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| 4/2/2001 12:00:00 AM

¿Cine o literatura?

La lectura de la obra en que se basó ‘La lengua de las mariposas’ revive el debate sobre las versiones cinematográficas., 45479

¿Cine o literatura?, 45479 ¿Cine o literatura?
¿Que me quieres amor?

Punto de lectura, 2000

198 paginas

$ 9.900



En un debate político en la Universidad Nacional —en pleno furor izquierdista de los años 70— el decano de la facultad de derecho, Abel Naranjo Villegas, fue increpado duramente por un estudiante revolucionario: “¿Cómo es posible que el decano que tenemos ni siquiera se ha leído La filosofía del Derecho de Hegel?”. —“No me la leí... ¡pero vi la película!”.

Pero vi la película: la providencial respuesta que le salvó la vida al doctor Naranjo (hay que recordar el grado de sectarismo de esa época y la siempre peligrosa seriedad de la izquierda que en aquella ocasión tuvo que rendirse al humor) también nos ha servido en muchas ocasiones, si no para salvarnos la vida, sí al menos para salir airosos en una conversación.

¿Quién no vio —y a quién no le gustó— La lengua de las mariposas? Pues bien: es mejor el libro. Y que conste que lo decimos sin énfasis: después de conocer la anécdota memorable del doctor Naranjo se vuelve indispensable matizar esta clase de afirmaciones.

Y además, porque nos puede llevar al apasionante e interminable debate de las versiones cinematográficas de obras literarias. Cada cual tiene su lista, sus ejemplos a favor o en contra. Para empezar, El extranjero y Muerte en Venecia de Luchino Visconti: nada tienen que envidiarle a los libros. Por cierto, Visconti murió cuando estaba preparando el proyecto de llevar al cine A la busca del tiempo perdido. Y enhorabuena, por cuanto se salvó de haber visto la horrenda versión que hiciera de la obra de Proust el alemán Volker Schlöndorff, quien, sin embargo, no salió mal librado con El tambor de hojalata de su compatriota Günter Grass. Cabrera Infante se enloqueció escribiendo (para nada) el guión de Bajo el volcán que tanto quiso realizar Joseph Losey y que terminara en la menos que regular versión de John Huston.

El padrino de Coppola es excelente. Pero alguien podría decir (injustamente): el libro no es ninguna obra maestra. Y ahí nos pueden arrinconar contra las cuerdas, con la famosa teoría de Buñuel: de los malos libros se pueden hacer buenas películas, nunca de los buenos. Teoría debidamente probada por él con su magistral Tristana (¿de quién era la novela?), y con las nunca logradas (¿cuántas van?) películas sobre Ana Karenina.

El caso de Ana Karenina tal vez sirve para sacarnos del laberinto de los ejemplos y llevarnos al punto decisivo. El cine puede recrear muy bien la trama de una obra literaria pero al ‘plasmar’ la imaginación, la limita. La ventaja de la literatura es precisamente su posibilidad de ser un imaginario nunca plasmado: cada lector siempre tendrá su propia representación —diferente y única— de Ana Karenina. Por eso hay versiones que desde un comienzo se sabe que van a ser desafortunadas. Alan Parker no lo pudo haber hecho mejor en Las cenizas de Angela, pero no, era imposible: el relato de Frank MacCourt es sobre todo una manera de decir el mundo, “un tono” intraducible a un lenguaje visual. Al quitárselo únicamente queda la anécdota, el limitado espacio en que tuvo que desenvolverse Parker.

No es el caso de La lengua de las mariposas, el cuento de Manuel Rivas. Allí la fuerza reside en la historia, en el final imprevisto que la película homónima de José Luis Cuerda capta y por ello logra cierto efecto. Pero, como lo señaló en su momento un crítico, la película mezcla innecesariamente otras historias (los cuentos Saxofón en la niebla y Carmiña) que, siendo muy buenas, no logran conectarse, y se dedica mucho tiempo —para cumplir con el formato— a volver lastimero al maestro. Por eso el cuento es mejor, económico e intenso: más contundente.

Gracias a la película pudimos llegar a descubrir un libro digno de tener en cuenta. Sin ánimo de contradecir al doctor Naranjo

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