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| 7/4/2004 12:00:00 AM

El coleccionista de palabras

Una selección de frases que han aparecido en los medios de comunicación colombianos en los últimos años.

El coleccionista de  palabras Gustavo Gómez, editor de la revista 'Soho', ordenó de la A a la Z, algunas de las definiciones que los periodistas han hecho a través de los medios de comunicación.
Palabras prestadas
Gustavo Gómez
Aguilar,2004
349 páginas

Para algunos, lo que se dice y se escribe a diario en los medios de comunicación colombianos es sólo basura. Para otros, esto no es cierto. ¿Quién tiene la razón? Tal vez ninguno. O tal vez ambos porque, como suele ocurrir, la verdad termina mezclando las posiciones extremas.

El periodista Gustavo Gómez -que no es partidario de ninguno de los dos bandos- antes que caer en una discusión interminable prefirió hacer algo más sensato: en forma paciente fue coleccionando frases que aparecieron en los medios durante los últimos años, y luego, como si se tratara de un diccionario temático, las agrupó de la A a la Z. Con la A, 'aforismo': "El aforismo es la homeopatía de la literatura. Sustituye la meditación profunda por una minúscula píldora conceptual, por una azucarada cucharita de saber". Con la Z, 'zoo-ilógico': "La tasa de supervivencia en el zoológico de San Diego (California) es de 80 por ciento, el doble de la tasa de natalidad del mundo".

Desde luego, en su pesquisa Gómez buscó frases dignas de ser recordadas. Y las encontró de muchas clases. Inteligentes: " Público: el público es una ilusión babosa que nadie puede tocar". Agudas: "Autodefensa: es el arte de defenderse de toda clase de autos". Divertidas: "Alcancía: las alcancías parroquiales son los traganíqueles de la fe". Poéticas: "Adiós: lo sé: volveré, y cada cosa hablará de ella y cada silencio dirá su palabra. No estarán los pájaros que pintó una tarde endomingada, larga, silenciosa, llena de luz; el vitral del caballo blanco -una concesión que me hizo porque lo que le gusta son los peces voladores- se habrá roto". Optimistas: "Límite: se puede hacer el amor hasta los cien años". Mala leche: "Democracia: una mañana de no hace muchos años, Juan Manuel Santos Calderón se miró al espejo, leyó su cédula de ciudadanía y dijo: yo me llamo Juan Manuel Santos y quiero ser presidente de la República. Y ya. Es que la democracia es muy bonita". Implacables: "Katz: unidades de medida de la inflación para el estrato 6 en la Zona Rosa".

Hay de todo. Profundidad y levedad. Interés por pensar este país, por captar la elusiva y compleja realidad nacional con seriedad y con humor catártico, ese último recurso y talismán del colombiano ante la tragedia y la adversidad. Pero hay -no podía faltar, es también muy colombiano- el chiste fácil, intrascendente. De todo, como en una miscelánea, como era de esperar en un libro hecho de fragmentos de muchas voces sobre temas diversos.

Palabras prestadas puede leerse de múltiples maneras. En desorden, saltando páginas, de atrás hacia delante- o viceversa-, disfrutando morosamente alguna definición que nos atrajo. Al fin y al cabo tiene algo de diccionario y, ¿quién se lee un diccionario desde el comienzo hasta el final? Sin embargo, no hay que olvidarlo: allí discurre el periodismo colombiano y, eventualmente, reconocidos personajes extranjeros. Es valioso el material que nos entrega Gustavo Gómez y sería un desperdicio limitarnos a una lectura tan puntual. Hay frases sobre la política, la violencia, la paz, los narcotraficantes, las masacres, la justicia y la guerrilla que, así sean "minúsculas píldoras intelectuales", vistas en conjunto ayudan a entender mejor un país a veces incomprensible. "Colombia: es este un país triste, aunque tenga carnavales y rumbas y fiestas patrias y elección de reinas. Es una tristeza repetida. Cada día, cada noche. Con una matanza, con una desaparición, con un exilio, con un nuevo desempleado, con una nueva humillación para el desposeído, con una petición del magnate para que los trabajadores 'aporten más sacrificio'. Todo esto quizá no rime, pero es verdad".

El libro de Gustavo Gómez permite concluir, entre otras cosas, que nuestros periodistas -principalmente los columnistas de opinión en diarios y revistas- no han sido tan indiferentes ni tan irreflexivos como se quiere hacer creer. Su trabajo es un oportuno recordatorio. Y un acto de justicia.

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