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| 6/18/2016 12:00:00 AM

Buscando a Dory

La segunda parte de ‘Buscando a Nemo’ intenta repetir la fórmula de su antecesora, pero con un protagonista reiterativo y falto de gracia. **½

Buscando a Dory, crítica de cine de Manuel Kalmanovitz Pixar celebra sus 30 años con la continuación de ‘Buscando a Nemo’.

Título original: Finding Dory
Año: 2016
Director: Andrew Stanton y Angus MacLane
Guion: Andrew Stanton
Duración: 103 min

El chiste central de esta película es que uno de sus protagonistas tiene mala memoria. No mala, pésima. Entonces repite una y otra vez que “sufre de pérdida de memoria”. Los espectadores que no tengan esa discapacidad se enfrentan a la irritación que produce la reiteración indefinida de un mismo chiste.

Se sabe que hay chistes buenos que funcionan por ser así de cansones. Y su bondad reside, justamente, en que el contador del chiste sabe que está siendo irritante, pero persevera hasta que tanto él como el espectador comienzan a entender los pequeños matices de las repeticiones, los cambios de acento, la cantidad de sentidos posibles, hasta desnudar esa relación extraña y precaria entre el contador y su público.

Pero se trata de un humor agresivo y transgresor que no cuadra con los seres tiernos de ojos gigantes que nadan por esta película. Acá, la repetición es simplemente desgastante y uno suspira por poder tener tan mala memoria como el pez protagonista y así poder verle alguna novedad a la misma cantaleta.

Buscando a Dory es la continuación de Buscando a Nemo, película de 2003 en la que Marlin, un pez neurótico, anaranjado e inseguro, recorría el océano buscando a su pequeño hijo con la ayuda de otro par de peces, entre ellos Dory, el pez desmemoriado que protagoniza esta película.
En la parte anterior, la condición de Dory ofrecía chispazos de relajación que servían de contraste a la neurosis paterna de Marlin, pero esa simpatía resulta insuficiente ahora que decidieron hacerla protagonista de su propia aventura.

Es extraño decir esto de una película de Pixar, siempre tan bien caracterizadas, tan balanceadas entre lo dramático, lo cómico y lo conmovedor, pero acá la fórmula se descarriló. O hizo agua, mejor. O se les olvidó, quizás. O la olvidaron bajo el agua, también. Que esté codirigida por Andrew Stanton, autor de los guiones de Wall-E y Toy Story entre otros, lo hace aún más extraño.

La trama de Buscando a Dory es un espejo de la primera parte, aunque cambiando la pérdida del hijo por la de los padres. Repentinamente y sin saber cómo, Dory recuerda que dejó a sus papás abandonados hace tiempo y decide ir a buscarlos.

El viaje se despacha rápidamente y la mayoría de la película transcurre en un gran parque acuario en la costa de California, donde Dory busca por cañerías y corredores con la ayuda de un pulpo que se mimetiza con su entorno de forma impresionante, mientras Marlin y Nemo intentan entrar al parque para ayudar.

Visualmente esta película –ahí sí, como todo lo de Pixar– es un espectáculo de colores, texturas y expresiones faciales replicadas impecablemente en este entorno digital. Pero esa excelencia es algo que ya damos por sentado.

Buscando a Dory ilustra lo que sucede cuando la fiebre de secuelas que tanto gusta en las superproducciones de Hollywood –por reciclar personajes reconocibles, por ver las películas como renovaciones de ‘marcas’ conocidas o por simple falta de imaginación– terminan en un callejón sin salida. O por naufragar, mejor.

CARTELERA

**** Excelente  ***½ Muy buena   *** Buena   **½ Aceptable  ** Regular  * Mala

Aislados **½

Documental sobre una isla densamente poblada en el Caribe colombiano.

Nahid: un canto a la libertad ***

La segunda película de la directora iraní Ida Panahandeh es un drama sin tregua de una mujer oprimida.

El conjuro 2 **½

Película de terror efectiva donde una pareja de médiums viaja a Londres para ayudar a una familia en problemas.

Trumbo **½

Biografía juiciosa y poco imaginativa del guionista de la época dorada de Hollywood, marginado por su militancia comunista.

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