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| 7/1/2006 12:00:00 AM

El cuerpo y el yo

El tema del personaje escindido es retomado por el escritor colombiano Pedro-Juan Valencia en una sorprendente primera novela.

El cuerpo y el yo El cuerpo y el yo
Pedro-Juan Valencia
Eclipse del cuerpo
Pre-Textos, 2006
283 páginas

Hay quienes tienen una magnífica relación entre su cuerpo y su yo: son seres felices y armónicos. Y hay quienes viven la relación de su cuerpo y su yo como un conflicto permanente: son seres desgarrados que sufren como los alcohólicos y los artistas. Pero hay otro tercer grupo: los que permanecen escindidos de su cuerpo y lo ven como algo ajeno a ellos mismos. A ese tercer grupo pertenece Javier, el narrador de esta historia: "Tengo despegado el cuerpo del alma. He vivido mi vida como si el cuerpo, mi cuerpo, no fuera parte de mí".

Poco antes de cumplir 60 años, Javier tiene una revelación: su yo es un extranjero en la casa de su cuerpo. Esa súbita y asombrosa revelación le permitirá explicar en retrospectiva lo que fue su vida: por qué no logró ser un gran concertista de piano, por qué duró su matrimonio, por qué optó por un confortable anonimato y por qué no tuvo grandes amores. Con esa clave, con ese nuevo hilo conductor, se propone entonces escribir la historia de su vida -el relato que vamos a leer- a partir de la escisión entre su cuerpo y su yo. Una historia que, por supuesto, incluirá a su familia: es finalmente el discurso familiar el que determina cómo van a ser las relaciones de nuestro cuerpo y nuestro yo.

Haber sido el quinto de seis hermanos lo predispuso para esa separación. "Entre seis, el penúltimo recoge las migajas, da lo mismo si pelea por ellas o espera a que le lleguen". Como a un animal sin territorio, fue el que esperaba a que los demás se acomodaran en la foto, el que podía faltar y no se notaba, no por falta de afecto sino porque el quinto entre seis "es invisible". Ser un yo que se ve desde afuera, como un espectador, marcó su relación con la música, la gran vocación familiar. Tocaba con facilidad y en forma impecable cualquier instrumento, pero carecía de emoción; tenía el principal defecto de los virtuosos: la habilidad. Por eso, en vez de concertista, se convirtió en orquestador y arreglista -bajo seudónimo- al servicio de una pequeña empresa londinense. Parecido a su hermano Federico, su alma gemela, quien se volvió oboísta, un miembro más del rebaño de la orquesta, notorio sólo cuando el concertino golpea el atril para que el oboe dé la primera nota. Músicos excelentes aunque de bajo perfil, y muy distintos a otro hermano, Carlos, famoso productor de grupos de rock y a la mayor, Teresa, integrada a sí misma, dueña de su yo y de un cuerpo con un claro sentido de su territorialidad.

Al igual que un entomólogo, Javier le va aplicando su método a cada uno de los miembros de su familia: a sus padres, a sus demás hermanos, a sus hijos, a sus sobrinos, a sus nietos y, por supuesto, a su esposa Elvira: "No amé a Elvira, me dejé amar por ella. Era tanto su amor por mí, que a ella le bastaba con el reflejo de lo que me daba". ¿Un hombre sin intensidad? Sí, uno de esos tibios que Cristo rechazó al tomar partido por los apasionados. Un mundo poblado sólo por tibios sería bastante monótono -admite Javier-, pero lo contrario sería catastrófico: ya habríamos desaparecido como especie si estuviéramos a merced del calor de las emociones.

A través de 55 breves fragmentos, el tema del cuerpo y el yo, con todas sus variaciones, fluye como una música ligera. Sin embargo, esta narración es de una engañosa sencillez. Una vez concluida, sus ecos siguen resonando. La historia mínima de ese personaje y su familia es la historia de cualquiera, en cualquier época. La música ligera que escuchábamos era entonces una música esencial. El cuerpo vivido con egolatría y agresividad, el cuerpo amado, el cuerpo abandonado, el cuerpo adolorido, el cuerpo que finalmente muere y se corrompe y se disuelve en materia inerte, en polvo, en ceniza, en nada.

Según dice la solapa, Eclipse del cuerpo es la primera novela de Pedro-Juan Valencia, nacido en Bogotá en 1974 y a quien "oscuros asuntos de familia" lo han obligado a vivir "en algún lugar del vasto Caribe". Es decir, un misterioso autor que bien podría ser el seudónimo de un escritor reconocido y de más edad, por la madurez que destila (se dice que es Darío Jaramillo Agudelo). Quien quiera que sea, ha escrito una historia perdurable.

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