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| 1/2/1995 12:00:00 AM

AMNESIA VISUAL

El país se queda sin memoria fílmica porque no hay quien la preserve. La desaparición de las cinematecas es tan grave como si de la noche a la mañana dejara de existir la Biblioteca Nacional

AMNESIA VISUAL AMNESIA VISUAL
Nadie duda de que Colombia, con su florido pasado de presidentes-poetas y su vocación veintejuliera, es un país retórico que ama las letras. Pero donde más se nota este anclaje en el lenguaje de siglos pasados es en su absoluto desinterés por la cultura cinematográfica. Las producciones audiovisuales se siguen considerando objetos de lujo, se cierra el único instituto de apoyo y fomento al cine, y aunque ahora todo el mundo quiere bailar en la danza de los premiso internacionales de la bonachona figura de Sergio Cabrera y sus estrategias, ninguna institución se compromete a fondo con la creación de nuevas fórmulas para la producción. Y como si esto no fuera poco, está el testimonio desolado de sus lánguidas cinematecas.
Supuestamente hay varias: La Distrital de Bogotá, la del Caribe en Barranquilla, la de La Tertulia en Cali...Sin embargo, llendo al fondo de la significación de la palabra, se termina por concluír que no existe ninguna. Por etimología y terminología internacional, una cinemateca es una institución que se ocupa de buscar, preservar y coleccionar imágenes en movimiento. La importancia del acceso a este tipo de documentos salta a la vista en un mundo que tiende a volver su lenguaje audiovisual y a registrar su historia, su devenir, sus expresiones, precisamente en imágenes.
Ninguna de las instituciones anteriormente mencionadas cumplen con esta función y el resultados es que el archivo fílmico nacional es tan escueto y famélico, que puede llevar a la total amnesia. Las cinematecas se han reducido en general a la función de salas de exhibición y han perdido desde hace rato su labor de localizar documentos, sistematizarlos y ponerlos al servicio del público como en cualquier parte del mundo. La situación es tan crítica como si en Colombia se careciera de una Biblioteca Nacional y solo se pudiera contar con algunos libros escritos en los últimos 10 años, no siempre los mejores ni los más definitivos.
Pues las copias de las películas que llegan al país después de cierto período (cinco, siete o 10 años), vencidos sus derechos de autor, son destruídas. Para volver a exhibirlas, se necesitaría renegociar sus derechos, cosa que aquí nadie hace, con lo que se condena al olvido la mayoría de clásicos del mundo.
Difícilmente se podrá ver una producción de Antonioni, Fellini, en unos años, pues nadie va a estar al tanto de comprar estas copias.
En su origen, las cinematecas de Colombia tuvieron la intención de realizar este trabajo de archivo, pero con el tiempo lo fueron perdiendo.

¿QUE PASO?
La Cinemateca Distrital de Bogotá, por ejemplo, fundada en 1971, es uno de los casos más patéticos de desidia. Después de los esfuerzos importantes de sus primeras administraciones (las de Isadora de Norden, Claudia Triana y Augusto Bernal), ha ido perdiendo poco a poco toda su autonomía y su capacidad para generar una verdadera cultura audiovisual en kla ciudad y que a la vez irradie a otras partes del país.
En un principio la cinemateca tuvo un presupuesto designado exclusivamente para la compra de películas, libros, revistas, fotografías y afiches. Así alcanzó a reunir una colección pequeña de películas en 35 y 16 milímetros, a editar una revista mensual, unos cuadernos del cine colombiano y preocuparse por buscar cintas en diferentes distribuidoras. No obstante, después de estar adscrita al Ministerio de Educaci'+on, pasó depender del ineficiente y buricrático Instituto Distrital de Cultura y Turismo. "Allí, sobre todo después del organigrama que se diseñó en la administración de Alberto Upegui -dice Augusto Bernal-, pasó a ocupar el último escalón y a pelearse el presupuesto con otros elefantes blancos como el Jorge Eliécer Gaitán o la Media Torta"- Hoy en día, ni siquiera tiene caja menor, y para adquirir cualquier bien debe realizar varias cotizaciones por mínimo que estas sean. En la actualidad lleva varios meses esperando la refracción de uno de sus proyectores. Sus funcionarios además no son personas especializadas, y se anuló desde hace años el cargo de jefe de archivo por lo que las películas pasaron a ser simplemente bienes muebles, como afirma Bernal. El resultado es que se han presentado casos tan escandalosos como el sucedido recientemente con la película Andrei Rubliov del cineasta ruso Andrei Tarkovski, que fue literalmente destrozada en uno de sus proyectores. Este proceso de decadencia es el que debe enfrentar su nuevo director, Rito Alberto Torres, quien se encuentra en la tarea de sistematizar el archivo, de buscar se le asignen rubros determinados a la institución, y revitalizar la sala de cine, que este año ha tenido una indudable mejoría en la programación.


UNA SOLA GOLONDRINA...
La institución que definitivamente más ha hecho en este país por la conservación de materiales cinematográficos es la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, dirigida por Claudia Triana, que viene realizando una verdadera pesquisa de todo el acerbo de imágenes en movimiento de producción nacional, incluyendo videos, noticieros, documentales. Además ofrecen el servicio de restaurar y preservar materiales de otras instituciones en su bodegas, las únicas del país que cuentan con las complicadas condiciones que exige el frágil material de las películas. Sin embargo, actualmente sufre una asfixia presupuestal desde la suspensión de los auxilios y la cancelación de Focine.
"Lo que ha faltado aquí es una verdadera política al respecto y una sólida gestión cultural", afirma Triana. Se necesitaría además que se implementara una ley, como existe en otros países del mundo (en México, por ejemplo), qué obliga a dejar una copia como depósito legal, por cada película que se exhiba comercialmente. Estas disposicione existen actualmente para lo videos y discos que van a la Biblioteca Nacional. Es necesario que alguna institución tome definitivamente el toro por los cuernos, para que en la carrera audiovisual del mundo moderno, Colombia no se quede cad vez más rezagada.


SI POR AQUI LLUEVE...
¿Cuál es el estado de la memoria fílmica en el resto del país?

CINEMATECA LA TERTULIA (CALI)
Se fundó hace 17 años. Tiene una colección de 52 películas, muy pocas importantes, entre las que se pueden rescatar están las de Roman Polanski y Fritz Lang. Es una corporación sin ánimo de lucro, que no cuenta con un presupuesto estable. Su archivo lo ha obtenido gracias a donaciones, compra de distribuidoras que quiebran, algunas adquisiciones a particulares, pero no hay un plan sistemático de recolección de películas.
Cuenta con una colección de 510 videos, 16.000 fotos, 3.000 afiches y suscripciones a seis revistas. Su biblioteca tiene aproximadamente 600 libros.
En su sala de teatro hay una programación constante de martes a domingo, con dos funciones diarias, a la que asisten en promedio 150 personas. Los dos únicos empleados de tiempo completo son su director el filósofo Eugenio Jaramillo y un asistente.


CINEMATECA DEL CARIBE (BARRANQUILLA)
Se fundó en 1986. Estrenará una sede con 110 sillas el 17 de marzo del año entrante. Posee una película del italiano de comienzos de siglo, Floro Manco. Tiene 400 videos. Pasó una propuesta a Colcultura y al Ministerio de Comunicaciones para realizar una investigación y localización del patrimonio filmográfico de la Costa norte. Editará próximamente un libro con las críticas cinematográficas de Julio Roca Baena. Tiene un presupuesto anual de 15 millones de pesos pero la gobernación le acaba de destinar 25 millones para la compra de equipos. La nómina de planta es su directora, la realizadora Sara Harb, una secretaria y un mensajero.


MEDELIIN
En esta ciudad no existe ninguna cinemateca, pero el Centro Colombo-Americano se ha convertido en la institución que lidera el movimiento cinematográfico .
En 1989 abrió una sala de exhibiciones, que realiza cuatro proyecciones diarias durante 50 semanas. No tiene copia de cine, pero posee la colección de videos más grande del país con 4.000 títulos. Edita la revista Kinetoscopio desde hace cinco años, con un tiraje de 3.500 ejemplares, que se distribuye en varios países como México y Venezuela. Tiene 1.000 libros, 60 suscripciones a revistas, 3.000 afiches de cine y 200.000 recortes de periódicos. Su director es Paul Bardwell.

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