Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/18/2003 12:00:00 AM

En la tierra como en el cielo

La historia conmovedora de una joven que fue violada y asesinada y cuenta su historia desde el cielo.

En la tierra como en el cielo En la tierra como en el cielo
De entrada, esta novela propone sus reglas de juego. La narradora, Susie Salmon, una joven de 14 años, está muerta. Fue violada y luego asesinada y descuartizada por "el señor Harvey", su vecino.

Susie vive en el cielo. Un cielo bastante especial: no es igual para todos sino que está hecho a la medida de cada quien. Por eso se le llama "cielo privado". En él se realizan los deseos más sencillos que las personas tuvieron en vida. El de Susie, como corresponde a una adolescente típica de un suburbio de ciudad norteamericana en los años 70 -fue asesinada exactamente el 6 de diciembre de 1973-, no es muy sofisticado: tiene un apartamento dúplex, un colegio sin profesores -los libros de texto son revistas light-, muchos perros y los muchachos no "les pellizcan el culo" ni les dicen a qué huelen. Pueden observar a los vivos y adentrarse en sus secreteos más íntimos. Pero no pueden seguir creciendo y, desde luego, hacer lo que más anhelan: vivir. "Eso está descartado", le aclara Franny, su consejera.

Por obvias razones, Susie continúa apegada a la tierra. Fue separada de una manera demasiado violenta, nadie ha encontrado sus huesos y su asesino -que ya lleva siete mujeres en su cuenta- anda suelto impunemente y es capaz de decirle a su madre: "Espero que cojan a ese malnacido. Lo siento mucho".

Hasta aquí, habrá deducido con justicia el lector de esta nota, una novela un tanto sospechosa: el recurso de la historia contada por un muerto no es nuevo. Tal vez lo sea que se encuentre en el cielo; sin embargo esto último, que puede resultar muy cómodo a la hora de utilizar sin justificaciones un narrador omnisciente (narrar desde el cielo permite una amplísima perspectiva, qué duda cabe), puede convertirse en seria desventaja: no es para nada fácil hacer creíble el cielo. Y si a lo anterior le sumamos su condición de apabullante best-seller en Estados Unidos e Inglaterra, las dudas aumentan.

Pero las sospechas son despejadas muy rápidamente. La voz de esta joven narradora nos cautiva desde las primeras líneas. La forma en que cuenta su violación y posterior asesinato es inmejorable: estremecedora sin ser tremendista. Posee ese tono inconfundible de la adolescencia, aquella dosis justa de inocencia y desencanto. A medida que el relato avanza, su dulce nostalgia de la tierra va demoliendo todas nuestras defensas.

En realidad no es una historia del cielo sino de la tierra: de cómo los vivos olvidamos a nuestros muertos, de cuánto sufren cuando somos ingratos con ellos. Del dolor sin nombre (en ninguna lengua se ha inventado una palabra para decirlo) que es la pérdida de un hijo: "Pero mi padre, ahora me daba cuenta, nunca me había dejado. Su devoción por mí me había hecho saber una y otra vez que me había querido. A la cálida luz de su amor, yo había seguido siendo Susie Salmon, una niña con toda una vida por delante".

Susie Salmon ve vivir y sufrir a su familia. Impotente, ve cómo se derrumban sus padres, cómo su hermana menor, Lindsay, se erige en un baluarte y también se encuentra muy cerca de morir (en una escena que pone los pelos de punta) a manos del asesino Harvey. Ve crecer a su novio, a sus compañeros de colegio, a Ruth, que se ha obsesionado con ella. Ve la ineptitud de la policía y la solidaridad de la gente que la quiere. Ve, con infinita tristeza, cómo sigue indiferente la vida sin ella.

No, la línea divisoria entre los vivos y los muertos no es tan nítida como creemos, parece recordarnos esta novela. Tal vez, como sabía la esotérica Ruth, los muertos realmente nos hablan: en el aire que rodea a los vivos los espíritus se mueven, se entremezclan y ríen con nosotros. "Son el oxígeno que respiramos".

Cuando Ulises visita el Hades, Aquiles le dice que cambiaría su prestigiosa condición de muerto heroico, por estar un segundo vivo y aunque fuera en la piel del más humilde de los hombres. Es lo mismo que siente Susie, un desesperado y contagioso amor por la vida. (Para Germán Pardo, in memoriam)

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com