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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Colombia escrita y narrada

El Fondo de Cultura económica lanzó la selección más completa de narrativa breve colombiana que se ha realizado hasta ahora.

Colombia escrita y narrada Esta antología tiene el gran valor de poner al alcance de los lectores cuentos memorables que estaban fuera de circulación.
Luz Mary Giraldo
Cuentos y relatos de la literatura
Colombiana
Fondo de Cultura Económica, 2005
Tomos I y II Según el teórico ruso Vladimir Popp, hay dos clases de cuentos. El maravilloso, que viene de la mitología, el folclor y la tradición oral. Y el moderno, ligado al arte y originado en la vida cotidiana. Si quisiéramos contar la historia del primero, tendríamos que remontarnos a los primeros narradores de la humanidad; hablar de la pelea entre Caín y Abel; la parábola del hijo pródigo; las historias de Salomé. La del segundo, en cambio, es más reciente: comienza en 1841 con Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe. Y mucho más precisa. En Filosofía de la composición, el propio Poe define el género que acaba de inventar: un texto en prosa que se lee de una sentada y que tiene unidad de impresión. Vista desde hoy, la definición de Poe podría aparecer atrevida, pero nunca absurda. A pesar de la diversidad de los cuentistas que lo sucedieron, todos coinciden en afirmar que hay ciertas constantes, ciertos elementos indispensables para la hechura de un buen cuento. Horacio Quiroga llegó a escribir un "decálogo del perfecto cuentista" y, que se sepa, a nadie le pareció una estupidez, como seguramente ocurriría si a alguien le diera por hacer el "decálogo del perfecto novelista". El cuento no sólo es un género riguroso con unos límites bien claros -no acepta los ripios ni los impostores-, sino de una importancia literaria indiscutida. A partir de él, Chejov se acercó como nadie al corazón humano; Kafka amplió las fronteras de la realidad, y Borges prefiguró la literatura actual. Dada su economía expresiva y su capacidad de acercarse rápidamente a la esencia de los personajes y de las situaciones, el cuento parecía destinado a ser el género preferido para esta época vertiginosa e impaciente. Sin embargo, no ha sido así. Muy poco se leen cuentos y, en consecuencia, a las editoriales no les interesa publicarlos. No se leen porque no se publican, dicen algunos lectores. Cuando se publican, no se venden, se quejan a su vez los editores. Se trata de un círculo vicioso, casi imposible de romper. Por eso, resulta una muy buena y alentadora noticia que el Fondo de Cultura Económica se haya animado a editar una selección de cuentos y relatos de la literatura colombiana, a cargo de Luz Mary Giraldo. En realidad, constituye la más amplia selección de nuestra narrativa breve que se ha hecho hasta el presente: dos volúmenes de casi 1.000 páginas que comienzan con los mitos koguis y terminan con narradores nacidos en los años 70, es decir, una historia que supera los 500 años. También es la más ambiciosa y provocadora: además de los mitos de la tradición oral, incluye crónicas, fragmentos de biografía, cuentos en verso, minicuentos y relatos para niños. La otra gran antología del cuento colombiano -y único punto de referencia para este trabajo- es la realizada por Eduardo Pachón Padilla hace 20 años, que recogía cuentos de la tradición escrita a partir del siglo XIX y llegaba únicamente hasta los nacidos en 1950. Pese a sus evidentes y ya señaladas virtudes, esta selección, como cualquier otra, contiene posiciones y puntos de vista discutibles. Algunas categorías utilizadas como El oficio de contar e Imaginación y fantasía, resultan hechizas y poco esclarecedoras. No es muy convincente la inclusión del minicuento, que no pasa de ser una moda académica y un tema de concursos literarios. 'Minicuento': si tal cosa es posible, nació y murió con el famoso dinosaurio de Augusto Monterroso. Hay omisiones imperdonables: El festín, de Policarpo Varón, y Los papeles de Juan de la Cuesta, de Roberto Pubiano. Por fortuna, la antologista tiene la suficiente lucidez para poner en duda sus propias categorías: "No se trata de una selección que refleje movimientos, estilos y preocupaciones individuales, sino de cuentos que cuenten, que narren una historia convincente que atrape al lector y no lo suelte". Y así es: hay al menos una veintena de cuentos y relatos memorables.

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