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| 10/9/2000 12:00:00 AM

Eso que se llama unísono

Michel Camilo, al piano, y Tomatito, en la guitarra, desafían la vieja rivalidad entre estos dos instrumentos. El balance sonoro es óptimo.

Eso que se llama unísono Eso que se llama unísono
Guitarra y piano comparten, en el gran ámbito de los instrumentos occidentales, la misma intención de sobresalir. Cuando una habla el otro calla, y a la hora de ensamblar la música parecieran ser excluyentes. Tal rivalidad es la que hace escasear discos como Spain, que de entrada exhibe a su favor la mente abierta con que un pianista y un guitarrista han buscado eso que se llama el unísono.

En teoría, la alianza planteaba ciertas dificultades porque, aparte de la alta calidad de los intérpretes, no es mucho más lo que tienen en común. Michel Camilo es reconocido como un enérgico pianista entre los nuevos nombres del latin jazz; en tanto que Tomatito sobresale por su aporte diáfano a la tradición de la guitarra flamenca.

Lo más probable, entonces, es que hubieran entendido el proyecto de un disco conjunto como una vitrina para exhibir cada uno sus destrezas. Pero no. Felizmente, el álbum Spain triunfa por ser un esfuerzo equitativo desde todo enfoque: Michel Camilo y Tomatito saben que son virtuosos de sus instrumentos, pero sobre todo han sido conscientes de que esos virtuosismos no pueden llevarlos a ningún lado si no apuntan a una unidad musical. Un punto equidistante entre el sentir del flamenco y el desenfado del latin jazz.

Han sabido que se trata, por ende, de encontrar un balance óptimo. Por instantes, para que la guitarra se luzca el piano se acalla; y luego emerge de nuevo el sonido de las teclas, y entonces son las cuerdas las que pasan a sosegarse. En ese ejercicio de alternancia de la melodía, que algunos oyen como una conversación de los instrumentos, estos dos músicos han entendido que lo importante no es lo que haga cada uno sino la cohesión que alcance el sonido final.

En ese sentido, la recreación del ambiente español a través de la música es apenas el pretexto. Desde luego, son admirables sus evocaciones de autores que van desde el clásico Joaquín Rodrigo hasta el jazzista Chick Corea, pero tal vez el verdadero aporte del disco es la lección de humildad en la que termina convirtiéndose este encuentro de dos virtuosos.

Claro está que, si se quiere ser justo, habría que hablar de un tercer talento. Y no es que haya más instrumentos que los que hemos mencionado, sino que una interpretación como ésta necesitaba de una ingeniería de sonido idónea. La voz del piano tiende a opacar las de otros instrumentos que suenen a su lado. El encargado de la grabación tiene que saber qué tan cerca de la guitarra ubica un micrófono, qué tan lejos del piano ubica el otro. El sonido resultante es tan equilibrado que el ingeniero de sonido merece igual crédito como virtuoso. Se llama Phil Magnotti.

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