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| 8/6/2018 12:00:00 AM

De cómo el polen de Boyacá podría ayudar al mundo

Baudilio Sánchez, un apicultor boyacense, comprendió que además de la miel que le brindan sus abejas, el gran tesoro que le dan estos insectos son esos pequeños gránulos ricos en vitaminas, minerales y aminoácidos.

el polen de boyaca podría ayudar al mundo Este apicultor logra recolectar 25 kilos de polen por día en todas sus colmenas. Foto: Jorge Serrato

Viracachá está rodeado de riscos cubiertos de densas nubes que no dejan ver sus picos. El sol aparece durante breves lapsos, pero lo cubre pronto una llovizna ligera. A lo lejos, en la ladera de una loma, junto a la carretera que conecta al municipio con Tunja, se pueden ver cajas acomodadas estratégicamente, son algunas de las colmenas que les dan el sustento a Baudilio Suárez y a su familia.

“Yo era más pobre que San Antonio”, dice Baudilio con una sonrisa. Los Cerezos, su proyecto de apicultura, nació a finales de los años ochenta como una pequeña fuente de ingresos en medio de la informalidad del campo colombiano. “A duras penas terminé la primaria. Por eso les debo todo a las abejas”, concluye hoy, cuando cuenta con unas 500 colmenas ubicadas en diferentes puntos de Boyacá, no solo en Viracachá, donde sigue conservando su centro de operaciones.

Pero lo que más dinero le produce a los Suárez no es la miel, es el polen fabricado por abejas (apis mellifera). En esta era en la que se habla de ‘superalimentos’, el polen apícola se convirtió en una especie de panacea. Un estudio de la Universidad Nacional demuestra que este “puede proponerse como un suplemento nutricional y funcional de las dietas alimenticias y también puede ser reconocido como un alimento saludable para pacientes con diversas enfermedades como cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes, y se puede aplicar en diversos campos de la medicina y la alimentación”.

Dependiendo de las plantas de origen, el polen de abejas puede tener hasta 35 por ciento de proteína, mientras que la quinoa, en promedio, tiene 10 por ciento. Además, es bajo en grasa y sodio, tiene todas las vitaminas del complejo B y aporta D, E, K y A, contiene minerales como fósforo, calcio, potasio, yodo, zinc, cobre, magnesio y selenio y más aminoácidos que la leche, el queso, la carne o el huevo. Suena a publicidad milagrosa, por eso es importante que no solo se conozcan sus beneficios –el origen del polen hace que varíen sus propiedades–, hay que tener precauciones con las alergias y, por supuesto, no creer que estos gránulos milimétricos reemplazan la alimentación balanceada.

Baudilio no conocía con exactitud nada de esto cuando empezó a tomar el polen de sus queridos himenópteros. Sabía que existía un mercado, que necesitaba armarse de paciencia y que las abejas recolectan más polen del que consumen, así que quitarles un poco de este no las afectaría. Él dice que ellas son mansas, las quiere tanto que las agarra con la mano y no lo pican. Cuando lo han atacado es porque se han sentido en peligro, así que siempre lleva un ahumador para abrir los panales y protegerse en caso de picaduras, pero lo usa lo menos que puede.

Para adquirir el polen, Baudilio instala unas pequeñas trampas por donde pasan las abejas obreras antes de entrar en las colmenas. Así caen algunos granos sobre una bandeja. Después, estos se limpian de residuos como hojas o pétalos y se deshidratan para poder ser empacados y vendidos. El apicultor logra recolectar, aproximadamente, 25 kilos de polen por día de todas sus colmenas y necesita un par de semanas para sacarlos al mercado.

Su trabajo ha servido como fuente de estudio para la Universidad Nacional, que ha sumado diferentes asesorías al negocio de Baudilio y su familia. De esta manera, se ha generado un intercambio de saberes. Los estudiantes le han ayudado a mejorar la maquinaria y las condiciones de higiene, lo que permite que la calidad de los productos de Apicultura Los Cerezos sea mayor. La misma universidad lo ayudó a desarrollar un proyecto de producción de polen apícola de alta calidad, que le permitió a la microempresa recibir un estímulo de Colciencias para acreditar sus prácticas de manufactura y demostrar que el campo colombiano tiene mucho potencial.

La siguiente meta de Baudilio es conseguir el registro del Invima para ampliar el mercado, incluso a nivel internacional. Junto con su esposa Orlinda, su nuera Claudia y su hijo Juan David –sin contar con “la larva de zángano”, como le dice con ternura a su nieto William, de año y medio–, el reconocimiento de la apicultura lo consolida como un ejemplo de emprendimientos sostenibles en Boyacá.

*Periodista

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