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| 10/9/2019 12:00:00 AM

El efecto Ivanka

En su visita a Colombia, la hija del presidente de Estados Unidos usó un vestido de la barranquillera Silvia Tcherassi y un bolso tejido por dos diseñadoras del Atlántico. ¿Qué tienen en común estas piezas?

Columna de Margarita Rojas, Directora de información internacional de Caracol Televisión, sobre Ivanka Trump Desde su llegada a la Casa Blanca, todo lo que usa Ivanka Trump se convierte en tendencia. Foto: Esteban Vega

La vi caminar por los jardines de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, vestida de verde, portando aquel bolso tejido en fibras naturales y supe que ahí estaba Colombia. No pretendo ser experta en moda. Lo intuí porque los objetos y materiales autóctonos se guardan por sí solos en nuestro imaginario colectivo y se convierten en referentes de nuestros cánones de belleza. Lo cierto es que aquel accesorio, lucido por Ivanka Trump, me pareció aún más hermoso.

En aquella cesta iba el talento de Yaneris y Rosmery Angulo, dos mujeres atlanticenses que la tejieron con palma de iraca, una fibra vegetal usada como materia prima de artesanías en varias regiones colombianas. Las manos hábiles de los pobladores de Usiacurí la transforman en infinidad de objetos que huelen a nuestra tierra.

Al día siguiente, la hija y asesora de Donald Trump usó un vestido diseñado por la barranquillera Silvia Tcherassi, cuyo prestigio no requiere referencias. Ella, por cierto, es una de las promotoras de la tradición ancestral de Usiacurí, que incluyó en una colección en el Miami Fashion Week hace dos años.

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El modelo de Tcherassi, que costó 1.243 dólares se agotó en el sitio de ventas online que conectaba con la foto de Ivanka, considerada un ícono en asuntos de estilo. Lo mismo, pero en modesta escala, ocurrió con la cesta. Entre risas, las tejedoras Angulo le contaron al diario El Heraldo que en un solo día les pidieron 24 unidades de aquel modelo que ellas llamaban “pajarera”, pero que ahora rebautizaron como “bolso Trum”. Comprado en Usiacurí, un artículo como ese puede costar entre 50.000 y 100.000 pesos. Ya en páginas de internet o en tiendas de diseñadores los precios se multiplican.

“Los comerciantes quieren comprar artesanías baratas para venderlas muy caras”, comentó Magnolia Gómez, otra tejedora barranquillera, en la foto que publicó en Twitter la Vicepresidencia de la República, pues fue Marta Lucía Ramírez la autora del regalo a Ivanka. La frase aguaba un tanto el orgullo patrio, pero recordaba una realidad lamentable.

Hay mucha gente tratando de rescatar el trabajo de los artesanos colombianos. También hay un interés creciente del gobierno en capacitarlos e impulsarlos, pero casi siempre las grandes ganancias van a otras manos. Es el libre juego del mercado. Sin embargo, se requiere un compromiso para que en esta cadena no se apliquen tan vorazmente los caprichos de esa industria, donde mucho depende de quién lo vende y quién se lo pone.

*Directora de información internacional de Caracol Televisión.

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