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| 5/3/2018 12:00:00 AM

A la espera de una verdadera transformación rural

El exviceministo de Agricultura Santiago Perry, hace un recuento de los avances del sector agro en los último años y enumera los retos que aún debe superar el campo.

avances en el sector agro de colombia Gracias a la disminución de la violencia durante estos últimos ocho años, el desarrollo de la ruralidad volvió a ser un tema de interés en Colombia. Foto: Ce´sar David Marti´nez

Durante los ocho años de la administración Santos ocurrieron hechos trascendentales para la ruralidad. El primero fue que, tras décadas de olvido, el desarrollo volvió a ser un tema de interés prioritario. Una serie de factores contribuyeron a que esto sucediera.

El primero fue el trámite de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, aprobada en 2011, cuyos debates abrieron los ojos a los colombianos sobre la situación de violencia y abandono que se vivía en el campo.

Otra coyuntura fue el paro agrario de 2013, en el que productores de diferentes regiones se movilizaron y obligaron al gobierno a negociar. Cabe destacar el protagonismo que tuvo la región céntrica, tradicionalmente tranquila, como los cafeteros y ganaderos de Boyacá. Esto determinó que el paro se sintiera en las ciudades y no se les atribuyera a las fuerzas al margen de la ley que actuaban en la periferia. Gracias a ello, los ciudadanos se percataron de la importancia del campo y de las dificultades que atravesaba.

El inicio de las negociaciones de paz entre el gobierno y las Farc, y la importancia que le otorgaron al tema rural, fue el primer y más determinante hecho que se abordó en las conversaciones. Numerosos eventos y publicaciones se dedicaron a visibilizar los problemas del campo y su relación con el conflicto. Durante meses, este fue un tópico central del debate público.

La conformación y puesta en marcha de la Misión para la Transformación del Campo, que tenía por objetivo proponer estrategias de desarrollo rural y agrario para las próximas dos décadas, también marcó al sector. Esta fue dirigida por el exministro José Antonio Ocampo y contó con exministros de diferentes tendencias políticas y expertos internacionales y nacionales.

Estos dos últimos hechos son hitos para la ruralidad en los últimos ocho años. Las negociaciones de paz con las Farc definieron una estrategia para su rescate y modernización. El punto uno del acuerdo final, denominado Reforma Rural Integral, estableció lineamientos que abordaron aspectos esenciales para mejorar las condiciones de vida y para el crecimiento del campo.

Reclamo rural

La desmovilización de las Farc creó condiciones favorables para el desarrollo de los territorios rurales y la disminución de la violencia alivió la situación del campo y estimuló los emprendimientos y la inversión.

La Misión para la Transformación del Campo dotó al país con una ruta para sacar a la ruralidad de su atraso y para que aportara al desarrollo nacional. Convocada por el gobierno, pero con una visión independiente gracias a su heterogénea composición, revisó las experiencias y estudios sobre desarrollo rural más destacados.

En sus labores, que duraron dos años, la misión planteó estrategias modernas para la inclusión social y económica, la competitividad, la sostenibilidad, el ordenamiento, el desarrollo territorial y la reforma institucional. Sus propuestas generaron el interés de varios ministerios y entidades (incluidos los del área social) que están formulando políticas para los territorios rurales.

Desafortunadamente, muchas recomendaciones de la misión y de las estrategias acordadas en las negociaciones de paz no se han puesto en práctica, o solo se aplicaron de manera parcial. Esto ha ocurrido con temas vitales, como la reforma institucional o la implementación del enfoque territorial en el desarrollo rural. Con excepción de lo que se ha avanzado para conformar y poner en marcha el Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria, poco es lo que le va a quedar al país en política agro de este mandato.

Su estrategia más destacada, el Plan Colombia Siembra, herramienta para “transformar el campo”, se limitó a dar incentivos para ampliar las áreas sembradas. No contempló una estrategia de desarrollo multisectorial, no consideró los temas de pobreza, no privilegió la dotación de bienes públicos a los territorios rurales, no planteó una estrategia de mejoramiento de la productividad sectorial, ni de modernización de la comercialización, señalados como esenciales.

A pesar del entorno propicio que generaron los tres primeros puntos, las escasas acciones para implementar lo acordado en las negociaciones de paz y lo recomendado por la misión, han comprometido la posibilidad de hacer las transformaciones que el campo necesita y reclama.

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