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| 5/12/1997 12:00:00 AM

CRASH: EXTRAÑOS PLACERES

Inquietante, dura y controvertida, esta película rastrea la afinidad entre la tecnología y el erotismo.

CRASH: EXTRAÑOS PLACERES CRASH: EXTRAÑOS PLACERES
Director: David Cronemberg
Protagonistas: Holly Hunter, James Spader, Rossanna Arquette y Debora Unger
Si algo ha caracterizado al director canadiense David Cronemberg ha sido la exploración del lado oscuro del comportamiento humano. Sin contar La mosca, el éxito taquillero sobre la fusión genética entre un científico y una mosca común y que se acercó más al terror fantástico que a la realidad, sus películas han sido un verdadero derroche de perversa imaginación sicológica. Su más reciente cinta, M. Butterfly, narraba la historia verídica de un diplomático que vivió dos años en concubinato con una cantante de ópera sin saber que en realidad su amante era un hombre; en Pacto de sangre narraba la historia de dos hermanos gemelos, ambos ginecólogos, que disputaban el amor de la misma mujer; mientras en Naked Lunch investigaba el impacto emocional que causaba en un autor escribir sobre algo peligroso. Eso sin tener en cuenta las cintas protagonizadas por el propio Cronemberg, entre ellas Night Breed, en la que hacía las veces de un siquiatra que convence a su paciente de ser el autor de una serie de monstruosos asesinatos para ocultar sus propias desviaciones.
Ahora el turno le ha tocado a Crash: extraños placeres, un filme que ha causado revuelo internacional no sólo entre la crítica y el público, sino entre los comités de clasificación, muchos de los cuales, como el de Gran Bretaña, han decidido prohibir su exhibición. La cinta, basada en la novela homónima de J. G. Ballard, es la historia de un grupo de particulares erotómanos entre cuyos máximos placeres se encuentra el de excitarse con espectaculares accidentes automovilísticos, preferiblemente causados y protagonizados por sus miembros.
Cronemberg bordea con destreza los límites entre el erotismo, la pornografía y la morbosidad, aunque es evidente que esta última hace parte de la estructura argumental de la película. A pesar de que las escenas están hechas con el máximo decoro posible para un filme de sus características, algunas de las secuencias que aparecen en pantalla son tan fuertes que quizás terminen expulsando al espectador de la sala.
Pero tal vez -y aparte de la discusión sicológica- esa es la intención del director, quien al fin y al cabo ha afirmado en repetidas entrevistas que no se trata sino de la advertencia de lo que puede ser el futuro humano luego de haber probado todas las aberraciones posibles: la comunión erótica con la tecnología, una perversión sobre la que ya los sicólogos tienen gruesos estudios.

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