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| 7/11/1988 12:00:00 AM

CUESTION DE HONOR

Con una calidad depurada y un buen argumento, "Técnicas de Duelo" fue la vedette del Festival de Cartagena.

CUESTION DE HONOR, Sección Cultura, edición 319, Jul 11 1988 CUESTION DE HONOR
El Festival de Cine de Cartagena está de capa caída. Lo mismo se pensaba de la producción nacional de cine. Así, no parecía una sorpresa que un mal festival abriera con lo que se esperaba debiera ser otra mala producción nacional. Pero no sucedió así. El largometraje "Técnicas de Duelo", que inauguró el XXVIII Festival de Cartagena, fue una grata sorpresa.

En 1976, el actor Humberto Dorado (guionista y coprotagonista) escuchó en Moniquirá (Boyacá) la apasionante narración que una mujer del pueblo le hizo sobre un episodio que dejó huellas en la región. El escritor Jairo Aníbal Niño (también moniquireño) en otra ocasión le había referido el sonado caso del duelo, a grandes rasgos y sin el lujo de detalles que permite el particular uso del tiempo en un pueblo boyacense.

Una década después, tras vueltas y revueltas, sucedió lo que debía suceder con una historia como esa. Dorado escribió un guión cinematográfico con su versión del duelo y lo presentó al concurso anual que organiza Focine para largometrajes. Ganó, y con ello obtuvo--casi--el derecho a producir la película, con el patrocinio del instituto oficial. En el primer semestre del 86, Doradó se presentó en la oficina de María Emma Mejía--entonces directora de Focine--, acompañado de Sergio Cabrera: He aquí el director. Cabrera era conocido en el país como un excelente fotógrafo gracias a su participación en varios documentales y en cientos de comerciales para cine y televisión.

Al borde del abismo que talló durante siglos el río Suárez hasta formar el cañón del Chicamocha, yace Barichara. Indiferente al siglo XX (y al XIX también), es la reliquia colonial santandereana más auténtica y lejana que existe. Así lo recogió el actor protagonista Frank Ramirez, en una serie de dibujos que fueron utilizados para sobreponer los créditos iniciales del filme. Y fue en ese escenario donde se rodó durante dos meses (diciembre 86 enero 87) esa opera prima colombiana, que lo fue incluso en la producción. Enrique Linero, director de arte, tuvo que convencer al único liberal del pueblo (el alcalde) y a la autoridad real (el cura párroco) para que lo dejaran pintar las fachadas de algunas casonas con los tonos originales, ocultos tras el barniz blanco y el zócalo verde erróneamente impuestos como la moda colonial en el país.
Surgieron entonces los colores impecablemente registrados en la fotografía de la pelicula y en la ambientación general.

Aunque la primera proyección pública permitió que los comentaristas pudieran volver sobre el cine nacional como si se tratara de la "última de Bertolucci", el toque de distinción de "Técnicas de Duelo" aún no ha madurado en los criticos.

Su primer y más limpio round se lo juega con una irreverente y sutil reinterpretación de la violencia colombiana de los 50. No es la sangre que corre, ni el retrato de la imposición de una doctrina política, ni la elemental recreación del "momento histórico".
Es más bien el conflicto humano que surge a raiz de una historia de amor y celos entre el carnicero (Humberto Dorado),su esposa (Florina Lemaitre) --la más bella del pueblo--y el maestro (Frank Ramírez). La política, como en la realidad, transcurre a espaldas e independiente del quehacer cotidiano de los miembros de la comunidad. En el marco del conflicto de honor entre los dos protagonistas están retratatadas todas las características del colombiano sentimental, truculento, ingenuo y comprometido.
Ahi está la novedad y la irreverencia.
"Técnicas de Duelo" es un chiste a la historia contemporánea colombiana, a sus "grandes conflictos", a las decisiones trascendentales. Es un tirón de orejas que hace la nueva generación artística que se asoma al modernismo para decir "miren, la historia es otra... nos la habían contado mal... somos banales, mucho más banales de lo que pensábamos". Y esto no tiene nada de malo, no es un defecto por el contrario, es una cualidad en el filme.

En efecto, tras esa sed de violencia que sigue dominando a Colombia, "Técnicas" muestra que todo puede ser una farsa. Para demostrarlo, el guión desarrolla, en el curso de una mañana, los preparativos para darle resolución al conflicto de honor y a la pasión que lo rodea, que habrá de culminar en el duelo. Duelo que será utilizado y asumido por toda la comunidad. Desde el alcalde y juez del municipio, lider de la oposición, hasta el cura párroco y los acudientes de la escuela. Se presentan así todas las fantasias que tejen los terceros, todos los esquemas que se fabrican para "institucionalizar" el crimen en que deberia concluir el conflicto. No importa, ni se sabrá el motivo real. Lo que importa es que ocurra el crimen.
Que el esquema funcione. Pero, ni a Cabrera, ni a Dorado, ni al elenco en general, ese esquema les funcionaba.
Por eso todo se descubre al final como una gran farsa en donde los únicos que no se engañan son los protagonistas. Sin discursos, con actuación y puras imágenes, el argumento de la película se aclara sobre los créditos finales.

En cambio no es claro el sobreuso del papel de Florina Lemaitre. Aunque le da un gesto poético, rompe abiertamente el ritmo narrativo que trae la película. Se colige que precisamente la sensualidad de la esposa del carnicero y su coquetería natural provocan al marido y al maestro al punto de hacerles dejar de lado sus convicciones políticas para batirse en armas.
A pesar del tiempo que se dedica a mostrar su belleza, la parte sensual y provocativa queda velada en la tragicomedia.

"Técnicas de Duelo", con sus logros y limitaciones, marca una nueva etapa en el cine nacional. Técnicamente reúne a los mejores profesionales, que dejan ver la calidad de su trabajo tras sus largas experiencias. Argumentalmente asume una de las funciones olvidadas de nuestro cine, que es recrear la realidad para mirarse como en un espejo que es, en últimas, la óptica del director.

Ahora, tras el parto, vienen los problemas de la distribución, la publicidad y la comercialización en manos de una entidad oficial, en donde han muerto la mayoría de las millonarias producciones nacionales.

Por ahora, "Técnicas" logró una primera distinción: su invitación a participar en el Festival de Cine de Venecia, donde se presenta cine del de "verdad" y en donde se medirá la talla real de "Técnicas de Duelo".

-UNA BUENA FICHA
En "Técnicas" se reunieron los mejores técnicos y actores del cine nacional. La producción ejecutiva, a cargo de Abelardo Quintero, uno de los colombianos más experimentados en la materia. La participación de Cuba a través del Instituto Cinematográfico--Icaic--, no sólo fue util en el aspecto financiero --es coproductor--sino que su experiencia recursiva ayudó a resolver escollos que en los grandes laboratorios norteamericanos habrían costado varios miles de dólares adicionales.

La fotografía tuvo, por lo menos, cuatro ojos. Los de José Medeiros, el brasilero que cuenta con más de 30 años manejando cámaras, y los del propio Sergio Cabrera, con 15 en el oficio. En la asistencia de dirección Mario Ribero (director del "Embajador de la India") y Marcela Caldas lograron un engranaje en el que se conjugó el difícil manejo de los numerosos extras y actores profesionales con la adecuación diaria y permanente de las locaciones, sin perder el hilo artistico.

Actoralmente Frank Ramírez, veterano ya, demuestra con creces el nivel que ha alcanzado, que lo consagra como el protagonista apetecido para las principales producciones nacionales.
Humberto Dorado se estrenó en la pantallá grande, colocándose a la altura de su colega. El elenco de los actores secundarios sobresale por su homogeneidad y la identidad lograda con sus personajes. Sobran elogios para Vicky Hernández, Edgardo Román, Antonio Aparicio, Manuel Pachón, y el niño Angelo Javier Lozano.--

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