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| 3/21/2004 12:00:00 AM

El otro lado de la cama

Dos parejas madrileñas se cruzan en una divertida historia de amor contada como una comedia musical. **1/2

El otro lado de la cama El otro lado de la cama
Las películas españolas suelen conquistarnos cuando no se avergüenzan de ser españolas. Por eso, esta comedia musical bienintencionada, que se debate entre la sana insolencia madrileña y las cansadas fórmulas norteamericanas, sólo consigue conmovernos a medias. Volteémoslo todo hacia el lado positivo, aunque no haya dicho más desagradable que aquel del 'vaso medio lleno': aun cuando

hemos oído hasta el cansancio muchas de las bromas de El otro lado de la cama -es increíble, por ejemplo, que en España también se caiga en el insoportable recurso de que "Elvis no ha muerto"-, nunca antes habíamos visto una divertida historia de amores cruzados pronunciada con aquel acento contagioso, despojada de los tabúes que carga el cine comercial estadounidense e interrumpida por semejantes coreografías sin sentido. Si uno se toma con calma esta sátira amable, si no se detiene en sus múltiples salidas en falso, al final no sentirá que ha perdido el tiempo: esa es la idea.

Parece que nunca, en la historia del cine de España, se había producido una comedia de estas características. Sí, hace más de 40 años se filmaron versiones de zarzuelas tan conocidas como Las leandras, La verbena de la paloma o Doña Francisquita, y sí, desde siempre se han construido ficciones repletas de números musicales para la gloria de ciertos cantantes populares -pensemos en Sarita Montiel, en Rocío Dúrcal, en los Hombres G-, pero esta es la primera película española en la que los personajes bailan y cantan como si hicieran un paréntesis a los dramas que enfrentan. "Un paréntesis", creo, es una buena definición de lo que hacen las dos parejas en crisis de El otro lado de la cama: interpretan algunas baladas de los años 80, con sus divertidas voces desafinadas, para comprender mejor lo que les está sucediendo. ¿Están enamorados de la persona equivocada?, ¿han descubierto su vocación a la infidelidad?, ¿deben comprender que se debe mentir para conservar un matrimonio? Las dudas, las reflexiones, las respuestas: todo se encuentra en las canciones.

Ha sido gracias al magistral Todos dicen te quiero, musical irónico de Woody Allen, que Emilio Martínez-Lázaro, creador de Amo tu cama rica y Los peores años de nuestra vida, se ha atrevido a filmar esta broma sobre las relaciones románticas. Quien haya visto la gran obra de Allen, fácil de encontrar en los alquileres de videos, sentirá que este experimento español se queda corto, muy corto, como quien trata de imitar a otra persona, porque su guión se empeña en girar a la fuerza, en hacer chistes a partir de cualquier cosa y en resolver más problemas de los que se habían presentado al principio. Lo más probable, sin embargo, es que se disfruten los enredos, los diálogos rápidos y los locos de antología que rodean a los protagonistas. Puede llegar a pensarse, si se está de ánimo, que se trata de una comedia medio llena.

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