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| 9/30/2019 12:00:00 AM

¿Qué tienen que ver las Juntas de Acción Comunal con el gobierno del Meta?

En el Meta se trabaja en conjunto para construir comunidad y fortalecer identidades. Esta es la nueva sociedad en acción.

Juntas de Acción Comunal en Meta Las JAC deben organizarse, trabajar en equipo y gestionar recursos adicionales para llevar a cabo los proyectos. Foto: Jorge Serrato

Un grupo de niños ingresa al parque biosaludable del barrio Antonio Ricaurte de Villavicencio. Camisetas rojas, blancas y amarillas se esparcen por el lugar. Los niños vienen acompañados de dos madres comunitarias que llevan de la mano a un par de pequeñas de licras rosadas y trenzas negras. Los más grandecitos, que tienen entre 4 y 5 años, patean dos balones de fútbol hasta que logran meterlos en uno de los arcos con malla. Los niños gritan gol, levantan las manos y corren llenando el día con sus carcajadas bajo la canícula ardiente de las tres de la tarde.

La cancha está rodeada por una reja verde y unos árboles oití que darán buena sombra cuando crezcan. La cancha se encuentra junto a los columpios, los resbaladeros azules y los pasamanos en donde ahora juegan los chiquillos. Los adultos se ponen a prueba en la elíptica, el patín y el pony, tres de las máquinas que tiene el parque para hacer ejercicio. Incluso los vecinos de otros barrios vienen a gozar de este lugar construido por la Junta de Acción Comunal (JAC) del Antonio Ricaurte, en asocio con la Gobernación del Meta.

“Esto era muy feo”, dice Teresa Turriago, una vecina del sector, refiriéndose al pasado del que ahora es un popular parque biosaludable. “Era un rastrojo con una cancha que se caía a pedazos y que se la pasaba llena de viciosos. Había mucha inseguridad”, advierte la vecina y afirma: “Después de las tres de la tarde no había nadie que pasara por acá”. Parece increíble que la señora hable del mismo espacio en donde ahora los niños del jardín infantil juegan a sus anchas y los adultos del comedor comunitario, que queda al frente, disfrutan de un sano esparcimiento. Parece increíble, pero es así. ¿Cómo ocurrió?

La Gobernación del Meta realizó tres convocatorias dirigidas al fortalecimiento de las JAC del departamento, con el fin de adelantar obras de impacto social y comunitario entre 2017 y 2019. El presidente de la JAC del barrio Antonio Ricaurte, Marco Alonso Cañón, no dudó en presentarse. Él venía buscando apoyos para su comunidad desde hacía varios años, con otros mandatarios y administraciones, pero no los había conseguido. Fue gracias a las políticas de la gobernadora, Marcela Amaya García, que nacieron los Convenios Solidarios.

Fue allí donde se encontraron las JAC y la Gobernación para llevar a cabo proyectos en 410 barrios en 29 municipios, así como en 206 veredas y cinco inspecciones del departamento. De esa manera, en el caso de Antonio Ricaurte se recuperó el espacio abandonado y se construyó el parque del que ahora la comunidad se siente orgullosa.

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“Es un ejercicio muy interesante porque para lograr este cambio se requiere del voluntariado de mucha gente”, afirma Marco Alonso Cañón y señala el parque en el que niños y adultos se recrean alegremente. “Son muchas las manos que intervienen para que esto se dé. Al final, más allá de la obra, que es bien bonita e importante, lo que se genera, lo que queda es la identidad y el sentido de pertenencia en la comunidad”.

Este exitoso caso es uno de los 728 convenios que la Gobernación del Meta ha promovido en todo el departamento, con una inversión de 16.280 millones de pesos, la cual ha generado empleo a 727 maestros de obra, involucrando a 301 industrias metálicas, 87 ferreterías locales y favoreciendo alrededor de 2.908 voluntariados. Julián Osorio, gerente de la Agencia para la Infraestructura del Meta (AIM), expone que ha sido un proceso de aprendizaje mutuo entre la Gobernación y las JAC: “Es muy importante este empoderamiento de las comunidades con el Estado. Cuando se le permite a la gente administrar y ejecutar recursos públicos se desarrolla una confianza en doble vía entre la comunidad y el Gobierno, asegurando la participación ciudadana y el eficaz direccionamiento del gasto público”, cuenta el gerente de AIM, explicando así el concepto de los Convenios Solidarios que hoy son un logro de gobierno en el Meta, inspirado en otros departamentos que lo habían hecho anteriormente como Cundinamarca y Boyacá.

Sin embargo, ganar la confianza de las personas no fue fácil. Había mucho escepticismo frente al programa debido a la desatención de los gobiernos pasados. Esto lo demuestran los resultados de las convocatorias. En la primera se presentaron 96 JAC. Gracias a las buenas experiencias, en la segunda se presentaron 616 JAC y en la tercera más de 900 acudieron al llamado, demostrando el afianciamiento en la credibilidad y la confianza de las comunidades con la Gobernación del Meta.

“También fue un proceso de formalización enorme”, advierte Osorio, “porque muchas JAC no estaban bien constituidas, no tenían la documentación en regla, la estructuración formal. Esto propició un proceso de aprendizaje en las comunidades en cuanto a capacitación documental y también fue buenísimo para ellas porque las constituyó legalmente como JAC y eso les permitió funcionar de manera pública, algo con lo que podrán gestionar muchas cosas en el futuro”.

Llama la atención que los estímulos económicos de los Convenios Solidarios para las JAC son de 18 millones de pesos para la realización de vías terciarias, y de 16 millones para la construcción de parques biosaludables como el del barrio Antonio Ricaurte. Esto pone a prueba a las Juntas de Acción Comunal porque deben organizarse, trabajar en equipo y gestionar recursos adicionales para llevar a cabo los proyectos, con el fin de incentivar los voluntariados y sacar adelante las obras propuestas empleando los recursos con una máxima eficacia.

En el barrio Montecarlo Alto, de la comuna 8 de Villavicencio, la comunidad se unió en torno a la pavimentación de una calle destapada que se encontraba en ese estado hacía 30 años. Una calle sin pavimentar, con huecos, con polvo o barro, según sea la estación de lluvias o sol, complica muchísimo más la vida de lo que parece. El polvo es una constante adentro de las casas y afecta las vías respiratorias de las personas. El barro es una amenaza para los transeúntes, quienes pueden resbalar en cualquier momento, o para los automóviles que pueden quedar atascados entre los charcos y el fango.

Pedro Álvarez, un adulto mayor de la comunidad, quien lleva viviendo tres décadas frente a la calle que recién se pavimentó, lo explica de esta manera: “Muchas veces la gente tenía que parquear el carro en la esquina y caminar por entre el barro con las bolsas pesadas del mercado. El barro no permitía traer el carro hasta la casa. Con el arreglo de la calle nuestra calidad de vida mejoró muchísimo, además que con la calle pavimentada nuestras propiedades se valorizaron y eso da mucha satisfacción”.

Carmen Pantoja hace parte de la JAC de Montecarlo y ejerce el papel de conciliadora entre los vecinos del barrio. Ella señala que la mayoría de los habitantes de la cuadra que se beneficiaron con la gestión del presidente de la JAC, Héctor Sabogal, y el Convenio Solidario de la Gobernación, son adultos mayores. “Esta calle nos favorece mucho porque los transportes pueden llegar hasta las puertas de las casas, uno no sabe, pero en cualquier momento se puede necesitar una ambulancia y gracias a este proyecto, la emergencia se podrá resolver pronto y de la mejor manera”.

Otro aspecto que la señora Pantoja resalta de este convenio del barrio Montecarlo es que propició la unión entre los vecinos, quienes antes no pasaban del saludo, pero al organizarse para trabajar en la construcción de la calle, se acercaron, se hicieron amigos y esto fortaleció la identidad y el sentido de pertenencia. “Este punto es importante, logramos integrarnos más, ahora estamos más unidos como comunidad”.

Héctor Sabogal, presidente de la JAC, recuerda que el desarrollo del barrio Montecarlo ha sido complejo debido a que en un inicio –40 años atrás– se construyó en la periferia de Villavicencio y no fue fácil ganar reconocimiento dentro de la ciudad. Para la muestra está esa calle abandonada por tres décadas. Sabogal identifica con claridad que gracias al trabajo de la gobernadora Marcela Amaya y los Convenios Solidarios con las JAC, estas políticas sociales ayudaron a esta Junta de Acción Comunal a realizar la vía terciaria en el barrio.

“Hay que decir que antes de ganarnos el estímulo y participar del convenio, se había hecho una gestión previa de cuatro meses en la cual habíamos conseguido recursos de entidades privadas”, aclara Sabogal, lo que evidencia el carácter cooperativo entre comunidad, Gobernación y empresa privada. “Es un esfuerzo ejemplar que nos enseña a nivel comunitario cómo desarrollarnos y prosperar”, remata el presidente de la JAC de Montecarlo Alto.

Julio Preciado vive en la calle recién inaugurada. Es maestro de obra y estuvo al frente de la adecuación de una nueva red de alcantarillado, de la hechura de los bordillos y de la construcción de los andenes que fueron hechos sobre terrenos que pertenecían a Pedro Álvarez. Pedro no tuvo problema en donarlos para el beneficio de todos los vecinos, quienes a su vez fueron voluntarios en el arreglo, pavimentación, construcción e inauguración de esta calle que llegó para mejorarles la vida. Los casos de Montecarlo, Antonio Ricaurte y los otros 726 en el departamento del Meta, son un claro antecedente de cómo se debe trabajar de manera mancomunada e integrada para la construcción de la ciudad, el departamento y el país.

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