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| 1/27/2006 12:00:00 AM

Flores rotas

La más reciente película de Jim Jarmusch se ríe, sin perder de vista el drama, del triste mito de don Juan.

Flores rotas Emprenderá un viaje por los amores del pasado apenas reciba una carta anónima que le informa que alguna vez tuvo un hijo.
Título original: Broken Flowers
Año de producción: 2005
Guión y Dirección: Jim Jarmusch
Actores: Bill Murray, Jeffrey Wright, Sharon Stone, Frances Conroy, Jessica Lange, Tilda Swinton, Julie Delpy, Alexis Dziena, Christopher McDonald, Chloë Sevigny

P­ocas cosas tan ridículas como un 'don Juan' viejo. El protagonista de Flores rotas, un mujeriego entrado en años que soporta con dignidad el nombre de Don Johnston (si no fuera por la 'te' se llamaría igual que la estrella de Miami Vice), comienza a darse cuenta de ello -de que un galán de la tercera edad es un hombre grotesco- cuando su última novia decide dejarlo y una carta anónima le da la noticia de que alguna vez tuvo un hijo con una de las tantas amantes que ha tenido en la vida. Dice el mensaje que el heredero fue concebido hace 20 años. Y que no es un hijo cualquiera, no, sino un hijo adolescente que se ha ido de la casa. Por supuesto, cualquier hombre decente iría en su búsqueda. Y el hastiado Johnston, un magnate en sudadera que hace lo que puede para disfrutar de su retiro, parece resignado a convertirse en un hombre decente.

Sólo Bill Murray podía encarnarlo. Ningún otro actor habría sido capaz de ponernos de su lado sin merecerlo del todo. Su cinismo irredimible, sus hombros encogidos y su ternura a destiempo (que han hecho memorables películas como Hechizo del tiempo o Perdidos en Tokio) lo acompañan mientras trata de hacer las paces con un pasado que es una suma de las víctimas de su egocentrismo. Aunque su sentido del humor característico -un extraño humor contenido- no lo abandona en ningún momento, su interpretación nos recuerda, incluso en las escenas más ligeras del largometraje, incluso durante los diálogos más divertidos, que en realidad estamos ante un drama desolador: tal vez sea demasiado tarde, sentimos, para que el tal Don Johnston encuentre las dos respuestas que podrían salvarlo del tedio, darle sentido a su futuro, redimir su vida.

No es el misterio (que mueve la historia hacia delante) ni la risa (que hace más fácil la desolación) lo que más le interesa a esta producción. Son los pequeños pretextos que nos sirven para inventarnos una vida entera lo que fascina a su director, Jim Jarmusch, desde que la misteriosa carta aparece bajo la puerta del protagonista. La cámara sigue al triste 'don Juan', al ritmo de la extraña banda sonora, como una paciente compañera de viaje. Y se sorprende, igual que él, con cada mujer que se encuentra por el camino: todas parecen haberse llenado de mentiras -de identidades, de rutinas, de conversaciones sobre nada- para llegar, sin perder la cabeza, a la vejez de la que nadie se salva. Y lo han hecho, entre otras cosas, porque así son los héroes de los relatos de Jarmusch. Los personajes de sus mejores trabajos, Extraños en el paraíso, Down by Law y Mystery Train, dejan de ser extranjeros en el mundo cuando descubren que los demás también son extranjeros.

Es un pobre consuelo. Pero quizá le sirva a este nuevo turista, el Don Johnston de Flores rotas, para no perder lo que le quede de vida frente al gigantesco televisor de la sala de su casa. n

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