jose Manuel Pedraza

Fue una decisión contundente: jugar los partidos en Barranquilla a las 3:30 de la tarde. Colombia, tras un mal comienzo de eliminatoria, quería enderezar el rumbo hacia Brasil 2014. Ya con el argentino José Pékerman en el banco, la selección echaba mano de su viejo fortín, el estadio Metropolitano, y de su calor.

El rival, esa tarde de septiembre, era Uruguay, que llegaba con 18 partidos invictos y coronado un año antes en la Copa América. Colombia marchaba sexta en la tabla, fuera de los puestos de clasificación, con apenas siete puntos. Hasta ese momento, el balance en Barranquilla era magro: un empate ante Venezuela y una derrota frente a la Argentina de Messi.

En el campo, la temperatura llegaba a los 35 grados. “Parecía un infierno”, dijo James Rodríguez en el documental Diario de un sueño, que cuenta con lujo de detalles cómo fue la clasificación a Brasil 2014. “La estrategia era desgastarlos, hacer correr la pelota, (…) manejar los ritmos a nuestro gusto”, añadió el volante Carlos Sánchez.

El buen juego de circulación y movilidad, al que Pékerman sumó verticalidad, servía: a los cuatro minutos, Colombia ya estaba arriba en el marcador. Los uruguayos sacaban la lengua. Estaban perdidos, o fundidos. La selección ganaba, incluso se floreaba, y el calor hacía posiblemente el resto.

El desgaste fue palpable en el tercer gol, cuando el lateral Pablo Armero recuperó un balón en una salida uruguaya. A Maximiliano Pereira, quien perdió la pelota, el regreso pareció costarle una vida. Rodríguez, desde la izquierda, centró para que Teófilo Gutiérrez, el jugador de la casa, marcara el 3-0, su segundo gol de la tarde.

El Metropolitano volvía a explotar. Pereira, sin más fuerzas, salió tres minutos después. “En la cancha me decía Cavani que no aguantaba más, que dónde era que estaba, que se estaba muriendo, yo me reía”, confesó Camilo Zúñiga, que jugó por la derecha y en ese entonces compartía vestuario en el Nápoli italiano junto al atacante uruguayo.

El partido fue un potente punto de inflexión: Colombia no volvió a perder como local, y solo cedería un empate más, en la penúltima fecha ante Chile. La renta del Metropolitano sirvió para que el equipo de Pékerman clasificara a Brasil en el segundo lugar, con 30 puntos, solo detrás de Argentina. Más de la mitad de esos puntos (18) se consiguieron en Barranquilla.

Y si el calor no servía, la fuerza del público ayudó siempre, como contra Chile, en aquella penúltima fecha. Al término del primer tiempo, y ante la sorpresa de todos, la visita vencía 3-0. La selección, sin embargo, salió con un ímpetu renovado tras el descanso y a la postre empató el encuentro, que selló la clasificación a Brasil.

“El barranquillero de por sí, por ser costeño, es alegre y bullicioso, y eso ha sido determinante porque ellos nos hacen sentir a nosotros como en nuestra propia casa y al rival como un verdadero visitante. Creo que el fervor y la alegría que se ve en Barranquilla no se nota en otras ciudades”, resumió alguna vez el propio James.

Y ante las voces que piden trasladar la sede por los resultados de la eliminatoria a Rusia, en la que Colombia sumó los puntos más vitales fuera del Metropolitano, la posición desde distintos sectores ha sido el respaldo de la lógica: cinco clasificaciones –Italia 90, Estados Unidos 94, Francia 98, Brasil 2014 y Rusia 2018– en seis intentos.

“Siempre que la selección tuvo como sede a Barranquilla, en las últimas participaciones, ha salido clasificada. Desde allí se acabó la discusión”, analiza Alfredo Sabbagh, periodista deportivo y docente en la Universidad del Norte. “Obvio que la ciudad no clasifica sola, (…) si el equipo no hace bien su trabajo, Barranquilla no va a clasificar a la selección”, continúa Sabbagh.

“Pero si hay un ambiente de facilidades de trabajo, sumado al hecho de una cancha grande con un clima que puede complicar a visitantes, con una afición, que en su conjunto supo apoyar cuando tenía que hacerlo, todo eso hizo que Barranquilla fuera importante”, detalla.

Y agrega: “Creo que la cancha grande, el factor climático, la humedad, las facilidades de trabajo que se le brindan a la selección, todo junto, hacen de esta ciudad la casa ideal”.

Una posición que comparten muchos, empezando por el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún: “No hay ninguna duda de que Barranquilla seguirá siendo la casa de la selección”. La tricolor, como alguna vez cantó el Joe Arroyo, tomó así su resolución: en Barranquilla se queda.

EDICIÓN 1888

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