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El patrullero Luis Carlos Muñoz, un ejemplo de cómo nunca rendirse

Perdió su pierna izquierda en una emboscada de las Farc. Estuvo ocho meses en coma. Pero se recuperó y hoy camina sin cojear, llega en bicicleta al trabajo y monta a caballo.


Al patrullero Muñoz le falta una pierna, pero nadie lo nota. Vestido con su uniforme de policía camina con naturalidad y una energía inagotable. Sus compañeros lo admiran y se preguntan si hubieran sido capaces de recuperarse igual de bien. “Yo llevo mi vida normal, como si nada hubiera pasado”, dice.

En enero de 2012, el patrullero Luis Carlos Andrés Muñoz cayó emboscado por las Farc, a las afueras de Villavicencio. La comunidad había denunciado un hurto bancario y él y un compañero atendieron la llamada. Era una trampa y los recibieron a tiros de fusil. La moto perdió el equilibrio y los dos rodaron por un barranco. Su compañero murió. A Muñoz le dieron dos tiros en la pierna izquierda y, antes de que lo remataran, pudo contestar el fuego con su fusil de dotación.

Estuvo en una clínica de Villavicencio durante 12 días. Los médicos hacían lo posible por salvar su pierna, pero los proyectiles habían sido envenenados con cianuro. Luego fue trasladado al Hospital Central de la Policía donde le hicieron 20 cirugías de reconstrucción. Una de ellas lo dejó en coma durante ocho meses.

Al despertar, Muñoz notó que la pierna seguía en su sitio. Pero no mucho después tuvieron que amputársela por encima de la rodilla. Desde ese momento, Muñoz se propuso no ser una carga para nadie. Y a escasos tres días de la amputación, ya estaba en fisioterapia.

Apenas se sintió capaz, comenzó a trabajar en las oficinas de la Policía. Y poco después, en abril de 2014, con ayuda del Ministerio de Defensa, entró a estudiar al Sena una tecnología en desarrollo y adaptación de prótesis y órtesis.

Como parte de su aprendizaje elaboró su propia prótesis y se esforzó por manejarla con destreza, para caminar bien, sin cojear. En 2017 se graduó y desde entonces ha trabajado en un programa de atención a discapacitados de la fuerza pública y en terapias de recuperación con animales. “La clave para alguien que ha perdido una extremidad –explica– es aceptar su limitación y luego superarla”.

Muñoz va en bicicleta de su casa al puesto de trabajo. Y en la dirección de carabineros de la Policía entrena equitación. “Montar un caballo ayuda para mejorar el tono muscular del muñón, y para el equilibrio y la estabilidad de una persona que no tenga una pierna”, dice. No pocas veces se ha caído del caballo, pero vuelve a subirse. “No me da miedo y si me toca volver a cargar el fusil y salir a patrullar en zona roja, lo hago”.

En la Policía, además, da charlas de superación personal, de motivación y autoestima. Una de las frases con las que busca abrir la mente de quienes lo escuchan es: “La voluntad es la energía más poderosa del mundo y es la única capaz de transformar a una persona”.