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| 3/4/2006 12:00:00 AM

Entre sombras

Hace 400 años nació Rembrandt, un artista genial y atormentado. Su obra, una de las más influyentes en la historia del arte, se exhibirá durante el año en los principales museos de Holanda y del mundo.

Entre sombras, Sección Cultura, edición 1244, Mar  4 2006 ‘La ronda nocturna’ es tal vez el cuadro más famoso de Rembrandt y el más visitado del Rijkmuseum de Ámsterdam. Esta obra es la estrella de la exposición que se inauguró en días pasados para festejar los 400 años de su nacimiento y que ha sido llamada Todo Rembrandt.
"Hay que haber estado muerto varias veces para pintar así", dijo Vincent van Gogh cuando vio por primera vez un cuadro de su compatriota Rembrandt. Y es que pocos artistas han logrado crear una obra tan profunda y tan intensa como la de Rembrandt. Sus retratos, sus dibujos y sus grabados no sólo impresionaron a Van Gogh, sino que marcaron el trabajo de grandes maestros como Delacroix, Goya, Velázquez, Soutine, Bacon y Picasso. Y no sólo eso: su uso de la luz ha inspirado a fotógrafos y cineastas (de hecho, todavía se habla de la "iluminación Rembrandt"). Por eso no es arriesgado decir que la obra de este pintor, que nació en 1606 en Leyden, Holanda, es una de las más influyentes en la historia del arte.

Retrato de un artista

Desde cuando comenzó a pintar, Rembrandt Harmenszoon van Rijn se obsesionó con su propio rostro. Es difícil encontrar otro pintor que se haya retratado tantas veces y de maneras tan diferentes: se dice que existen más de 100 autorretratos suyos. Por eso, su mejor biografía es su propia obra: es el retrato de una vida genial y a la vez terriblemente atormentada.

En 1621 comenzó su aprendizaje con Jacob van Swanenburgh, un pintor formado en Italia. En su modesto taller de la calle Langebrug hizo sus primeras obras. Luego viajó a Ámsterdam para continuar sus estudios en la escuela de Pieter Lastam. Sin embargo, muy pronto Rembrandt demostró que su talento era superior al de sus maestros y regresó a su ciudad natal para fundar su propio taller. Allí pulió su técnica y comenzó a pintar escenas inspiradas en la lectura de la Biblia. También empezó a interesarse por la figura de los ancianos: el rostro de los viejos se convirtió en uno de sus temas favoritos.

Poco tiempo después de abrir el taller, recibió la visita de Constantijn Huygens, uno de los intelectuales más conocidos de su país. La obra de Rembrandt sorprendió al escritor y diplomático, quien de inmediato le compró varios cuadros. Así mismo, Huygens lo convenció de que regresara a Ámsterdam que, a mediados del siglo XVII, era una de las ciudades más activas de Europa. En 1632 Rembrandt se instaló allí y, gracias al apogeo económico y cultural, pudo dedicarse a vender su trabajo.

Ámsterdam era en ese momento la capital económica de un vasto imperio colonial y esto le permitió al artista apreciar lo mejor del arte europeo del momento. Rembrandt conoció en Ámsterdam la obra de varios pintores italianos y pudo ver mucho teatro. Justamente fue este contacto con el arte dramático lo que inspiró su primera gran obra: La lección de anatomía del Dr.Tulp, de 1632. Desde entonces, le dio gran importancia a la manera como la luz y la puesta en escena afectaban a los personajes de sus cuadros. Esta obra tuvo un gran éxito y significó una avalancha de encargos de diferentes coleccionistas.

A partir de entonces comenzó una etapa llena de triunfos y felicidad, que duraría poco. En 1635, Rembrandt ya era uno de los artistas más reconocidos de Europa y fue entonces cuando conoció a Saskia van Uylenbruch, una joven millonaria con quien se casó un año más tarde. Se instalaron en una mansión y el pintor se dedicó a comprar obras de arte y a coleccionar objetos exóticos. De hecho, en muchas de sus obras, incluía algunos de estos objetos extraños. Durante esta época feliz, conocida como el Período de Ámsterdam, pintó algunos de sus mejores cuadros como Visitación de la Virgen a Santa Isabel, La unión del País, Dánae y Ceguera de Sansón.

Tiempos oscuros

A partir de entonces, Rembrandt comenzó a romper con varios esquemas y, particularmente, con la manera de pintar del Manierismo y del Renacimiento. A diferencia de sus antecesores, él no quería representar figuras artificiales, ni personajes con una belleza idealizada. Prefería, en cambio, retratar a las personas como eran en realidad. Además, decidió iluminar sus figuras de una forma completamente diferente, como si cada cuadro fuera un escenario con una luz particular. "Se dedicó obsesivamente a buscar los secretos interiores de la belleza interior, el hombre y la mujer reales, desplumados de artificio, lejos de la vanidad inventada que adornaba las pinturas de su tiempo", dice Ángela Molina, crítica de arte española.

Esta técnica está presente en la que es considerada una de sus mejores pinturas: La ronda nocturna, de 1642. Este cuadro lo convirtió en uno de los artistas más admirados del continente. Pero fue en ese mismo momento cuando comenzó a vivir su tragedia personal. Sus primeros tres hijos murieron prematuramente y ninguno de ellos llegó a vivir más de dos meses. Además, en 1642, su esposa murió durante el nacimiento de su único hijo sobreviviente, Tito. Rembrandt cayó entonces en una terrible depresión que se ve reflejada en su pintura. Su paleta se volvió un poco más oscura, y sus formas, más clasicistas. En ese momento empezó a jugar con los contrastes del claroscuro, como lo hacía en Italia Caravaggio y como lo haría más tarde Jan Vermeer, otro gran maestro holandés. Este fuerte efecto de luz y oscuridad se puede ver en obras como Retrato de Saskia y Mujer en el baño.

Un poco después de la muerte de su esposa, Rembrandt inició un romance con la niñera de su hijo, Hendrickje Stoffels, una relación por la que fue muy criticado. A esto se le sumó que su situación económica se deterioró. Rembrandt perdió muchísimo dinero y se vio en la obligación de vender toda su colección de arte y de subastar casi todos sus bienes. Pero esto no afectó su capacidad creativa. Durante este difícil período pintó grandes cuadros: Los síndicos del gremio de pañeros, La novia judía y Retrato de familia.
En la última década de su vida artística, Rembrandt volvió ante todo a los temas bíblicos y pintó cuadros maravillosos como Moisés rompiendo las tablas de la ley, La bendición de Jacob, La negación de San Pedro y Autorretrato que representa al Apóstol San Pablo. Y es que a partir de 1650, empezó a pintar con una técnica que se denominó "forma cruda": alternaba pinceladas anchas con líneas finas, pinceladas de brocha gorda con pinceladas secas. Pintaba las caras y las manos de sus personajes muy finas, mientras que la ropa la realizaba con brochazos. Así les daba relieve a sus cuadros.

Mientras tanto, los problemas continuaron. Pronto perdió todo y debió mudarse a una pequeña casa en Rozengratch, una de las zonas más pobres de Ámsterdam. Además, Hendrickje Stoffels falleció en 1663; su hijo, en 1668, y su nuera, en 1669. La muerte de todos sus familiares lo dejó completamente solo y en la pobreza. El pintor no pudo soportar esta situación y murió en 1669, a los 63 años.

"Rembrandt hizo dos aportes fundamentales a la pintura. El primero es el manejo de la luz y la forma -casi teatral- de iluminar las escenas. El otro es la humanización de los personajes. Siempre se negó a maquillar o a ocultar la esencia de sus modelos. Por eso, da la impresión de que se hubiera apoderado del alma de los personajes que pintó", le dijo a SEMANA Ángela Santamaría, profesora y crítica de arte. Porque no cabe duda de que Rembrandt entendió que el arte era la mejor forma de comprender la condición del hombre. Y por eso, sus retratos y sus autorretratos son un testimonio de esa búsqueda constante.

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