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| 11/8/2004 12:00:00 AM

El espantatiburones

Una película animada que, a pesar de sus buenas intenciones y sus logros técnicos, deja al final una extraña sensación de vacío. **1/2

El espantatiburones Un pez llamado Óscar consigue la fama que busca gracias a unos malentendidos. Mientras tanto el capo de una mafia de tiburones, Don Lino, lo busca porque cree que asesinó a su hijo.
Título original: Sharktale.
Año de producción: 2004.
Dirección: Bibo Bergeron, Vicky Jenson, Rob Letterman.
Voces: Will Smith, Robert De Niro, Renée Zellweger, Jack Black, Angelina Jolie, Martin Scorsese.
Quizás a los comentaristas de cine les sea útil ir al siquiatra de vez en cuando. No lo digo tanto porque su mayor contribución a la sociedad sea -en resumen- la de convertirse en una persona con la que nunca estamos de acuerdo, ni mucho menos porque vivan quejándose a pesar de tener el mejor oficio de todos (no hay nada como decir 'tengo que irme a trabajar' cuando en verdad uno va a ver otra película gratis), sino porque tiene que tener algún novedoso problema mental una persona que está dispuesta, como yo ahora, a decir que esta inofensiva película para niños, una nueva proeza en términos de animación por computador titulada El espantatiburones, en verdad es un cortometraje alargado a la fuerza, una torpe cadena de chistes que no siempre funcionan, una colección de imágenes curiosas que al final no consiguen contar una buena historia.

Se debe sospechar de todo largometraje que tenga más de dos guionistas en los créditos del comienzo: esa es una lección que no debe olvidar quien pasa su vida en las salas de cine. Porque las producciones redactadas a muchas manos -es este el caso de El espantatiburones- suelen ser una triste antología de ideas sin desarrollar, aunque el equipo técnico logre montar un mundo nuevo en donde antes no había nada, los actores pronuncien las líneas con gracia y el director se esfuerce por mostrarnos los hechos de la manera más efectiva posible.

No importa que un gran elenco de voces lo ponga todo de su parte (la voz del cineasta Martin Scorsese hace más entretenida la versión en inglés), ni importa que la intermitente parodia del cine de gángsteres resulte divertida: cuando uno ve esta bienintencionada comedia de dibujos animados, así la vea con ojos de niño en vacaciones, todo el tiempo siente que las escenas no van para ninguna parte, que algo no está en su lugar, que no es tan buena como las otras. ¿Por qué? ¿Por qué queda semejante vacío cuando la narración termina? Porque los efectos especiales nunca son suficientes para convencernos, ni siquiera cuando somos niños, de que estamos viendo un buen relato. Porque los realizadores no han confiado ni un poco en la historia que tenían que contar.

Pensemos por un momento en el punto de partida: en una ciudad debajo del océano, una especie de Nueva York habitada por todos los animales del mar, un pez que trabaja en un lavadero de ballenas, Óscar, consigue la fama que tanto anhela cuando los demás peces creen que ha sido él quien ha asesinado a un peligroso tiburón que en realidad ha muerto en un accidente. Si la película se limitara a desarrollar ese primer acto sin perder el tiempo en tramas paralelas, chistes 'para todas las edades' y personajes que sobran de principio a fin (es más, si el primer acto fuera así de simple), no nos veríamos en la penosa obligación de decir que nos ha decepcionado. Y eso que ha salido gratis.

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