entrevista

“Las obras deben tener corazón”

Para el gerente del Fondo Adaptación, Iván Mustafá Durán, cada proyecto de infraestructura (sea una casa, un colegio o un hospital), debe poder cambiar la vida de las personas. Hablamos sobre el trabajo de esta entidad.


SEMANA: Entre 2010 y 2011 Colombia vivió el peor invierno de su historia por el fenómeno de La Niña: entonces nace el Fondo Adaptación.

IVÁN MUSTAFÁ DURÁN: En efecto, quizá mucha gente no lo recuerde, pero La Niña afectó al 96 por ciento de los municipios del país e impactó a todos los sectores de la sociedad –especialmente a los más pobres– y deterioró de forma dramática la infraestructura productiva, vial e institucional. Así comenzó el gobierno del presidente Juan Manuel Santos quien, en ese momento, para conjurar la crisis, decidió crear Colombia Humanitaria, el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres y el Fondo Adaptación, con la tarea inicial de construir y reconstruir la infraestructura afectada.

SEMANA: Tarea que con el paso de los años ha variado un poco…

I.M.D.: Sí, ahora tenemos una misión más amplia, que es adaptar la infraestructura del país al cambio climático, con un componente fundamental: análisis de riesgo. Con las obras que hemos entregado hasta la fecha, más de 2,8 millones de colombianos son menos vulnerables a los efectos del clima.

SEMANA: ¿Podría decirse que La Niña, a pesar del dolor que causó, también propició un cambio en el país?

I.M.D.: Mire, hoy en Colombia estamos haciendo infraestructura de talla mundial. Pero vamos más allá. Las obras construidas deben tener corazón: no basta con edificar una casa, o construir puentes y hospitales, si estos no se crean para transformar radicalmente la vida de las personas. Todos los proyectos que hemos realizado mejoran la calidad de vida de los beneficiarios y reducen su vulnerabilidad al riesgo. 

Foto: Cortesía Fondo Adaptación

SEMANA: Pero además de pensar en los riesgos, ¿tienen programas de capacitación para la población?

I.M.D.: Como hacemos obras adaptadas con el corazón, también tenemos proyectos productivos para enseñarles a los campesinos cómo mejorar sus cultivos, cómo tener resultados positivos a partir de los métodos, las épocas de siembra, los tipos de semilla, entre otros temas. Así hemos beneficiado a más de 780.000 familias, de 25 departamentos y 398 municipios.

SEMANA: ¿Cómo está el país en prevención de desastres?

I.M.D.: Hoy Colombia es modelo en atención y prevención de desastres en la región. Todas las obras del fondo se basan en estudios detallados de amenaza y riesgo para garantizar la conservación de la infraestructura. Las casas, las vías, los proyectos productivos, todos buscan mitigar cualquier tipo de peligro frente al cambio climático y están en sitios seguros.

SEMANA: ¿Podría citar un ejemplo?

I.M.D.: Claro, en la reciente temporada invernal, en Lorica (Córdoba), las únicas casas y colegios que no se inundaron fueron las construidas por el Fondo Adaptación porque están hechas sobre palafitos, o en sitios seguros donde la cota de inundación no las afecta. Hay que pensar a largo plazo cada centavo invertido para hacer obras que sigan teniendo un impacto positivo en los próximos 100 años. En esos cambios físicos estamos muy bien, pero nos quedamos cortos en el cambio de conciencia.

SEMANA: ¿A qué se refiere?

I.M.D.: A que no basta con adaptarnos físicamente, lo más importante es adaptarnos como sociedad.

SEMANA: ¿Cómo es su intervención en las comunidades?

I. M. D.: Hacemos auditorías visibles para que los ciudadanos conozcan los proyectos y nosotros sepamos cuáles son sus necesidades. Muchas veces la solución es tan sencilla como escuchar. Mire el caso de las casas adaptadas al cambio climático en La Guajira, las hicimos junto a los wayúu quienes, debido a sus tradiciones, nos pidieron que tuvieran dos habitaciones (una para el hombre y otra para las mujeres y los niños) y el área social afuera. Así las hicimos, pero, primero los escuchamos.

SEMANA: ¿Qué ha pasado con la reconstrucción de Gramalote, en Norte de Santander?

I.M.D.: Este es el primer municipio del siglo XXI. Nunca antes se había hecho un pueblo desde cero y en tan corto tiempo. Hoy es modelo en el país y fue escogido por el Banco Mundial como ejemplo de lo que se debe hacer en un reasentamiento.