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| 12/11/1995 12:00:00 AM

ANGELITOS NOSTALGICOS

La obra de Andrés Caicedo en La Casa del Teatro demuestra que sus ángeles de los 70 tienen fuerza para volar en los 90.

ANGELITOS NOSTALGICOS ANGELITOS NOSTALGICOS
Andrés Caicedo es un punto aparte en la literatura colombiana. Frente a su obra no se puede ser objetivo, por la misma razón que no se llega sin asociaciones a una pintura de Van Gogh a una canción de Janis Joplin. Por haber teñido su obra de sangre y vísceras, estos personajes encarnan el espíritu de su época. Santos o bufones, héroes o caricaturas, sus rostros dejan ver los mejores sueños de una generación y sus más terribles fracasos. Los pálidos adolescentes diabólicos de Caicedo, sus vampirescas prostitutas ingenuas, se enreda en el mito del precoz escritor de mirada melancólica y pelo largo que no quiso cumplir más de 25 años.
Después de 17 años de su muerte, y de la publicación de "Que viva la música", la novela con conmocionó con su volcán de niñitos asustados, drogadictos y geniales la sicodelia de los 70, tanto su obra como su leyenda siguen despertando interés. La prueba es que sus historias desesperanzadas, con olor a marihuana y asfalto, se posó hoy sin pudor en las páginas de libros escolares acostumbrados a huéspedes mejor hablados. Pero además sigue provocando nuevas lecturas, como la del grupo paisa "Matacandelas", uno de los más interesantes del momento, que este año adaptó "Angelitos empantanados".
Este montaje recuerda la reciente versión dramática "Opio en las nubes" de Rafael Chaparro y parece demostrar que el teatro colombiano quiere volver al texto, pero lo está buscando en novelas contemporáneas ante el vacío de dramas originales.
Pero mientras "Opio" se decide por un montaje espectacular y desgarrado, estos "Angelitos" toman el íntimo tono de los niños condenados, se visten de pantalones bota campana y sueñan en voz baja con los fantasmas de su tiempo.
Aunque la perspectiva de "Angelitos" (varios relatos en primera persona) se habría prestado más el monólogo, el director, Cristóbal Peláez, logró hilar con las voces de sus personajes alucinados una historia, resumida como un cuento de hadas empantanado: Angelita descubre las mariposas del amor en la piel de Miguel Angel que a su vez se pierde en la sensualidad de la misteriosa Berenice, hasta que unos niños salvajes del sur matan a estos amantes precoces del norte.
La división del escenario en dos planos, uno frontal protagonizado por los monólogos del presente, y el de los sueños y los recuerdos al fondo, logra conservar la multiplicidad de niveles de rico texto que despojó de maquillaje al lenguaje, mostrando el color de los sueños con acento caleño y en palabras recién inventadas.
Esta cálida interpretación que tiene su fuerza, más que en la acción o en la anécdota, en la sólida interpretación de sus acciones, saca de las páginas a estos angelitos todavía con alas en los 90 y les permite revolcarse en un mundo que sigue empantanado por el poder y la violencia, demostrando conmovedoramente la vigencia que como nunca sigue teniendo hoy en día Andrés Caicedo.-

EDICIÓN 1879

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