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| 8/27/1984 12:00:00 AM

50 AÑOS A BORDO DE SI MISMA

Quienes buscan en la autobiografía de Shirley Mac Laine escándalos farandulescos saldrán defraudados

50 AÑOS A BORDO DE SI MISMA 50 AÑOS A BORDO DE SI MISMA
Hay una idea, generalizada, o mejor, el prejuicio sobre los libros que habiendo sido escritos por las grandes figuras del cine se supone que son obras autobiográficas más o menos personales, que si involucran a tantas otras celebridades es para ir descubriendo pequeños y míseros secretos y misterios que el público saborea como si de un placer relatado se tratara. Obras que relatan al fin y al cabo sus naturales altibajos, pero siempre coronados por el triunfo de una carrera. Pareciera que los actores de cine, en función de ser figuras públicas no pudieran, sin menoscabo de su vanidad, confesar públicamente algunas de sus flaquezas, o examinar a la luz pública sus errores, ni mucho menos describir el lado oscuro de su actividad. Los episodios que éstos revelan dificílmente están en las autobiografías. Cada cual quiere para su imagen un hermoso marco y un buen dibujo... incorruptible; y como el biógrafo generalmente desconoce una parte íntima y brillante del carácter de su personaje, este toma sus más alegres tonalidades y se olvida de las zonas de sombra sobre las cuales el biógrafo insistirá en busca de una luz en las tinieblas; por eso quizás es por lo que Wilde ha dicho que las biografías siempre las ha escrito Judas.
Shirley MacLaine se ha puesto del lado de la luz, de una intensa luz que llega a ser enceguecedora y lo ha hecho a su modo: suprimiendo en su libro cualquier referencia al mundo turbulento del espectáculo; se ha alejado del estudio, ignorando a directores, actores, productores y maquilladores; trayendo sólo un recuerdo de Peter Sellers, en la época en que filmaban "Desde el Jardín", pero como un episodio que entrega un testimonio más acerca de una experiencia trascendental, que describe y totaliza, la experiencia de una búsqueda, la de los primeros reconocimientos de un plano astral en la existencia humana, o en la existencia "terrestre". La actriz nos involucra con sus sentimientos, en lo que espera de sí misma; comprenderse y comprender, conocerse a sí misma, esto es encontrar razones y respuestas para aquello que le ha producido angustia y confusión; la búsqueda espiritual de un lugar cósmico, de una Utopia.
Shirley Mac Laine fue política y militante, feminista y defensora de Mao, pacifista en las protestas contra la guerra del Viet-Nam, actriz laureada y bailarina y ahora, cuando ha llegado a los 50 años, inicia un viraje trascendental, esta vez a través de si misma en busca de ignoradas correspondencias cósmicas y misticas. Los interrogantes incesantemente planteados le salen al paso: "¿Acaso la mente o la personalidad abarcan eso que se llama alma?" Y, en nociones como las de la reencarnación, el recuerdo de vidas anteriores, la justicia cósmica, las frencuencias vibratorias, la iluminación espiritual, la meditación, la realización del yo, ¿qué hay detrás de esto, qué de posible, qué de palpable? Shirley Mac Laine con su libro "Lo que se de mí" da una respuesta positiva a todo ello.
Sin embargo, paralelamente para Mac Laine otras inquietudes no han sido rebasadas; ésas que configuran una experiencia mundana y que si no logran alejarla de sus nuevas intuiciones, la llevarán a olvidarse de ellas momentáneamente. La actriz relata en su libro autobiográfico su encuentro y su romance secreto con un importante político inglés. Gerry, lo llama ella, y la revista TIME cree haber reconocido en este "Gerry", camuflado bajo la investidura de un parlamentario británico, al canciller austrialiano Andrew Peacock, o bien al Primer Ministro sueco, Olaf Palme. Las escenas amorosas en el libro son frescas, relajantes y bastante descoloridas, pero en el fondo sirven a la actriz para cuestionarse y cuestionarlas en el interior de las relaciones afectivas. Sobre esta disparidad Shirley Mac Laine interroga sobre la base de las posibles identificaciones entre los amantes. Ella se pregunta "¿Buscaba yo también la figura de mi identidad a través de las relaciones con un hombre? ¿Pensaba que la otra mitad de mi ser afloraría al amar a alguien, sin importar desengaños, ni incomprensiones?"
La falta de comprensión entre los amantes, la necesidad de llenar los vacios de la vida con algo más, el abandono de silencios compartidos, la frágil felicidad que es del momento y las vagas exigencias mutuas son tan descorazonadoras que dejan una sensación de abandono y sonambulismo.
Son preocupaciones que en el relato autobiográfico llevan a aceptar la búsqueda mistica como una alternativa necesaria, pero también inquietante. Aunque podemos adivinar hacia dónde la actriz orienta sus pensamientos, ya ha dado muestras de haber llevado sus expectativas a las más intensas contradicciones de su ser; pero si ella no las oculta es para darles una solución satisfactoria en su nuevo entorno, que ella denomina metafísico. Y si nos hace tan patentes sus dudas es para aportar con sus soluciones nuevas pruebas para sus nuevas creencias y clasificaciones: sus reencuentros con vidas pasadas tratan de la armonía universal y de la justicia cósmica a que todos aspiramos. Trocar la biografía frivola de una actriz en una búsqueda de si misma, trocar una antigua ignorancia en un nuevo credo, es ampliar las posibilidades de la mente y elevar sus circunstancias, en una suerte de reconocimiento extraordinario que se resuelve en dimensiones por ella jamás alcanzadas anteriormente. El tema de la reencarnación, en la que el cuerpo no perece y el alma continúa su curso errante y cósmico, se reduce a la sugestión de que viviremos numerosas vidas "hasta que se consuman las leyes de causa y efecto". Proceso, sin embargo, que no se desembaraza de una racionalidad en que seguramente el sistema cosmológico se estrecha en leyes puramente seductivas.
El libro de Shirley Mac Laine, ya sea porque está concebido bajo la "fiebre californiana", que la fomenta; o por la idea de la creación de una nueva Era, o por el éxito de la actriz, ha sido un verdadero best seller en los Estados Unidos. En 1983, cuando apareció, (el título en inglés es Out on a limb) se vendieron 176.000 copias de una edición lujosa, 1.200.000 ejemplares de la edición en rústica. La fiebre californiana, sin duda, aportó buenas cifras para estos récords.
Este ha sido el mejor año en la vida de Shirley Mac Laine, así lo divulga la revista TIME y sugiere que su triunfo en parte es debido al poder positivo de sus pensamientos. A sus cincuenta años Shirley Mac Laine aparece más optimista que nunca.
Entre los dos puntos de anclaje del libro, he aquí su funcionalidad, el del mundo real de la vida material y el del plano trascendente de su realidad cósmica, ella se muestra en un momento en la mitad del camino ¿Hacia dónde dirigirá sus pasos, o mejor, su mente? Ya podemos adivinar hacia dónde, pero su prosa efectiva nos arrastra aun un poco más allá, esta vez a un viaje por el Perú. Un viaje con su guia y amigo David, y esto es definitivo para que siga adelante con su camino.
Sus exploraciones son sinceras, a veces ingenuamente, en tanto que trata de manejar los temas como en un tratado de filosofía oculta y trascendental, más cerca del misterio, de lo desconocido, de la pura especulación, que de un sistema organizado, o de una experiencia razonada. Y es que ella se siente fascinada por sus ideas y esta fascinación que parece tan auténtica resulta altamente reconfortante un espectáculo de fe, de credulidad y de definición de sí misma, creamos o no en sus experiencias. Algunas observaciones de tipo sociológico son universalmente válidas y si se mezclan en una rara aleación con la fórmula cósmica, esto resulta ser el "deus ex machina que nos armoniza, explica y da el supremo valor a todo. La teoría de la reencarnación resuelve con su círculo eterno cualquier enigma, dificultad, pregunta, coincidencia o misterio que uno pueda plantearse.
Aunque uno no pertenezca a este tipo de lector --más bien nos concedemos el privilegio de permanecer en la duda-- no puede, por lo menos, dejar de admirar una fuerte personalidad decidida tanto a transformar sus ideas por otras que juzga más intensas y convenientes, como a ignorar sus antiguos prejuicios con sus vecinos y amigos por una nueva y más alta convicción: la de un mundo espiritual en el cual trascender es trascenderse, y que a lo mejor comprende aquella opinión de San Agustin; "lo decisivo: un trascender sin Trascendencia".--
Enrique Pulecio Mariño

EDICIÓN 1884

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