Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/9/1987 12:00:00 AM

CON LA MANO DERECHA

José Luis Fajardo, pintor español de la vanguardia de los 60, expone por primera vez en Colombia en el Museo de Arte Moderno de Bogotá

CON LA MANO DERECHA CON LA MANO DERECHA
"Esta es como una galería de retratos familiares: mi abuelo, mi bisabuelo...". José Luis Fajardo señala sonriendo el cuadro que efectivamente puede ser el retrato de su abuelo, el pintor, pero el bisabuelo que señala es Diego Velásquez. "En realidad, la pintura es como una familia. El pintor no se hace en esas escuelas que sólo sirven para formar profesores de dibujo, no, el pintor se hace con otros pintores, con la pintura".
Nacido en Islas Canarias, atraviesa el Atlántico buscando esa América alucinada de olores e historias originales que ha leído en la literatura; un asombro infantil no lo abandona a sus 45 años. En Colombia y Venezuela muestra su obra, que hace parte de la reacción a esa transvanguardia bárbara europea que ahora parece darse silvestre. Dice con sorna: "Tengo un amigo que ha pintado toda una exposición con la mano izquierda para que no se note que sabe dibujar, porque la mano traiciona". En el caso de Fajardo es todo lo contrario; sus referencias literarias y pictóricas rescatan una tradición, un oficio que ha aprendido bien, pero que en los cuadros deja inconcluso, insinuado en trazos y color para que la imaginación del espectador complete formas ponga contenidos, saque coincidencias.
Los suyos son personajes imaginarios, abstracción de figuras con un horizonte de ojos, a medio camino entre la complicidad y el misterio, como han tenido siempre los buenos retratos en la pintura; en ellos, un libro, un vaso, un pincel o el mar no son objetos sino parte del paisaje que forma el sujeto. "Estos personajes están inmensamente solos, pero ya lo han entendido".
El pintor va dejando guiños en los que el espectador puede quedar atrapado: la sombra de una mano -que no está permitida-; las capas de óleo aplicadas al estilo Zurbarán, pero cruzadas con la rapidez del acrílico; un árbol de la memoria de su infancia ("el drago, enorme y milenario, que los egipcios usaban para embalsamar sus muertos, al que la savia que le sale es roja como la sangre") lo deja en una esquina del cuadro, borroso; y los títulos, que a él le gustan largos y líricos porque está convencido que su observador se demora frente a la obra lo que toma en leer el título; pero ante "Retrato del pintor que perdió el pincel y quedó con la mano azul", puede detenerse a desentrañar el oráculo, una especie de trampa contra "la mala educación visual que nos han dado; por ella leemos más de lo que vemos".
Esta exposición, abierta durante febrero en el Museo de Arte Moderno de Bogotá y luego en La Tertulia de Cali, deja en claro el combate que plantea contra "el desafecto que los críticos siembran por la pintura", demuestra, como dice su autor, que "toda abstracción absoluta es gratuita, la referencia al ser humano sale", porque incluso en sus personajes extraviados, seres angustiosos entrabados en la geometría, hay en ellos un rasgo esencialmente humano que crea la tensión, que da la intensidad en ese mundo pictórico tan bien construido, tan autosuficiente. José Luis Fajardo se burla de él: "Mientras el cuadro está haciéndose, uno está despistado, por más rigor que se le ponga manda siempre el cuadro y a veces gana él. Por eso cualquier cuadro pasado fue peor", dice entre risas, como las que esconden los ojos de sus cuadros.
El dibujo no puede separarse nunca de la pintura, para él es un instrumento más, como el color, lo que cuenta es el resultado. "Cuando trabajo sobre papel -será por la penuria crónica de los pintores-, siento mayor libertad lo sacralizo menos que la tela; la diferencia sería como una misa de pueblo y una misa mayor. Lo cierto es que el dibujo me saca en los momentos de crisis, esos cuando replanteo la pintura y siento que repito una fórmula, recurro durante cuatro meses al dibujo automático y siempre me abre la puerta. Es el mismo recurso que tienen los escritores hoy, que van con una grabadora recogiendo frases de la calle, el dibujo es el apunte para recordar".
Como pasa con la obra de arte, los cuadros de José Luis Fajardo dan una idea de economía, de facilidad, pero es otra trampa: "Trato de que dejen una sensación de frescura aunque estén muy hechos".-

EDICIÓN 1894

PORTADA

Los secretos de la red de espionaje

SEMANA revela detalles y conversaciones desconocidas de la organización de chuzadas ilegales más grande descubierta en el país. Las víctimas eran empresas, funcionarios públicos, miembros de las Fuerzas Militares y particulares.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1894

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.