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| 11/16/1992 12:00:00 AM

¿ASUNTO DE SEÑORAS?

En un libro sobre la historia del bodegón en Colombia, el crítico Eduardo Serrano demuestra que ninguno de los grandes del arte en el país ha logrado escapar a la tentación de pintar naturalezas muertas.

¿ASUNTO DE SEÑORAS? ¿ASUNTO DE SEÑORAS?

TODOS LOS ARTISTAS, FAMOSOS O IGnorados, en algún momento de su carrera han pintado un bodegón. Este ha sido, al fin y alcabo, uno de los tres grandes temas de la historia del arte, al lado del paisaje y del desnudo. Por eso los museos están llenos de bodegones famosos. Los hay de Rembrandt, de Zurbarán, de Velázquez... y los hay, por supuesto, de Picasso. El cubismo, el movimiento que más ha influido en los artistas del siglo XX, partió del bodegón: de la manera fragmentada y caótica como se representaban en el lienzo o en el papel las frutas, los alimentos y los objetos cotidianos que hasta entonces posaban, sin más remedio que el de posar, sobre alguna mesa.
No obstante su importancia, al bodegón se lo ha calificado, en diversas épocas, como un arte menor. En Colombia, para no ir muy lejos, durante más de 100 años fue considerado como un "arte de señoras". Convencidos de que después de la Independencia las esposas de los notables debían aprender a tocar piano y a pintar bodegones, los organizadores de los salones del arte reservaban un área de segunda para las mujeres, y advertían con grandes letras: "Sección de señoras y señoritas". Allí abundaban las flores y los duraznos maduros. Y entonces, para no pasar por simples aficionados al pincel, los pintores que se consideraban serios se entregaban a otros temas.
Pero aunque muchos se nieguen a aceptarlo, todos han aprendido a pintar por medio del bodegón. Este género no permite anécdotas ni suposiciones. No hay historias que puedan ser contadas con una naturaleza muerta. Es lo que se ve, y punto. De manera que el pintor, o el aprendiz de artista, debe concentrarse en la pintura.
Debe jugar con el color, con la luz y con la composición. Por eso, en un bodegón se conoce al buen pintor. En Colombia fue precisamente el bodegón el que permitió el desarrollo de un arte nacional. Antes de que los pintores criollos tuvieran sus propios planteamientos, se copiaban las estampas que llegaban de Europa.
Cuando empezaron a llegar los bodegones, se copiaba la idea, pero en vez de los frutos de la campiña francesa se dibujaban los del trópico. Así, cada vez fueron apareciendo más elementos propios, y menos importados.
Esta semana se lanza un libro sobre la historia del bodegón en Colombia, profundamente ilustrado. Se llama así, "Bodegón en Colombia", lleva el sello de Ediciones Alfred Wild, y está escrito por Eduard Serrano, crítico de arte y curador de Museo de Arte Moderno de Bogotá. En su undécimo libro de los tres grandes temas de la pintura, sólo le falta el desnudo, que es, precisamente, el género que está trabajando en estos meses.
Allí se habla de los orígenes de esas naturalezas muertas que empezaron a descubrirse en los decorados de las iglesias. Se habla del auge inicial del bodegón, de su posterior caída, y de esa gran resurrección que tuvo lugar a comienzos de este siglo, cuando pintores como Andrés de Santa María e Ignacio Gómez Jaramillo -precursores del modernismo en el país- decidieron asumirlo como cosa propia. Viendo en este libro tantos bodegones reunidos, con firmas tan comprometedoras como las de Fernando Botero, Alejandro Obregón, Carlos Rojas, Enrique Grau y David Manzur, se comprende que el bodegón no sólo ha dejado de ser asunto de señoras sino que se ha convertido en un tema recurrente de los pintores que han logrado llegar más lejos. Lo más interesante es que cada cuál lo ha trabajado con su propio estilo... como para decir "en el bodegón está el placer".

EDICIÓN 1879

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