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| 12/8/2003 12:00:00 AM

Homenaje a Roberto Bolaño

Se reeditan todas las obras del escritor chileno Roberto Bolaño, recientemente fallecido.

Homenaje a Roberto Bolaño Roberto Bolaño obtuvo el premio Herralde y el Rómulo Gallegos por su novela Los detectives salvajes.
Valerio Massimo Manfredi
Alexandros
Grijalbo Mondadori, 1999
308 paginas
$ 19.500

Dicen que fue el último escritor en creer que la literatura es lo más importante que hay sobre la tierra. Y no sólo eso: dicen que muchas veces consiguió convencer a los lectores que efectivamente era así.

Roberto Bolaño fue un escritor apátrida. Nació en Santiago de Chile en 1953 el mismo día en que murieron Stalin y Dylan Thomas. El horror de Pinochet -y luego la claudicación burguesa chilena- estuvieron muy presentes en sus libros. Emigró a México en 1968 y allí se quedó hasta 1978. Con el poeta Mario Santiago fundó un grupo de vanguardia, los infrarrealistas, que alborotó la república mexicana de las letras en los años 70. "De México obtuvo el paraíso mítico, de Chile el infierno de lo real". Terminó viviendo en Blanes, un pueblo en el que empieza la Costa Brava, en su amada Cataluña, que le enseñó "el difícil arte de la tolerancia" y donde este año encontró la temprana muerte mientras esperaba un hígado que nunca llegó para su trasplante.

Anónimo y marginal, vagabundo literario, ejerció casi todos los oficios "excepto los tres o cuatro que alguien con cierto decoro se negara a ejercer". Escribió varios libros de poesía pero el reconocimiento sólo le llegó con La literatura nazi en América, una novela satírica en forma de diccionario que incluye una antología de autores inventados. La ampliación de su último capítulo se volvió otra novela: Estrella distante, sobre la represión en Chile y un personaje, Alberto Ruiz-Tagle, esteta del horror muy singular: asiste a talleres literarios, seduce poetisas que luego descuartiza bajo su otra personalidad, la del teniente Carlos Wieder, un fascista que tiene el proyecto de elevar la poesía al firmamento: escribir en el cielo a bordo de un viejo avión versículos del Génesis. Ahí se cumple la paradoja preferida de Steiner y Walter Benjamin: el genocida con sensibilidad artística, las contradicciones entre estética y moral.

En Los detectives salvajes, la obra que lo catapultó al prestigio literario, los poetas real visceralistas Ulises Lima y Arturo Belano (su alter ego), parten tras las raíces de un grupo de vanguardia de los años 20, los real visceralistas del norte, contemporáneos de los estridentistas, que se perdieron en el desierto de Sonora con su enigmática figura Cesárea Tinajero (sus poemas herméticos son el non plus ultra de la vanguardia). El desarraigo como una característica de estos tiempos, la vida de los escritores y el sin sentido de escribir, el azar como motor de la narración: Bolaño es el emblema de una generación desgarrada que ha estado buscando en el vacío y que, ante la ausencia de futuro, sólo puede encontrar respuesta en un pasado perdido. Por eso, en el primer encuentro de escritores latinoamericanos celebrado este año en Sevilla, la mayoría de los asistentes coincidieron en reconocerlo como un modelo y un punto de referencia indispensable.

Por la economía de su lenguaje y por su juego de libros reales y apócrifos se parece a Borges; por sus historias de escritores no reconocidos y sus lugares periféricos y provincianos, se parece a Monterroso; tiene de Chandler el aire existencialista del relato policial. Su literatura, que oscila entre la fantasía y la realidad, la autobiografía y la ficción, lo divertido y lo dramático, es profundamente latinoamericana. Bolaño pertenece también a esa importante y rica tradición del siglo XX de poetas fallidos que encontraron su mejor expresión poética en la prosa: "Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte".

Su editor, Jorge Herralde, visiblemente emocionado el día del entierro de Bolaño, fue incapaz de terminar sus palabras. Pero ahora ha realizado un gesto aún más bello: decidió reeditar todos sus libros.

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