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| 11/2/2019 12:00:00 AM

¿Cómo salvar a la bahía de Cartagena de la furia del Canal del Dique?

Hay varias soluciones a la vista, así lo explica el autor de estas líneas. Con ellas la sedimentación dejará de ser una terrible amenaza para la salud del puerto, de las ciénagas y de la población.

¿Cómo salvar a la bahía de Cartagena del Canal del Dique? Canal del Dique. Foto: Istock

El valor estratégico de la bahía de Cartagena y su importancia para el país, se hacen más evidentes con el paso de los años. Este es uno de los dos puertos profundos naturales que tiene el Caribe colombiano, pero es el único con el tamaño y la infraestructura portuaria para recibir y potenciar industrias como la petrolera, la petroquímica, y la del cemento y materiales de construcción, entre otras.

Todas esas operaciones son posibles gracias a su gran perímetro portuario, abrigado y seguro, y al buen calado que ofrece la bahía. Su entrada por Bocachica tiene 21,5 metros de profundidad y recibe a los buques que cruzan el Canal de Panamá por sus nuevas esclusas. La bahía de Cartagena ofrece, en palabras de la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, la “infraestructura que la naturaleza nos regaló”.

Desde 1952 está conectada directamente con el río Magdalena a través del Canal de Dique, que en ese entonces tenía un ancho de 45 metros y 93 curvas en su recorrido. Tres décadas más tarde, entre 1981 y 1984, la conexión fue ampliada para facilitar la navegación de los grandes convoyes –sobre estas obras hablaré con más detalle en los próximos párrafos–. Hoy el dique tiene un ancho promedio de 100 metros, 50 grandes curvas entre Calamar y Pasacaballos, y una profundidad mínima de 2,1 metros (siete pies). Su caudal promedio es de 560 metros cúbicos por segundo, pero el máximo lo alcanzó en el invierno de 2010-2011, al llegar a 2.700 metros cúbicos por segundo. En ese entonces sus aguas transportaron 900 gramos de sedimento por cada metro cúbico de agua. ¡Una catástrofe!

La bahía, su infraestructura natural y sus casi 60 grandes concesiones portuarias, son parte vital del éxito del Pacto por el Transporte y la Logística para la Competitividad y la Integración Regional, que forma parte del Plan Nacional de Desarrollo. Sin embargo, tal como se encuentra hoy, la bahía no es sostenible.

Hablé antes de la ampliación del canal, que se realizó a principios de los ochenta. Para llevarla a cabo se movieron más metros cúbicos que en todas sus adecuaciones anteriores. Estas obligan a que hoy se draguen anualmente 750.000 metros cúbicos en Santa Lucía; 450.000 en su desembocadura; y han puesto en peligro el futuro del puerto. Desde 1984 el delta del Dique avanzó casi cuatro kilómetros dentro de la bahía, a razón de 108 metros lineales por año, en promedio. Hoy su punta norte (con calado de dos metros) se halla a 700 metros de la orilla sureste del canal de navegación frente a los bajos Caño de Loro. Es decir, ya atraviesa dos tercios del ancho de la bahía, que es de seis kilómetros entre Pasacaballos y dichos bajos. Por eso, en buena hora el Gobierno apresura el cierre financiero de la APP del Dique –este tema lo aborda la ministra Orozco en su texto de esta edición–, porque la bahía podría partirse en dos en tres lustros.

Bahía sin riesgos

La sedimentación afecta también a todas las ciénagas entre Calamar y la bahía de Cartagena. Hay varios ejemplos. La antigua ciénaga de Matuna, que era 2,5 veces el tamaño de la bahía de Cartagena, ya no existe; la sedimentación la convirtió en un mosaico de pequeñas ciénagas atravesadas en su costado sur por el caño de Correa.

Esa misma poderosa corriente entraba también a la bahía de Cartagena por el desaparecido Estero de Pasacaballos, que separaba a la Isla de Barú del continente. En la bahía de Barbacoas, dos deltas –Matunilla, de 1958 y Lequerica, de 1961— avanzaron siete y cinco kilómetros, respectivamente, hacia los arrecifes del PNN Corales del Rosario. Debido a la fuerza de la contracorriente del Caribe, también llamada Corriente de Panamá, los corales entre Punta Gigante y la entrada de Bocachica, prosperan a pesar del dique.

Cuando esta boca fue cerrada por las arenas acarreadas por la Deriva Litoral, en el siglo XVII, la velocidad de las aguas debió generar un torrente muy fuerte que cruzaba hacia la ciénaga de la Virgen y salía al mar por La Boquilla y por Manzanillo del Mar.

En 2013 el Fondo Adaptación contrató al Consorcio Dique (Royal Haskoning-Gómez Cajiao) para adelantar los estudios de restauración ordenados por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Después de trabajar durante cuatro años entre Calamar y Cartagena, de utilizar las herramientas más eficaces del momento y contar con expertos internacionales, el consorcio propuso unas obras para restaurar las ciénagas y erradicar todas las corrientes fluviales de Cartagena y Barbacoas. Así se salvarían de la sedimentación tanto las bahías como los arrecifes coralinos de Barú y las islas del Rosario.

Las obras ofrecen una estructura de control de caudal con tres compuertas de guillotina. Este mecanismo permite, en caso de que sea necesario, la entrada al canal de su máximo caudal, más una esclusa en paralelo para la navegación. Aguas abajo, en Puerto Badel, se construirá una segunda esclusa con el fin de bajar las embarcaciones al nivel del mar. Esta además atajará la entrada de la cuña salina que amenaza a la bocatoma del acueducto de Cartagena en la estación de bombeo de Conejos. Y, al mismo tiempo, les entregará agua dulce a las poblaciones de Lomas de Matunilla, Leticia y el Recreo, actualmente afectadas por la salinidad durante los veranos.

La cabeza hidráulica, dada por el nivel superior de las aguas de Puerto Badel, las drenaría filtradas y decantadas por decenas de cauces a través de la antigua ciénaga de Matuna. Saldrían al mar entre Tigua y Bocacerrada, a 20 o 30 kilómetros al sur de Matunilla. Los caudales, considerablemente reducidos en Calamar, serían los indicados en el Plan de Manejo Hidrosedimentológico, aprobado por el Autoridad Nacional de Licencias Ambientales en junio de 2018.

Al restaurarse la entrada de la Contracorriente del Caribe a la bahía, por el Estero de Pasacaballos, renacerían de manera natural los corales de las bahías de Barbacoas y Cartagena.

*Ex ministro de Ambiente.

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