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| 3/29/2020 3:30:00 PM

Hacer mercado en tiempos de coranavirus

Con el humor que lo caracteriza, Diego Trujillo recuerda su experiencia. Parecía el fin del mundo.

Hacer mercado en tiempos de coranavirus Diego Trujillo, actor. Foto: Esteban Vega La-Rotta

En estos tiempos de amores y de odios, de polarización extrema, en los que la reconciliación entre colombianos adquiere cada día con más fuerza el carácter de utopía, surge de repente de la nada, o de algún laboratorio siniestro, no sabemos, el covid-19, un miembro particularmente aguerrido de la familia de los coronavirus.

Un virus que viene asolando el planeta, traspasando fronteras, infectando a sus habitantes sin distingos de ninguna especie. Para adquirir el virus solo se necesita ser humano o humana, y darle la mano, la izquierda o la derecha, a algún portador del bicho, y tal parece que la única manera de frenar su propagación es ordenar el aislamiento.

Me enteré de la orden de cuarentena preventiva el día en el que entraba en rigor la medida, regresando a Bogotá desde El Socorro, Santander. Como vivo solo y mi alimentación está determinada por la cantidad de utensilios que me toca lavar después de cocinar, usualmente mi despensa da grima. Entonces decidí parar a buscar pertrechos en el primer supermercado que encontré en el camino a mi casa.

No bien había descendido del carro comencé a oír la gritería de una horda enfurecida que se aglomeraba, los unos haciendo malabares para empujar tres carros de mercado con la intención de llenarlos hasta el tope, los otros saliendo cargados con toda clase de mercancías, en cajas, bolsas o maletas. Aquello parecía el fin del mundo, familias enteras rapándose la comida, los jabones y los antibacteriales como en una piñata.

Un padre de familia riendo orgulloso por haber logrado echarse al hombro cuatro lomos de res empacados al vacío. Señoras con caras triunfantes alzando a dos manos pacas gigantescas de toallas húmedas y papel higiénico. ¿Y si alguno de ellos portara el virus? En medio de aquel hacinamiento, ¿no estarían ya todos contagiados? ¿De qué habrían de servirles los cuatro lomitos y los 200 rollos de papel?

Llevamos nueve días de aislamiento y dentro de poco tendré que salir de nuevo al mercado. Yo espero que poco a poco vayamos adquiriendo conciencia de que estamos juntos en esto: tenemos que cuidarnos y respetar los protocolos. Comprar solo lo necesario. Solo pensando en el otro, ejerciendo la solidaridad y la empatía, podremos superar esta debacle. Por el papel higiénico no me preocupo, por si las moscas decidí fabricarme un bidet portátil que descubrí en un curso online de Bricolage.

*Actor.

Lea también: Una noche de cuarentena en Bogotá

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