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| 7/5/1982 12:00:00 AM

30 VELAS DE UNA CENICIENTA

"Allegro ma non troppo": la Sinfónica festejó su aniversario acosada por problemas económicos. Aquella noche, el fantasma de Roots, su primer director, estaba presente.

30 VELAS DE UNA CENICIENTA 30 VELAS DE UNA CENICIENTA
Una larga ovación se dejó escuchar desde las mil sillas del Teatro Colón el pasado viernes cuando la Orquesta Sinfónica terminó de tocar la pieza "Variaciones para orquesta", del maestro Olav Roots. Había una doble razón para ese entusiasmo de los melómanos: Olav Roots fue el primer director que tuvo la Sinfónica, la cual cumplía esa noche sus primeros treinta años haciendo música "culta" para los colombianos.
El público lanzó claveles y rosas a los 76 músicos y al director Luis Biava, un gesto para una trayectoria que en Colombia podría estimarse como heróica. Este año, según reveló la directora de Colcultura Gloria Zea de Uribe, ese organismo está atravesando su peor crisis presupuestal desde que fuera fundado en 1968. Y la Orquesta Sinfónica existe bajo la dependencia de este organismo. Por esto la celebración del trigésimo aniversario debió reducirse al festejo del tradicional concierto de los viernes en el Colón.
La situación económica ha llegado hasta tal punto que, según doña María Cristina Sánchez de Vesga, subdirectora de Bellas Artes, no hubo plata ni para imprimir el catálogo del concierto del viernes y debió hacerse en una simple copia del mimeógrafo.
Un columnista de "El Espectador" llamó hace poco a la cultura "La Gran Mendiga del Estad". Así, llamar heróica la tarea de la Sinfónica bajo el control de los diversos gobiernos, no es ninguna hipérbole. Y menos cuando se adentra un poco más en su historia salpicada de incidentes y de supervivencia .
Nacida bajo el gobierno de tránsito de Urdaneta Arbeláez, en 1952, la orquesta vino a ser un viento, fresco y renovador en una capital húmeda y sombría. Resulta casi sorprendente que haya sido justo en esta época cuando un gobierno se interesa por la creacion de un organismo cultural como la Orquesta. Desde luego, ya desde 1936 existía la Orquesta Sinfónica Nacional que fue la entidad sinfónica que tuviera el país. Pero las crisis continuas llevaron a esa primera Orquesta a la necesidad de ser reemplazada por otra con una nueva mentalidad administrativa. Es así como surge la Orquesta Sinfónica de Colombia con su primer director, el estoniano Olav Roots.
Entre 1953 y 1974, la batuta de Roots se agitó incansable al frente de los atriles. Las condiciones económicas nunca fueron enteramente satisfactorias, pero Roots volvió a acudir a la empresa privada, en la persona de Jack Glottmann y se organizó una segunda temporada de conciertos (la primera había sido 1948) subvencionados por el hábil comerciante rumano. Los Conciertos Glottmann eran gratuitos, se transmitían por radio y televisión. Comenzaron en el Colón que resultó insuficiente y pasaron luego al que hoy es el Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán (antiguo Colombia) que se llenaba a rebotar.
Roots estaba empeñado en hacer conocer la música de los compositores colombianos. Uribe Holguín entre los consagrados, Luis Antonio Escobar de los más jóvenes, toda una gama de partituras fueron dirigidas por Roots, no sólo en Colombia sino en Europa. Roots era inquieto, dinámico y humano. Su corazón se detuvo en 1974 y ocho años después las notas de su música enmarcaron el aniversario de la fundación de la orquesta, que fue la razón de su vida durante veintiun años.
El director actual Luis Biava programó para el concierto conmemorativo una obra de Karl Stamitz, que permitió a dos de los músicos que estaban vinculados a la orquesta en 1953, lucir sus dotes de solistas. Se trata del "Doble Concierto para clarinete y fagot", del músico alemán, para el clarinetista Roberto Mantilla y el fagotista Siegfried Miklin, que recibieron también fuertes aplausos. Las otras dos obras de concierto fueron la obertura de la comedia operática de Wagner "Los Maestros Cantores" y el poema sinfónico "Till Eulenspiegel" de Ricardo Strauss.
Transcurrió un periodo de un año, durante el cual la Orquesta Sinfónica de Colombia fue dirigida por músicos invitados. En 1975 llegó al país, contratado por Colcultura, Daniel Lipton un parisiense educado en los Estados Unidos y se puso al frente de la agrupación, hasta cuando en 1979 asumió la dirección artística de la naciente Opera de Colombia. En 1976 regresó a Colombia el director cartagenero Jaime León, quien desde entonces actúa como Director Asociado. A comienzos de este año, los melómanos recibieron una buena noticia: el maestro Luis Biava, uno de los músicos más sobresalientes de Colombia, fue nombrado director titular de la Orquesta, lo cual, sin duda, es un indicio de la constante superación que busca la Sinfónica.
"La celebración de treinta años de Orquesta Sinfónica es una excelente oportunidad para llamar la atención al próximo presidente de Colombia sobre el estado de la cultura oficial", expresó doña María Cristina de Vesga a SEMANA. "Aunque el talento nacional es inextinguible, tenemos vacíos económicos que no permiten la especialización avanzada de los músicos jóvenes" agregó, la subdirectora de Bellas Artes.
Al iniciarse la Orquesta Sinfónica de Colombia tenía casi un 90% de miembros de otras nacionalidades Hoy, la agrupacion cuenta con un 75% de integrantes colombianos entre quienes se cuentan prestigiosos músicos como el violinista Carlos Villa, concertino invitado de estas últimas temporadas. Curiosamente, al lado de los trajes negros de la Orquesta, destellan las medias rojas tradicionales de este virtuoso caleño.
En estos largos años, en los que el presupuesto no es el único obstáculo para la Orquesta, sino también la adquisición de buenos músicos, han desfilado directores invitados como Igor Stravinsky, Aron Copland y Paul Hindemith. Y los mejores solistas de este siglo como Arthur Rubinstein, Gyorgy Sandor, Pierre Fournier y Paul Baduka-Skoda.
Todos los días, de lunes a viernes, pacientes y constantes, los 76 músicos de la Orquesta se reúnen para el ensayo del concierto de la semana. Por unas horas se olvidan de las vicisitudes de la vida afuera en las calles y se entregan a lo que es la pasión de su vida: hacer música para los colombianos.
Valentin Gonález B.
y Ana Mercedes Vivas.

EDICIÓN 1879

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