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| 2/26/2002 12:00:00 AM

El regreso de Mandrake

La última novela de Rubem Fonseca: otro apasionante enigma policíaco

El regreso de Mandrake El regreso de Mandrake
Rubem Fonseca
Y de este mundo prostituto y vano solo quise un cigarro entre mi mano
Norma, 2001
100 paginas

Se llama Mandrake. Es un abogado criminalista. Para los lectores de Rubem Fonseca no es desconocido: era el protagonista de su novela El gran arte y también de un cuento homónimo. Mandrake: no estaba muerto el inolvidable investigador “de nombre ridículo” y vuelve a ser uno de los protagonistas de su última obra traducida al español, Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano.

Quizá por ser más viejo, más escéptico, ya no interviene tanto en los hechos. Ahora escucha. Prende la grabadora, fuma —“no hay nada igual al tabaco”— y deja que los otros hablen. Gustavo Flavio, el escritor famoso. Amanda, Luisa y Silvia; sus demás amantes. Incluso hasta Raúl, el jefe de la policía. Que hablen todos, él sólo intervendrá para hacer un breve comentario, una pequeña aclaración. Mandrake, baquiano en estas lides, desconfía, sabe que todos mienten: los clientes, los policías, los testigos. Pero los deja hablar con la esperanza que de aquella madeja de testimonios pueda salir alguna luz que ayude a armar el rompecabezas.

Fragmentariamente, entonces, se irá construyendo el relato. Poco a poco iremos sabiendo que alguien le envió la foto de una mujer a Gustavo Flavio y que ésta va a ser asesinada poco tiempo después. Por boca de Amanda conoceremos algo muy importante: dicha mujer —Hilde Keller, la esposa de un embajador— fue amante de Flavio. Por eso ha sido llamado Mandrake. Para proteger a Flavio y para descubrir al autor de la carta y del asesinato. O de las cartas y los asesinatos: habrá otras fotos y otras mujeres muertas.

Tarea nada fácil, se ha dicho, pues los testimonios deben recibirse con beneficio de inventario. En la medida en que entre ellos hay compleja red de deseos —son narradores implicados en el asunto— serán proclives a esconder datos clave, a expresar sólo verdades a medias. Amanda también fue amante de Flavio y dice mantener con él nada más que una relación de amistad. Por supuesto no lo cree así Luisa, la actual compañera de Flavio. Ni Silvia, la hermosa mujer que lo visita los miércoles.

Un apasionante e intenso enigma policíaco nos propone de nuevo Rubem Fonseca con esta novela. Y, desde luego, muchísimo más. Porque —como es siempre su reiterada y obsesiva búsqueda— la trama se encuentra amarrada al deseo, a las misteriosas pulsiones de vida y de muerte que mueven a los hombres.

Gustavo Flavio tiene tres mujeres. Silvia, “la mujer de más perfecto cuerpo en el mundo”, por quien siente una irresistible atracción física; la frágil Luisa que quería casarse con él; y Amanda, aquella con la cual fumaba cigarros y con quien más le gustaba estar, conversar, reír. Cada una de ellas colmaba una necesidad suya. A veces cruza ese límite —su fascinación por las mujeres es tanta que siente “deseos de gritar”—, pero se detiene. “Tres está bien, cuatro es demasiado”. Tres son las Gracias, las diosas de la belleza, en la mitología griega. (También tres son las Furias, las divinidades que persiguen y castigan.)

Aunque suene a justificación, Flavio cree que al hacer el amor con varias mujeres a las que se ama, se descubren interactivamente mundos distintos para él la mujer es el mundo— y se alcanza “la multidimensional comunión del cuerpo y la mente, la plenitud del ser”. Una concepción transgresora del amor que nos conecta con el otro gran tema del libro: la escritura. ¿Por qué y para qué se escribe? ¿Cuál es la relación entre esta pasión solitaria y la pasión amorosa?

La respuesta a tales preguntas nos lleva necesariamente a la resolución de quién es el asesino. Que se sabrá, por supuesto, como corresponde a una buena obra policíaca. Y que, sin embargo, también dejará muchas inquietudes y zozobras: como corresponde a toda buena literatura .

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