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Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978) estará en la FilBo 2019. Foto: Oswaldo Ruíz-Cortesía Penguin Random House

entrevista

La literatura es memoria y es imaginación: Emiliano Monge

Por: SERGIO ROSAS ROMERO

El autor mexicano hablará en la FilBo sobre su más reciente novela, “No contar todo”, una profunda reflexión sobre la memoria y el abandono. Conversó con ARCADIA antes de pisar suelo bogotano.

Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978) presintió, desde hace muchos años, que la historia de su familia (sobre todo la de su abuelo, padre y, claro, la suya) podía ser escrita. Pero no lo hizo en ese entonces: primero tenía que encontrar la estructura y el momento para contar esa historia que lo “rompería como ser humano”. Finalmente, ese libro vio la luz en septiembre del año pasado bajo el nombre de No contar todo (Literatura Random House, 2018) y desde entonces se ha reimpreso una y otra vez.

Este libro, tal como Monge explica, puede entenderse como autobiografía (uno de los personajes es, en efecto, Emiliano Monge) pero también como biografía: están las historias de su abuelo, Carlos Monge McKey, y de su padre, Carlos Monge Sánchez. La primera se narra bajo la forma de un diario y la segunda como una conversación llena de reclamos, interrupciones, café y galletas desabridas.

Tal como se menciona en una de las últimas partes del libro, los temas recurrentes de No contar todo son “la fuga, la mentira, la violencia masculina y las herencias silenciosas”. A partir de la historia de los Monge, los lectores se sumergen en tensiones muy difíciles de resolver, como la presencia paterna y el abandono, la memoria y la escritura, la diferencia entre el suceso y la historia.

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Sin duda, No contar todo es uno de los sucesos editoriales en español de los últimos meses. Los lectores recibieron la obra con entusiasmo y muchos de ellos le han enviado a su autor tuits de felicitación junto a fotos con el libro. Ahora, muchas otras personas podrán compartir sus impresiones lectoras en la FilBo 2019, pues Monge es uno de los invitados más esperados. Hablará sobre afinidades estéticas con otros autores de la región el sábado 27 a las 8:00 p.m en la sala C del Gran Salón Ecopetrol.

Antes de esa fecha, ARCADIA habló con el mexicano, autor también de Arrastrar esa sombra (2008) y Las tierras arrasadas (2015), entre otros libros. Monge reflexionó sobre el proceso creativo de No contar todo, la recepción del libro y las contradicciones que todos llevamos dentro.

En agosto del año pasado, un mes antes del lanzamiento de No contar todo, usted escribió en un tuit que “siempre hay un libro que nos rompe, como seres humanos. Éste es ése”. ¿Por qué este libro ha sido tan importante en su trayectoria literaria?

Ya no me acordaba de haber escrito eso, pero es completamente cierto. Aunque no me refería entonces (seguramente) ni me refiero ahora tampoco a algo relativo a mi trayectoria literaria sino a mi trayectoria personal. A diferencia de mis libros anteriores, cuya escritura y temática dejaron diferentes heridas o huellas en mí, acá dejé mis heridas o huellas personales en el libro, porque se trata de una novela que habla de mi propia historia, la de mi padre y la de mi abuelo. y escribir sobre esto implicó un proceso diferente a todos mis procesos previos. En este sentido me rompió como ser humano.

No contar todo podría describirse como una obra autobiográfica. Sus personajes son parte de su familia y hay uno, Emiliano Monge, que se puede referenciar directamente con usted. ¿Cuáles son los retos creativos presentes en la escritura autobiográfica? ¿La escritura de este libro fue significativamente diferente a obras como Las tierras arrasadas?

Efectivamente, No contar todo es una obra autobiográfica pero también es una novela biográfica: mi historia es una de las tres historias que conforman el libro, junto a la historia de mi padre y a la de mi abuelo. Aunque cuando digo historia, por supuesto, digo tan sólo una parte de cada una de estas historias. Aquella que está relacionada de manera directa con las violencias masculinas, con la necesidad de escapar, de abandonarlo todo y volver a empezar, con las herencias que no sabemos que nos fueron impuestas pero que ejercen sobre nosotros una fuerza gravitacional intensa y pesada, con los roles que la sociedad nos impone, con las distintas estrategias que cada uno utiliza para engarzar su ser más íntimo con el arco de la historia y con las dificultades para recordar. El mayor reto en este caso fue encontrar la distancia emocional, los narradores necesarios y el estilo que me permitiera tratar mi propia historia con la misma inclemencia con la que debía y quería tratar la historia de Carlos Monge Sánchez y de Carlos Monge McKey.

                                         

                                                                                                  No contar todo salió en librerías el pasado septiembre. Foto: Cortesía Literatura Ramdon House. 

La estructura narrativa de esta obra es muy llamativa: hay escritura a manera de diario, de conversación y de relato en tercera persona. ¿En qué momento de la escritura decidió que esa sería la estructura?

Cuando empecé a escribir esta novela, lo único que sabía era que quería que cada historia fuera contada de una manera diferente y en una voz distinta. Tenía la necesidad de darle a cada uno de los tres personajes su espacio y su centro y quería, sobre todo, balancear la distancia emocional que yo tenía con los personajes con la distancia que las voces narrativas tendrían con el lector.

De ahí llegué pronto a la estructura narrativa: mi abuelo, que era con quien mayor distancia emocional guardaba, debía ser presentado en una primera persona, porque esta es la voz que más rápido intima con el lector; por su parte, mi padre, que guardaba conmigo una distancia emocional media, debía ser presentado en una segunda persona, porque esta voz genera una distancia media con el lector. La parte de Emiliano, con quien obviamente tengo una distancia emocional nula, en cambio, debía alejarse lo más posible del lector: por eso está contada en tercera persona, por un narrador omnisciente. Obviamente, tras tomar esta decisión, restaba únicamente darle a cada personaje su propio territorio: es por esto que, en la entrevista o diálogo de la parte del padre, las respuestas de Emiliano no están presentes: si su voz se hubiera colado en otra de las tres partes, la novela hubiera terminado siendo sobre él, en lugar de ser sobre los tres personajes Monge.

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Con respecto al diario, que lo escribe el abuelo de Emiliano, Carlos Monge McKey, los lectores vamos, entrada a entrada, develando su personalidad, sus temores y emociones, al tiempo que aparecen elementos de la vida rural del México de los años 40 y 50. ¿Todo diario es testimonio y documento de historia?

Soy un lector obsesivo de diarios, es uno de los géneros que más me interesan y que más gozo. Por eso, más que por el diario de Carlos Monge McKey, me atrevo a decir que se trata de un género en el que cabe todo: desde el testimonio hasta la fábula, pasando por el registro histórico, la interpretación de los sueños y cualquier forma de ficción, en tanto reinterpretación de hechos, sucesos, deseos y hasta recuerdos. Y estoy convencido, además, de que hay pocos documentos que nos permitan ver el alma de un hombre como nos la hace ver un diario íntimo. En el caso del diario de mi abuelo, que obviamente no existió —pero que tampoco es ficción porque todos los hechos que los nutren fueron hechos reales—, me inspiré en un par de libretas que él dejó antes de morir pero que no eran un diario sino más bien una suerte de último intento por dejar un registro de sí mismo. De hecho, en esas libretas estaba desde la lista de cosas que compraba en el súper hasta ciertos apuntes o retratos escritos de los demás viejos del asilo en el que acabó sus días.

La novela es una constante reflexión sobre la acción de recordar. Los lectores atestiguan la dificultad que implica hacer memoria, lo doloroso o farragoso que puede llegar a ser. ¿La literatura ayuda a que entendamos lo complicado que puede ser la memoria?

La memoria es la primera forma que encontró la literatura. Es incluso anterior a la imaginación. Y digo que la memoria es una forma de la literatura porque es, en pocas palabras, el primer editor de la vida. En este sentido, lo difícil o complicado no es hacer memoria sino dotar de orden a ese hacer memoria. El asunto, pues, no es recordar, sino reconvertir una verdad determinada en veracidad, porque sólo la veracidad puede volver real algo que estamos recordando. La literatura no nos ayuda a entender la memoria, la literatura es la memoria, igual que es la imaginación.

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El personaje de Emiliano desarrolla diferentes mecanismos para escaparse de la realidad: imaginar, inventar, mentir. Sin embargo, ese escape está relacionado con el abandono físico de los otros dos protagonistas. En ese sentido ¿escribir literatura es un escape, una huida, tanto metafísica como física?

Como señalas muy bien, a diferencia de la huida física de su padre y de su abuelo —aunque al final ésta también terminará seduciéndolo—, Emiliano busca, a partir del momento que entiende que su sino es la huida, escapar de otra manera, es decir, de manera emocional, ya sea a través de la mentira, de la imaginación o de la enfermedad. Y es que, como también se cuenta en la novela, las condiciones específicas de su vida (de mi vida, pues: odio hablar como Hugo Sánchez, en tercera persona de mí mismo, pero así está este asunto) lo habían predispuesto a esto: durante mis primeros siete años, pasé más tiempo internado en hospitales que fuera de éstos. Así que lo que para muchos niños era experiencia, para mí eran las historias que alguien más: un hermano, un primo, un amigo, me contaban. Así que mi respuesta acá es tajante: sí, escribir —al igual que narrar una historia oralmente— es una posibilidad de escape.

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En el libro, Carlos Monge Sánchez le recrimina a su hijo Emiliano el creerse de izquierdas sin tener en cuenta sus contradicciones por pertenecer a la clase social a la que pertenece. En su caso, ¿cómo ha lidiado con esas contradicciones a lo largo de su carrera? ¿Toda contradicción es un obstáculo o puede más bien potenciar la autocrítica, la consciencia?

Este es un tema que no es fácil resolver y que siempre genera tensiones, la mayoría de las cuales, sin embargo, me parecen positivas. Por otro lado, cuando este asunto resuena con demasiada fuerza, me repito la sentencia de uno de los intelectuales que más he respetado, Adolfo Sánchez Vázquez, quien hace años escribió: "la vida es poco más que la administración de nuestras propias contradicciones".

Quiero terminar preguntándole cómo ha vivido la recepción de la obra en tiempos de redes sociales. Es impresionante ver cuánta gente lo menciona y le manda fotos del libro, muchos de ellos emocionados con la lectura…

La verdad, lo que ha pasado con este libro ha sido una sorpresa enorme. Para mí y para mis editores. De hecho, mientras escribía No contar todo, no dejaba de decirme, como ruido de fondo: "¿a quién chingados le podría interesar esto?". Así que ya te imaginarás que saber que se ha reimpreso cada mes y leer todo lo que la gente me escribe, me tiene tan incrédulo como tranquilo: no sé ni sabré nunca nada de lo que hace que a un libro le vaya bien o le vaya mal. Y esto es lo mejor que le puede pasar a un escritor.