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| 9/24/1990 12:00:00 AM

EL MUNDO NO ES COMO LO PINTAN

La abstracción se toma la Casa Negret con cinco artistas contemporáneos.

EL MUNDO NO ES COMO LO PINTAN EL MUNDO NO ES COMO LO PINTAN

La Casa Negret decidió que 1990 sería el año del abstracto. Las puertas de la galería se abrierón para 40 exponentes del arte no figurativo, que se han alternado para mostrar esa manera de expresarse que no es la convencional, por el simple hecho de no utilizar un lenguaje inteligible a primera vista.

Por estos dias, y hasta mediados de septiembre, el turno es para los escultores Edgar Negret y Mónica Negret y para los pintores Manuel Hernández, Jaime Franco y Margarita Gutiérrez. Cerca de 30 obras dan buena cuenta de esta tendencia un tanto revolucionaria que no sólo ha logrado sobrevivir en un país tradicionalista en materia de arte, sino que además se ha ubicado en un lugar privilegiado de la crítica.

El mayor aporte corre por cuenta del maestro Negret. Inspirado con los motivos incaicos que ha venido trabajando en el último lustro, sorprende con la presencia de colores atípicos en su repertorio, como el amarillo encendido y el fucsia. Negret incursiona en la cosmogonía de la cultura que se desarrolló en el legendario Cuzco e interpreta la simbología de los diversos elementos que constituyen una constante en la arquitectura. A partir de las cuatro obras que conforman la serie "Muros del Cuzco", el escultor deja ver su interés por dar realce a la espiritualidad y a la contemplación de la naturaleza que caracterizó a sus antepasados -cabe anotar que la hija de Huayna Cápac viene a ser su tatarabuela-. Por eso el empleo del amarillo del sol y del fucsia sagrado de los incas. Y por eso la adopción de tonos brillantes, por primera vez, para reflejar el profundo culto a los astros. Pero si bien Negret dedica su mayor esfuerzo a la representación mítica, también desciende hasta la base, en busca de una visión conjunta del imperio. De ahí su "Tejido", la escultura con mayor derroche de color, de la cual podrá decirse que ha partido en dos su obra, si el empleo de nuevos tonos y nuevos terminados se hace constante.

Manuel Hernández, por su parte, presenta un signo en evolución. No abandona sus motivos de siempre, pero queda el presentimiento de que está en medio de un proceso. Las nuevas posibilidades se generan a partir de la apertura de sus formas. Sus signos avanzan hacia el infinito, el deseo de movimiento es indudable. El contorno ya no es una camisa de fuerza que encierra. Puede entrar y escudriñar, en ocasiones, el interior del signo.

Con sus óleos de gran formato, Jaime Franco deja claro que lo concreto de su obra son los pigmentos y el color. Lo demás es abstracción pura. Profunda. El artista logra llegar más allá del caos interno de la mente. Registra el punto de partida de las ideas.

A primera vista sus lienzos encajonan. Parece como si no hubiera forma de escapar al esquema. Sin embargo, los dípticos de esta muestra son la mejor prueba de que el esquema ofrece todas las posibilidades de salida.
La continuidad entre una pieza y otra no surge al instante. Pero ahí está la clave. Las cruces del primer lienzo se pierden en el segundo, pero se conserva el plano. Las líneas nunca desaparecen, simplemente adquieren nuevas formas. Con el color ocurre lo mismo. El fondo que enmarca una pieza ya se ha insinuado. La obra de Franco es un desafío de la mente. Para entenderlo hay que formar parte del juego.

La alegría de Margarita Gutiérrez forma parte de la muestra, con una obra que ya se conocía. Toma impulso desde la geometría para explorar nuevas formas. Los colores vivos son una constante. Son los responsables de transmitir el optimismo y la esperanza. La "Semilla de sol" comprueba que la gran estrella no es simplemente amarilla, sino que posee la virtud de dotar de vida y de color todas las cosas de su universo.

Las esculturas de Mónica Negret completan la exposición. Abandonó la madera con la que trabajó tanto tiempo, y ahora presenta una obra construida en hierro, aluminio y bronce. En su mayor parte son ensamblajes realizados para rendir culto a la geometria pura. La artista caucana se interesa por ver la forma original de las cosas, el principio del movimiento, por medio de lo estático. El trabajo del espacio imprime un ritmo delicado en el que las piezas luchan por sostenerse con armonía.

Cinco artistas. Cinco enfoques del mundo a través de la abstracción. Una mirada contemporánea a los sentimientos de siempre.--

EDICIÓN 1888

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