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| 3/24/2003 12:00:00 AM

"Es una novela y no un libro de historia"

Esta semana se lanza a nivel mundial 'El Paraíso en la otra esquina', la nueva novela de Mario Vargas Llosa. SEMANA habló en exclusiva con el escritor peruano sobre su libro.

Flora Tristan se habia convertido en una obsesión para Mario Vargas Llosa desde muchos años atrás. El escritor peruano siempre había manifestado su intención de escribir una novela sobre la vida de esta mujer francesa, considerada la precursora del feminismo, que nació en París el 7 de abril de 1803. Ella pregonó la igualdad de la mujer en una sociedad completamente machista, pero también cuestionó la vida de los obreros y siempre optó por una igualdad social a toda costa. Sus libros, como Peregrinaciones de una paria, Mephis o el proletario, La unión obrera, La emancipación de la mujer o el folleto Necesidad de dar una buena acogida a las mujeres extranjeras, están cargados de sueños, de utopías.

Fue hija del coronel peruano Mariano Tristán y Moscoso y de la francesa Teresa Laisney. Estuvo casada pero de su matrimonio no tuvo buenos recuerdos. Su esposo, André Chazal, se encargó de atormentarla e inducirla a abandonar el hogar que tenían. Con él tuvo tres hijos, entre ellos Aline, quien sería la madre del pintor Paul Gauguin.

Ese descubrimiento llevaría a una segunda obsesión a Vargas Llosa: la vida de uno de los más importantes artistas de la historia. Gauguin, al igual que su abuela, también vivió en Perú por algún tiempo. Los dos -en momentos diferentes pues nunca se conocieron- vivieron en una sociedad francesa a la que nunca creyeron pertenecer. Esas dos vidas, esas dos historias, son el eje de El Paraíso en la otra esquina, la novela de Vargas Llosa que esta semana se lanza en España a nivel mundial. Después de una extenuante investigación que dejó como resultado uno de sus libros más aplaudidos, La fiesta del Chivo, el escritor sorprende de nuevo con este extenso libro. SEMANA habló en exclusiva con Vargas Llosa.

SEMANA: ¿Por qué esa obsesión por Flora Tristán?

Mario Vargas Llosa: La primera idea me vino cuando era universitario y leí Peregrinaciones de una paria, el libro de memorias de Flora Tristán. Me impresionó mucho y me daba vueltas en la cabeza la idea de escribir alguna vez sobre ella. Lo tuve siempre allí en carpeta y a lo largo de años he estado leyendo cosas, tomando notas y en realidad sólo cuando empecé a trabajar en el libro es que de pronto se me ocurrió incorporar a Paul Gauguin porque descubrí que tenían -aunque no se conocieron porque él nació cuatro años después de la muerte de la abuela- personalidades parecidas. Un carácter muy fuerte, voluntarioso, con gran terquedad, pasión. Los dos se entregaron con todo a sus sueños, ella a sus sueños políticos y él a los artísticos. Comprometieron sus vidas por esa búsqueda de ideales de tipo utópico en ambos casos. Eso me dio la idea de escribir una novela con dos tipos de utopía en una época, en un contexto, en un tiempo -el siglo XIX- en Francia, en que las utopías tenían un tremendo arraigo en la vida social, política y artística, y también por el hecho de que ellos, aunque franceses, tuvieron una relación con el Perú y la experiencia de ambos en ese país tuvo un efecto claro sobre sus vidas y sus obras.

SEMANA: La historia comienza cuando Flora y Gauguin están en el ocaso de sus vidas. ¿Por qué?

M.V.Ll.: Yo he tomado dos ejes importantes para ambos. En el caso de Flora, los últimos ocho meses que le toma esa gira que hace por el sur de Francia promoviendo la Unión Obrera Internacional, que ella intentó crear, en la que quería unir a los mujeres con los obreros y que termina con su muerte. En el caso de Gauguin he tomado los últimos siete años de su vida desde que se va a la Polinesia. Pero desde luego, en cada capítulo, desde que se narra esa secuencia, hay como unos flash back, unos regresos a ciertos momentos del pasado, para que al final el lector tenga una idea total de la persona, toda su trayectoria vital.

SEMANA: ¿Qué fue lo que más le impactó de Flora Tristán?

M.V.Ll.: Su audacia, su coraje fuera de serie. No hubiera podido hacer lo que hizo en una época en la que había un machismo tremendo sin esa personalidad. Las mujeres existían sólo como ciudadanos de segunda categoría y ella entró a disputar de igual a igual con los hombres la dirección política. Sobre todo en la época en que comienza a hacer propaganda para la Unión Obrera. Allí empieza a buscar a los obreros, a mirar dónde estaban, los buscaba en los talleres, en los bares, porque no había sindicatos pero sí sociedades de ayuda mutua.

SEMANA: ¿De sus ideas qué le llamó la atención?

M.V.Ll.: Muchas de las ideas que ella defendió en su época eran tremendamente audaces. Por ejemplo, su campaña contra el trabajo infantil era un cosa impresionante. Descubrió que en los talleres, en las fábricas, había niños de 7 u 8 años que trabajaban. Además la campaña para que se redujeran los horarios. Se trabajaban 15 y a veces 18 horas diarias. No había la más mínima protección. Y sobre todo, lo que era el caballo de batalla de toda su campaña, la igualdad con las mujeres. Ellas ganaban la tercera parte que los obreros. Desde el punto de vista legal la situación de la mujer era monstruosa, no existía. El marido tenía tal autoridad, salvo para matarla, que podía hacer con la mujer lo que quería. Víctima de todo eso, ella padeció lo indecible con el marido, una bestia con la que estuvo casada. Ella llegó a defender cosas muy audaces. Estaba en contra del matrimonio, pensaba que era la compraventa de las mujeres y que mientras existiera el matrimonio iban a ser unas esclavas y, por lo tanto, lo que debía haber sería unas alianzas libres que estaban un poco en la cultura de las utopías de la época.

SEMANA: Irónicamente Gauguin, su nieto, no tuvo problema con tener amantes de apenas 13 años.

M.V.Ll.: Hoy Gauguin posiblemente hubiera sido enjuiciado porque realmente le gustaban las niñas. Fue un gran artista pero no se puede decir que fuera una buena persona. El era muy difícil de llevar. Sus amigos, sus amantes, sus familiares, tuvieron que hacer enormes concesiones porque era extremadamente egoísta y más cuando decidió que tenía que ser un salvaje para ser un gran artista. Allí cometió muchos abusos y muchos atropellos.

SEMANA: ¿Cómo fue el proceso de investigación de la novela?

M.V.Ll.: Prácticamente he recorrido los lugares en donde vivieron ambos. Los sitios de Francia, por lo menos donde pasaron algún tiempo y en donde tuvieron experiencias centrales de sus vidas. Lo hice no con la idea de construir un libro exacto pues es una novela, no un libro de historia, pero sí para familiarizarme con el entorno, los paisajes en los que se movieron. Eso a mí me quita un poco la inseguridad, me da muchas ideas, muchas sugestiones. Gauguin pasó sus últimos años en Tahití y los dos últimos en una islita de las Islas Marquesas. Ese viaje fue muy importante porque me dio una idea de lo que debió ser la vida del pintor en un lugar tan primitivo, tan remoto. De pronto Tahití sí ha cambiado pero las Islas Marquesas siguen siendo un lugar muy primitivo, muy aislado. Ahí pude hacerme una idea de lo que fue la experiencia de Gauguin.

SEMANA: Y en cuanto a bibliografía ¿había buen material?

M.V.Ll.: Sí, hay mucho. De Gauguin hay más, por su puesto. Pero en los últimos años ha habido un descubrimiento de Flora, sobre todo en los movimientos feministas. Muchos profesores universitarios han hecho estudios, han publicado la correspondencia, han reeditado los libros, folletos, así que sí hay bastante material.

SEMANA: En medio de esa investigación ¿recuerda alguna revelación especial?

M.V.Ll.: Muchas, porque la novela se ha ido haciendo en función de esta investigación. Me intrigaba mucho la pintura de Gauguin, sobre todo de la época polinesia, la gran abundancia de esas figuras un poco ambiguas que parecían estar en la frontera de lo femenino y lo masculino. Yo descubrí que en todo el mundo maorí esas figuras intermedias, hombres-mujeres, mujeres-varones, no solamente existían sino que estaban totalmente integradas a la sociedad. Eso impresionó a Gauguin y se refleja de una manera muy clara en su pintura. Eso realmente fue para mí muy revelador, muy instructivo, porque eso tuvo un papel muy importante en la vida y la obra del pintor.

SEMANA: En el libro hay anécdotas muy específicas que aluden al origen de las principales pinturas de Gauguin. ¿Son reales estas anécdotas?

M.V.Ll.: Sí, por supuesto. Por ejemplo, el Manao Tupapau es uno de sus cuadros más famosos, más bellos, es una de las obras maestras y afortunadamente su gestación está muy documentada. Esa imagen de Teha'amana, su amante, con esa cara de espanto por encontrarse en la oscuridad cuando el pintor entró a la habitación. El lo contó muchas veces, escribió en cartas esa experiencia y también las relató en unas memorias que escribió al final de su vida.

SEMANA: ¿Cuál es el límite entre la ficción y la realidad?

M.V.Ll.: La mayoría son episodios bastante evidentes que ocurrieron, como cuando Gauguin empezó a sentir atracción por otro hombre. El lo cuenta de manera velada pero en el fondo el episodio sí ocurrió. Los capítulos de Gauguin están organizados casi todos en torno a un cuadro importante sobre el que existen algunas fuentes que me han permitido -obviamente reelaborando mucho, inventando mucho- reconstruir lo que fue la gestación de cada cuadro en la vida de Gauguin, la manera como la vida de él se cristalizó en algún momento en una obra. Yo las he reelaborado tomándome algunas libertades que me da el hecho de ser un novelista. Pero los datos básicos sí son exactos.

SEMANA: Trujillo, Flora Tristán, Gauguin. ¿Hay otros personajes históricos de los que le gustaría escribir?

M.V.Ll.: No por el momento. Estoy trabajando en un ensayo sobre Víctor Hugo y Los Miserables, lo que fue la gestación de una gran ficción. No quería meterme de una vez en una gran novela. Se me van acumulando los proyectos.

SEMANA: Cambiando de tema. La guerra es un hecho, ¿pero es justificable?

M.V.Ll.: Esta guerra no está justificada. Yo creo que hay guerras justas, como la guerra para liberar a Kuwait, allí la invasión era justificada. Yo la apoyé, también apoyé la de Kosovo porque ahí había un caso flagrante de genocidio de albano-kosovares. Pero en este caso no veo una justificación para una intervención armada. Parece más un acto de venganza por los actos ocurridos el 11 de septiembre y creo que eso es lo que ha motivado una opinión pública tan hostil. En Gran Bretaña, en este caso, no hay una mayoría absoluta en contra de la guerra y sobre todo en una acción unilateral. Es una situación muy delicada pues una acción unilateral altera el orden legal internacional, que de paso quedará destruido.

Y por otra parte, también es verdad por la división que hay en enfrentamientos sin precedentes como el que hay entre Francia y Estados Unidos y el antiamericanismo que esto ha levantado por Europa. El que al final se va a salir con la suya es el propio Saddam Hussein, que también es un tirano, un genocida. En todos los casos es grave la situación para la comunidad internacional. Creo que es importante defender el orden internacional y que los países se ajusten a eso. La lucha contra Hussein debe hacerse -yo he sido el primero en luchar contra todas las dictaduras- pero dentro de una legalidad y no en una acción unilateral.

SEMANA: ¿Es posible acabar con el terrorismo?

M.V.Ll.: Yo creo que los Estados democráticos no solamente tienen el derecho sino también la obligación de combatir el terrorismo, porque eso es lo que va a destruir la democracia y va a establecer regímenes dictatoriales, en los que los derechos humanos son versados y destruidos. Deben enfrentarse con firmeza pero sin perder esa legalidad, sin perder esa superioridad moral que tiene un gobierno democrático contra los terroristas.

SEMANA: Usted ha sido uno de los más duros críticos contra Fujimori. Ahora que no está ¿cómo ve al Perú?

M.V.Ll.: La dictadura dejó un país destrozado, no solamente por los crímenes, las torturas, las desapariciones, sino sobre todo por los robos cuantiosos. Nunca se ha saqueado al país como lo hicieron Fujimori y Montesinos, robándose cientos de cientos de millones de dólares, que fueron utilizados para comprar periodistas, jueces, militares. Al final la corrupción fue tan generalizada que el país ha quedado destrozado física y moralmente. La reconstrucción es lenta, la lucha contra la corrupción avanza con mucha lentitud porque toda la mafia de Fujimori tiene fuerza, dinero, tiene todavía un poder de corrupción e intimidación bastante grande. Lo que es una pena es que el gobierno de Japón esté amparando a ese criminal a pesar de que la comunidad internacional lo está buscando. Es una complicidad que es difícil de entender.

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