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| 11/9/1992 12:00:00 AM

COMO HACE 500 AÑOS

Empiezan a revelarse los secretos de un grupo indígena que todavía vive en el paleolítico.

COMO HACE 500 AÑOS COMO HACE 500 AÑOS

LAS CAMARAS DE TELEVISION NO TARDARON en llegar. Nadie sabía en realidad de qué se trataba. Pero algo estaba pasando en Calamar, un municipio incrustado en las selvas del Guaviare. Corría el mes de abril de 1988. Por primera vez en mucho tiempo se originaba allí una noticia que nada tenía que ver con narcotráfico ni con guerrilla. Los protagonistas eran 43 hombres y mujeres desnudos. No hablaban español. Lo miraban todo con asombro. Movían sus cabezas de un lado al otro procurando descifrar el enigma de los hombres blancos. Tratando de adivinar para qué servía cada uno de sus objetos. Relojes, fósforos, micrófonos todo les resultaba extraño.
Al cabo de un tiempo fueron trasladados a Mitú para que entraran en contacto con otras tribus, pero no hubo comunicación posible. Tampoco ellos lograron entenderlos. Como la mayoría de los indígenas de la amazonia, los del Vaupés compartían con los blancos muchas de las prácticas de occidente. Ya usaban bluyín, disparaban escopeta y manejaban lancha.
La noticia se construyó con las primeras impresiones y pocos llegaron al fondo del problema. En realidad se trataba de un suceso histórico.
Cuando ya se creían completamente extinguidos, los cazadores recolectores hacían de nuevo su aparición. El grupo de los Nukak, al cual pertenecían estos 43 hombres y mujeres, se convirtió en la única tribu nómada de estas características que aún se conserva en Colombia, y una de las pocas del mundo.

SIGUIENDO LA PISTA
No obstante fue poco lo que se habló después de lo Nukak. Entre otras razones porque era muy escaso lo que se sabía de ellos. Prácticamente nada. Pero no faltaron los investigadores que decidieron seguirles la pista. El Ican, la Universidad Nacional y Asuntos Indígenas son algunas de las entidades que se han metido más a fondo en el tema. Después de cuatro años de estudios de campo, apenas ahora empiezan a revelarse algunos de sus secretos.
El antropólogo Gustavo Politis, quien dirige junto con Gerardo Ardila el proyecto de la Nacional, le dijo a SEMANA que "antes de la aparición de los Nukak, esa forma de vida sólo podía estudiarse en los libros. Los cazadores recolectores pertenecen a la prehistoria. Se trata de grupos que no permanecen por más de dos o tres semanas en el mismo sitio, se alimentan de los frutos que recogen de los árboles, y de los animales que cazan en los pantanos o entre los matorrales. Ultimamente han comenzado a desarrollar una horticultura itinerante".
Para entrar en contacto con los Nukak casi siempre hay que recorrer durante varios días los caminos más secretos de la selva. Se calcula que no hay más de mil en el territorio comprendido entre los rios Guaviare e Inírida. Están divididos por bandas familiares que poseen entre 10 y 30 indígenas. Su organización socio política es bastante simple. El poder de mando recae sobre el hombre más viejo de cada familia, que casi nunca sobrepasa los 40 años.
Después de ese contacto con el hombre blanco en 1988, los Nukak volvieron a sus caminos recónditos, aunque es evidente que en algo cambió su forma de vida. De vez en cuando se aparecen en el territorio de los colonos que habitan la zona la mayoría de los cuales cultiva y procesa la hoja de coca, pero su relación con ellos sigue siendo timida. Sus costumbres permanecen prácticamente intactas. Aparte de aprender amanejar las ollas y el machete, y de utilizar muy rara vez alguna prenda de vestir, los Nukak siguen siendo los mismos. Muchos todavía se cortan el pelo con mandíbulas de piraña, consiguen el fuego por frotación, cazan micos y aves con cerbatanas untadas de curare, elaboran flautas con los huesos de tigres y venados, duermen en chinchorros que las mujeres tejen con fibra de cumare.
Sin embargo lo que más llama la atención de los Nukak es su manejo de los recursos naturales. "A pesar de que viven directamente de lo que les ofrece la selva, asegura Politis, han sabido convertirla en algo cada vez más productivo para el hombre. Por su acción, los sitios por donde pasan se vuelven cada vez más ricos en especies vegetales. Y tienen cuidados tales como no sacrificar hembras cuando cazan pecaríes".

¿INDIOS O PETROLEO?
A pesar de que los Nukak han vivido durante cientos de años en esta región olvidada de Colombia, hoy se encuentran en peligro de extinción. Por un lado por su contacto cada vez más frecuente con los blancos, que ha sido una fuente de transmisión de nuevas enfermedades. El segundo punto es la falta de definición de un resguardo que proteja su territorio. Y el más reciente de los peligros son las exploraciones petroleras que se adelantan en la zona.
En materia de salud, la Corporación Araracuara con el apoyo del PNR y la Comisión V Centenario está coordinando una acción urgente y otra a largo plazo. "Los primeros esfuerzos, asegura Mariano Useche, antropólogo de esta corporación, están encaminados a elaborar un perfil epidemiológico que permita determinar las enfermedades prevalentes de los Nukak. Así mismo se va a realizar una campaña masiva de vacunación".
Con relación a la definición del resguardo hay tres propuestas, entre las cuales el Incora deberá elegir una en los próximos días. La primera es la que diseñaron los propios técnicos del Incora, que deja un extenso territorio Nukak sin protección. La segunda, que fue elaborada por Asuntos Indígenas, abarca casi todo el territorio del grupo, pero no contempla la problemática de los colonos que actualmente habitan la zona. A partir de ésta, la Corporación Araracuara está promoviendo una tercera opción, en la cual está prevista la creación de áreas de manejo especial en las zanas donde la colonización ha avanzado sobre territorio Nukak.
La ausencia de definición del resguardo ha generado un nuevo problema. En los últimos meses la firma Fronteras de Colombia ha adelantado trabajos de exploración petrolera en territorio Nukak, que incluyen la apertura de trochas y el empleo sistemático de explosivos cada 80 metros, con lo cual se está alterando el equilibrio ecológico que estos indígenas han sabido mantener durante generaciones. En nombre de los Nukak, la Onic (Organización Nacional Indigena de Colombia) interpuso el recurso de tutela en busca de la suspensión de las exploraciones en la región. Hace un par de semanas el juez municipal de San José del Guaviare falló a favor de los Nukak. Sin embargo habrá que esperar una segunda instancia, seguramente esta semana, para saber si el Guaviare se queda con los Nukak o con el petróleo.

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