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| 8/12/2019 12:00:00 AM

Cartagena, la ciudad del cielo doble

La magia de Cartagena va más allá de sus playas y de su ciudad amurallada. Aquí las recomendaciones del escritor barranquillero Alberto Salcedo Ramos para descubrirla.

Sitios para conocer Cartagena según Alberto Salcedo Ramos Un plan infaltable en La Heroica: contemplar el amanecer en el corregimiento de La Boquilla y el atardecer en la bahía de Manga. Foto: César David Martínez.

El latido profundo

Para conocer una ciudad hay que estar dispuesto a extraviarse en ella. Salirse de la ruta trazada por el turismo. Abordar de repente un autobús urbano. Observar bien a los peatones, oírlos. Luego apearse del autobús y trasladarse a pie para tener un diálogo más cercano con el entorno. Oler, curiosear, probar. Atreverse a andar, por una vez, sin mapas a la mano para que los caminos mismos vayan contando su historia. La ventaja de hacer algo así en Cartagena es que la ciudad es accesible para el caminante. Va abriendo caminos de luz con las voces de la gente: “Es por allá, compa. Siga por aquel lado”. Cartagena le irá marcando salidas en cada esquina, y tarde o temprano usted llegará de nuevo al mar y a la ciudad vieja. Durante el recorrido sentirá ciertos olores íntimos –pescado frito, sopa de costilla– y oirá música en varias casas, pues como dice el escritor John Junieles “en Cartagena se aprende a bailar antes que a caminar” y “los niños vuelven tambor cualquier cosa que caiga en sus manos”. Al final saldrá enriquecido porque habrá sentido los latidos profundos de la ciudad.

El amanecer y el atardecer

Desde antes de viajar, usted seguramente se enteró de que en Cartagena de Indias hay bahías, islas y mar, mucho mar. Disfrute el plan turístico que lo trajo a la ciudad, pero propongo que lo enriquezca con un par de experiencias nuevas: contemplar el amanecer en el corregimiento de La Boquilla y el atardecer en la bahía de Manga. En ambos casos divisará colores estupendos: anaranjado por la mañana, malva por la tarde. En La Boquilla, tempranísimo, verá pescadores trasnochados que vienen llegando de mar adentro; en la bahía de Manga, durante el crepúsculo, verá a bogas que se marchan para sus casas después de trabajar todo el día. Oiga siempre a los habitantes. Tienen una oralidad repleta de gracia caribe. Además, le enseñarán mucho sobre la ciudad que no mencionan los catálogos de viaje. Por la tarde, antes de que oscurezca en la bahía de Manga, procure mirar primero hacia arriba y después hacia abajo. Así comprobará el apunte del poeta Juan Manuel Roca: “Si algo tiene Cartagena de Indias es cielo; lo tiene doble gracias al espejo del mar”.

La edad original

Para darle contexto a su visita, no se conforme con el testimonio de los guías turísticos: vaya al Museo Histórico de Cartagena y procure conversar con su director, el historiador Moisés Álvarez Marín. Él le contará historias, le aclarará equívocos y le regalará un viaje dentro del viaje, ya que lo hará volar hacia el pasado. Acérquese, además, a la obra de los grandes escritores que han descifrado el espíritu de la ciudad. Cuando se interne en la ciudad vieja recuerde que ante esas fortificaciones el poeta Luis Carlos López habló de la “senil aberración de los siglos”. Allí –lo dijo Gabriel García Márquez– “las cosas siguen teniendo su edad original”. Allí –lo dijo Gustavo Tatis Guerra– “no hay una sola piedra que no sea una memoria callada de los ancestros”. Allí –lo dijo Héctor Rojas Herazo– es posible comprobar que “la piedra se ama con el hombre, el hombre se ama con sus enseres y los enseres se aman con el clima y el tiempo”. Estos autores le permitirán entender mejor lo que haya visto durante sus recorridos.

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Siempre mágica

Para conocer una ciudad hay que estar dispuesto a frecuentarla. Dejarse sorprender por lo que creíamos ya sabido y emprender la aventura de explorar el resto con curiosidad renovada. Hay una Cartagena de Indias donde las cosas conservan su edad original y hay otra que es siempre cambiante, siempre sorprendente. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez expresa muy bien lo que siente un visitante curioso ante las dos: “He vuelto innumerables veces, cada vez lleno de nuevo asombro cuando llego y de nueva melancolía cuando me voy, y siento que nunca terminaré de descubrir esta ciudad que ya es un lugar común llamar mágica”.

*Cronista.

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