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| 1/1/1996 12:00:00 AM

FANFARRIA DE SUEÑOS

'Los sueños de Dios', última creación de La Fanfarria, además de ser la más importante obra infantil del año convence también al público adulto.

FANFARRIA DE SUEÑOS FANFARRIA DE SUEÑOS
DESDE LOS tiempos bíblicos, cuando Dios se le aparecía a la vuelta de cada árbol a sus hijos preferidos, pocas veces había vuelto a dar la cara en público. Pero en Los sueños de Dios, la última obra del grupo paisa La Fanfarria, es posible verlo de frente, escupiendo por su boca a todos los seres de la creación y dejándolos solos en una naturaleza que, desde Adán y Jonás, se les viene saliendo de las manos. Para esta magistral y conmovedora representación, el grupo no necesitó de ningún Steven Spielberg ni utilizó efectos especiales de computador. Al contrario, para hablar de temas divinos y estelares echó mano de materiales cotidianos como telas, algodón, muñequitos de tienda, niños Jesús de pesebre, indiecitos de madera y claro está, uno de los cuatro elementos: el fuego purificador con el que Dios da su última palabra sobre el universo.
Gracias a esta puesta en escena, simple en su base material pero de una complejidad maravillosa en el manejo conceptual y espacial, el grupo da una versión particular del Génesis en la que Adán se parece más a un muisca que al rubio Adán de los libros de religión y revive con precisión el misterio del mito de la creación, del diluvio y de la responsabilidad humana sobre el pedazo de cosmos que le tocó. Pero lo más importante de todo, logra la nada fácil tarea de hablar en un tono íntimo sobre un tema que siempre es mejor insinuar con silencios y música, que con los primeros planos y efectos sofisticados de Hollywood que matan todo sentimiento o reflexión.
Estas soluciones escénicas son consecuentes con el definido estilo de un grupo que para acercarse a la percepción infantil decide hablar el lenguaje del gran arte, recurrir a la riqueza de las constantes míticas y preocuparse de los temas universales con profundidad de filósofos y sonrisa de poetas.
Después de 22 años de trabajo, de 18 obras originales, de participar en 39 eventos internacionales y de más de mil muñecos originales el grupo, compuesto por Jorge Luis Pérez, Alvaro Posada y Ana María Ochoa, sigue mostrando uno de los trabajos más destacados del teatro nacional.
Pero a pesar de un nombre tan sonoro como La Fanfarria, precisamente ha sido el silencio el que ha caracterizado su rica labor. Sin exhibicionismos circenses, sin alzar la voz, sus experimentaciones con el lenguaje, los colores, la música han logrado la nada fácil tarea de acercarse al sutil mundo infantil. Esto no significa que sus actores se vistan de payaso, vociferen chistes o manipulen muñequitos de trapo impostando voces chillonas. Respetando al niño y decidiéndose por una exuberante plástica, La Fanfarria explota una concepción del mundo que pueden compartir niños y adultos con un arsenal depurado de recursos estéticos y sensoriales que hacen de su trabajo una experiencia única. Por esto creaciones como Cuartico azul, Constelaciones, El negrito aquel o El gigante dientón no enriquecen sólo el teatro infantil, del que sin duda son los máximos exponentes del país. Las obras de La Fanfarria hacen parte ante todo de la más destacada vanguardia del teatro colombiano en general.
Este año el grupo inauguró la nueva etapa del Teatro Infantil del Parque en Bogotá y desde el 11 hasta el 14 de diciembre estará en la Casa del Teatro (7:30) como invitado especial del evento 'Bogotá en escena'. Será pues una buena oportunidad de acercarse a una obra, seleccionada para el Festival Nacional de Teatro del próximo año, que reconcilia al espectador, niño y adulto, con la vida, la poesía y la Imaginación.

LA MIRADA FEMENINA
Pilar Zea y Lola Castello exhiben en Cooperartes, de Bogotá, su obra reciente.
DESPUES DE 15 años dedicada a la pintura figurativa, Pilar Zea siente que ha llegado el momento para la abstracción. Sus figuras femeninas, unas bastante naturales, otras llevadas a una fina concepción expresionista, han dado paso a una pintura que, según ella, está al borde del arte abstracto.
Así, entre las llamativas mujeres que han sido motivo recurrente en su obra, en la más reciente muestra de su trabajo que se estrena esta semana en la galería de Cooperartes, de Bogotá, Pilar presenta una serie de cuadros urbanos que no tienen la intención del paisaje sino la del detalle, representado en las fracciones de ciudad que cualquier observador puede mirar con solo asomarse a la ventana: porciones de edificios, azoteas coronadas por tanques de agua y antenas de televisión. Zea ha iniciado su proceso con estos detalles para acercarse cada vez más a ellos y llegar a representarlos -incluso- solo con una línea, una mancha.
Lola Castello, por su parte, presenta al público su visión de la feminidad, expresada en sus esculturas en bronce, en el óleo y en la acuarela. Sus mujeres expresionistas invitan al espectador a proyectar su imaginación por encima de las siluetas para escudriñar el fondo de unas figuras que inventan un cuerpo en cada imagen.
Las obras de Zea y Castello estarán exhibidas en Cooperartes desde esta semana y hasta el próximo 14 de diciembre.

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