La historia del almanaque Brístol podría pasar inadvertida por las nuevas generaciones, pero conformó desde la década de los 50s un método fácil de acceso a la información antes de la llegada del internet y los medios masivos.

El creador de este pequeño método de información fue el médico y boticario Cyrenius Charles Bristol, y lo diseñó para acompañar una de sus invenciones: la “Zarzaparrilla de Brístol”. Así, el almanaque nació como una estrategia de mercadeo, pero se convirtió en una figura icónica de información, especialmente en América Latina.

El cuadernillo brilla por su historia, pero también por la cantidad y variedad de información que contenía. Desde un calendario lunar, información agrícola y doméstica, posición planetaria, horóscopo y hasta cortes de cabello, todo se podía encontrar en las pequeñas páginas del almanaque, quien abre un manual Bristol puede encontrar de todo.
Su impacto cultural
“Mi curiosidad literaria, como la de casi todos los de mi generación, no nació de haber caído en mis manos ni Homero, ni Cervantes, ni Virgilio, sino el Almanaque de Bristol”, aseguró el ensayista y periodista colombiano Germán Arciniegas, reconocido pensador durante el siglo XX, para el diario El Tiempo.

Cada diciembre el almanaque se ve ondeando en las tiendas de barrio y quioscos de toda Latinoamérica, pero en especial Colombia, ubicándose como su mayor comprador. Algunos incluso lo llaman “la biblia de los campesinos”, ya que, como asegura el editor colombiano de la BBC, “ha sido una herramienta de alfabetización en zonas rurales”.

“No tiene largos párrafos ni explicaciones muy detalladas. Es fundamentalmente un resumen de conocimientos útiles, lo que en la época se consideraba que una persona con un mínimo de instrucción debía saber para cumplir con una serie de labores”, aseguró el editor.
No tomar la información al pie de la letra

Patricia Molina, especialista en gemoastrología, subrayó que este recurso no busca ser un tratado técnico ni reemplazar el análisis profundo de un profesional. No obstante, existe un consenso entre los astrólogos sobre su capacidad para brindar consejos prácticos y vigentes, funcionando como una herramienta de consulta útil para la vida diaria.
“Se volvió un clásico cultural. No porque sea preciso, sino porque es parte de la tradición. La gente lo compra por costumbre, por cariño o por el simple gusto de ver “qué dice”. Eso lo ha mantenido vivo en generaciones”, dijo la socióloga y astróloga, Valentina Maestre Santamaría, para el diario La República.










