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| 4/4/1988 12:00:00 AM

DIOS LOS CRIA...

"Palabras que matan", una película que rompe con el esquema buenos malos del cine policiaco.

DIOS LOS CRIA... DIOS LOS CRIA...
La película norteamericana "Palabras que matan" (Best Seller del guionista y director John Flynn), plantea una relación aparentemente inmoral entre un asesino a sueldo, un sicario que quiere vender a sus antiguos patrocinadores y un ex policía que ha tenido éxito como escritor de historias sangrientas. Se encuentran en dos lados opuestos de la vida, no comparten nada y poco a poco se van aproximando mientras identifican temores, fantasmas y aspiraciones comunes.
Las escenas iniciales son antológicas: apenas comienza el día en Los Angeles y una camioneta que le hace propaganda al candidato Richard Nixon llega hasta el depósito de la Policía donde se guardan pruebas y evidencias de juicios pendientes. En una muestra de humor negro llevan máscaras del Presidente depuesto. Disparan, hieren, matan, golpean y de los tres policías asaltados uno sobrevive Dennis Meechum (Brian Dennehey) quien después de recibir un tiro, alcanza a descubrir los ojos asesinos del asaltante Cleve (James Woody). Del sangriento suceso, el policía saca un libro, un best seller que reconstruye el momento en que sintió miedo y supo que el otro iba a matarlo. Se convierte en una celebridad, gana dinero, goza con la esposa y la hija hasta cuando la muerte prolongada de la mujer, le cambia todos los valores y comienza el derrumbe.
La película, la clásica historia policíaca llevada hasta sus últimas consecuencias, cuenta con dos actores excelentes, sólidos, convencidos profundamente de sus personajes y eso se siente en el clima que nace de sus encuentros, sus confrontaciones, sus diálogos, sus cacerías interminables mientras en medio de la desconfianza, la duda y los resquemores, el sicario que ha trabajado para una transnacional, eliminando personajes indeseables, le propone al otro que escriba su vida y hasta intenta chantajearlo para conseguir lo que quiere.
James Woody con su rostro agudo y lleno de cicatrices, con su mirada cínica, estuvo nominado al Oscar por su personaje del reportero suicida en " Salvador", de Oliver Stone. Esas mismas ganas de matarse, ese deseo de acabar con todo, mezclados con una frialdad muy calculada, le imprimen a su personaje un tono siniestro. El mismo tono que ya le habiamos conocido en películas anteriores como "Campo de cebollas", "Los visitantes", "Alex y la gitana", "Videodrome", "Erase una vez en América" y "Joshua". Interpreta al sicario como si fuera su última oportunidad. Por su parte, el personaje del policía y escritor, fornido, sanguíneo y aplastante es logrado por Brian Dennehey con una convicción admirable, después de haber estado en películas como Legal eagles, FX, Cocoon, " Buscando a Mr. Goodbar" y la primera "Rambo", además de Gorky Park y su papel, pequeño pero significativo, en "10".
El director y guionista John Flynn se apoyó en la historia escrita por Larry Cohen para analizar, tomándose todo su tiempo, exhibiendo todos los elementos, profundizando en los caracteres hasta convertirlos en familiares para el espectador y conseguir la que puede considerarse una película verdaderamente original en este campo de la moralidad, las relaciones del bien y el mal, la ambición, la muerte y sobre todo el deseo suicida de ambos personajes por conseguir lo que quieren. Que un asesino y un policía, antagonistas por naturaleza, estén aparentemente unidos, que hagan equipo contra el presidente de esa transnacional que tiene numerosos crimenes en su haber, que lleguen a identificarse mutuamente, es toda una experiencia y el espectador siente la carga de emociones que va en aumento mientras la conciencia del policía, despierta, alerta como una bomba, va descubriendo en su memoria las huellas de una primera confrontación, tantos años antes, en un depósito de la policía, en esas manos llenas de cicatrices de quemaduras voluntarias, en esos gestos de suficiencia y de desgano y sobre todo, en esa inmoralidad que lo asusta pero que, al final, lo convence de la necesidad de aliarse a ese enemigo natural.
Curiosamente, "Palabras que matan" se exhibe antes que otra película norteamericana que analiza también el tema de lo moral, lo indelicado, lo que va contra la ética, lo que tiene que ver con la conciencia alquilada "El precio del poder" de Sidney Lumet, sobre un asesor de publicidad e imagen que trabaja para los candidatos políticos.

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