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Los verdaderos llaneros solitarios: un recorrido por el campo colombiano

Por: Mariana Córdoba*

La escritora de este artículo hace un viaje por las cinco regiones que componen nuestra Nación y centra su mirada en la incansable labor de nuestros campesinos.


Travesía por el Caribe

En esta región del país habitan comunidades indígenas, grupos étnicos afrodescendientes y población mestiza. El sombrero vueltiao, la mochila arhuaca y las prendas wayúu son algunos de los símbolos típicos de sus campesinos, quienes encuentran su principal sustento en las semillas nativas y en el maíz, que jamás dejaron de sembrar. Pero también cultivan café. Hoy, a través de los comités departamentales que componen el ‘Caribe Cafetero’, se está formando la generación centennial de caficultores. Desde Pueblo Bello, Cesar, Sandra Patricia nos cuenta que los bachilleres de la región participan en encuentros de intercambio de experiencias, reciben capacitaciones del Sena y visitas de mentores. Esto los anima a seguir soñando para convertirse en exitosos empresarios de este negocio. “Así crece la nueva caficultura caribeña. ¡Y tiene mucho futuro!”.

A través de la región Andina

Con sus ruanas, entre carrangas y trovas, y un trato siempre amable, los campesinos andinos han contribuido a preservar la diversidad alimentaria. Las más de 250 variedades de papa que existen en Colombia son testimonio de esta labor. Además, son guardianes de los páramos y del agua. Don Federman tiene 60 años y lleva más de la mitad de su vida dedicado a la apicultura. En los años ochenta llegó al municipio de Silvania, Cundinamarca, en donde aún vive. “Todo se lo debo a las abejas”, afirma. Exlíder de Radio Sutatenza, él destaca la importancia de la educación para concretar un emprendimiento rural: “Lo primero que hay que hacer es capacitarse”. Además, nos recuerda los riesgos del cambio climático y la necesidad de proteger a las abejas del abuso de los químicos. En Colombia, el 80 por ciento de los cultivos necesita de ellas para la polinización.

El ‘expreso‘ Amazonia


Esta es una tierra de contradicciones. Muchos de sus habitantes llegaron a la región debido a la violencia que los alejó de sus pueblos natales. Aquí se dedicaron al cultivo de la coca, en una tierra árida con vocación principalmente ganadera. Hoy, muchos de ellos se acogieron a programas de sustitución voluntaria, pero las tensiones continúan. La región fue históricamente el corazón del conflicto armado en Colombia y ahora quiere convertirse en un territorio de paz.

Ányela Patricia, excombatiente de las Farc, es facilitadora de las Escuelas Digitales Campesinas gracias al proyecto MIA, financiado por el Fondo Europeo para la Paz de la Unión Europea. Guiadas por ella, las participantes podrán formarse en alfabetización digital, derechos humanos, paz y convivencia, periodismo rural y cambio climático. Anyela ve en este proyecto la posibilidad de romper con los injustos estigmas de la guerra: “Estoy contenta de poder aportar a la educación de mujeres que han tenido que pasar por momentos tan difíciles y que quieren crear un futuro diferente para ellas y sus familias”.

Desde el Pacífico

En esta región los campesinos son los guardianes de la selva, habitan un territorio donde el conflicto armado y la violencia no cesan. Pero no todo es sufrimiento, la ancestralidad cumple un papel esencial y sus pobladores, en su mayoría afrocolombianos, mantienen una relación estrecha con los ríos y el mar, fuentes de alimento y protagonistas en la construcción de la comunidad.

Desde Nuquí, Juan Camilo envía un mensaje de esperanza a todo el país por medio de la música. Recientemente lanzó la canción Lávate las manos ya, una invitación a adoptar hábitos de autocuidado por la pandemia. “El arte me ha cambiado la vida. Nací rodeado de la selva y del mar, Nuquí es un lugar que carece de muchas cosas pero que es rico en cultura y biodiversidad, aquí habitan seres de paz que siempre te recibirán con los brazos abiertos”.

La indomable Orinoqua

Su vocación es principalmente ganadera. Los llaneros no han perdido su espíritu nómada. Y, vistiendo sombrero, pantalón tuco y cotizas, arrean sus bestias en llanuras indomables. Pocos saben que estos campesinos producen el 43 por ciento del arroz que se consume en el país. Esta es una región llena de contrastes y de gran diversidad cultural. En ella también habitan pueblos indígenas como los uwas, los yekuanas y los sikuanis, entre otros.

La Orinoquia es el territorio de los cantos de trabajo. Hay cantos del ordeño, cantos de arreo y cantos de vela, que simplemente alejan el cansancio y mantienen alerta a los animales. Es una práctica cultural ancestral que corre el riesgo de desaparecer. Como bien lo señala don Hermes, desde Arauca, “las costumbres han cambiado tanto, y el famoso desarrollo que ha llegado al llano ha desplazado nuestra cultura”.

*Directora de la Fundación Acción Popular (Acpo)

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