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| 9/11/1995 12:00:00 AM

CORAZON VALIENTE

Una recreación, de formidable realismo, de la gesta patriótica de un héroe escocés del siglo XIII.

CORAZON VALIENTE, Sección Cultura, edición 693, Sep 11 1995 CORAZON VALIENTE
DlRECTOR: MEL GIBSON
PROTAGONISTAS: MEL GIBSON, SOPHIE MARCEAU, PATRICK MCGOOHAN, CATHERINE MCCORMACK, BRENDAN GLEESON, JAMES COSMO.
EN LOS TIEMPOS EN que Inglaterra gestaba la leyenda de Robin Hood y Suiza la de Guillermo Tell, Escocia cultivaba la suya propia: la de William Wallace, un campesino del pueblo de Lanark que armó un ejército de desarrapados para luchar por la libertad de su nación contra el ejército invencible del rey Eduardo I, de Inglaterra. La gesta, sucedida entre el final del siglo XIII y principios del XIV, despertó el honor dormido de los escoceses en relación con la despiadada monarquía inglesa que los sometía y de paso lanzó a la inmortalidad al propio Wallace como uno de los más grandes héroes de la historia de Escocia.
Siete siglos después la leyenda cobra vida en el celuloide bajo la batuta de un australiano a quien Hollywood había asociado más con películas frívolas de acción que con las grandes epopeyas fílmicas. Director debutante en la película El hombre sin rostro (The man without a face) en 1993, Mel Gibson ya había alcanzado la fama como actor al interpretar la serie futurista Mad Max y la trilogía policíaca Arma mortal. Por tal motivo la idea de tomar un personaje histórico como base para dirigir su segunda película resultaba más bien extraña. Tan extraña como sorprendente el resultado, pues con un presupuesto que superó los 60 millones de dólares y en casi tres horas de película, logró construir en Corazón valiente (Braveheart) una epopeya que no tiene nada que envidiarle a realizadores con mayor trayectoria tras las cámaras.
La vida y las proezas de William Wallace fueron recogidas de la tradición oral por un poeta ciego y analfabeto conocido como Blind Harry, en una oda de 300 páginas de versos rimados que servirían de fuente principal al libretista Randall Wallace en la elaboración del guión. Producida, dirigida y protagonizada por Mel Gibson (William Wallace), la película cuenta también con la participación de la actriz francesa Sophie Marceau (la princesa Isabel) y un reconocido hombre de teatro, Patrick McGoohan (Eduardo I).
Rodada en su totalidad en exteriores, en los campos de Escocia e Irlanda, la cinta reproduce con asombroso realismo el escenario medieval en que transcurre la historia. La tierra fangosa y el clima sombrío que obligó a productores y actores a filmar incluso bajo aguaceros torrenciales, hicieron posible una fotografía a tono con el relato, mientras el vestuario y el maquillaje en los personajes gozan de una naturalidad pocas veces vista en películas de época. Todo esto resulta casi una anécdota frente a las secuencias de las dos grandes batallas que llevó a cabo Wallace. En un derroche de técnica, malabarismo y coreografía, los 1.700 extras utilizados para conformar los ejércitos ingleses y escoceses (miembros de las fuerzas de reserva del ejército irlandés en la vida real), realizan una de las más extraordinarias escenas de guerra del cine contemporáneo. Gibson recrea con la crudeza patética de una verdadera guerra las batallas legendarias de Wallace contra los ingleses.

De esta forma, en medio de una historia de amor y honor, tal vez ensalzada en exceso por las libertades de mitificación que ofrece una leyenda, aparece reflejada con descarnada fidelidad, y sin concesiones, toda la violencia que supone una batalla de estas proporciones.
La epopeya, cruzada por un romanticismo desbordado de pasión, redondearía una producción impecable si no fuera por la ambición de Mel Gibson de sumarle a la complicada realización la de participar él también como protagonista. Descontando dos o tres escenas de consumada interpretación, la verdad es que su actuación hace recordar sus personajes anteriores y a veces parece más el cowboy de Maverick que un mártir escocés del siglo XIII.
Aún así, Corazón valiente posee suficientes argumentos narrativos y artísticos para erigirse como una de las mejores producciones del año y una de las más emotivas de la filmografía épica contemporánea.

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