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| 7/7/2003 12:00:00 AM

Hulk **

El monstruo que vive dentro del inexpresivo doctor Banner sufre la tragedia equivocada.

Director: Alg Lee
Protagonistas: Erick Bana, Jennifer Connelly, Sam Elliot, Josh Lucas y Nick Nolte

El pobre Hulk parece un bebé verde en pañales mientras salta por las calles de San Francisco y pelea con un french poodle mutante como si algún niño lo estuviera manejando con el control de un PlayStation pasado de moda. Sí, es una lástima. Su tragedia es tan honda como la del monstruo de Frankenstein, tan conmovedora como la de King Kong y tan perturbadora como la del Mister Hyde del doctor Jekyll, pero su dolor, su soledad y sus ataques de histeria jamás consiguen estremecernos porque no nos cabe la menor duda de que no es un "hombre increíble", un ser abandonado a su propia suerte, sino un astuto homenaje a las tiras cómicas generado por un programa de computador.

Si uno quiere admirar esta elaborada versión de la historia del Hulk, aquel engendro que nace de la ira de un científico llamado Bruce Banner, lo mejor que puede hacer es concentrarse en sus extraordinarias pantallas divididas -que en verdad consiguen captar los trucos narrativos del cómic-, sus pequeñas citas de otras películas y su elegante ironía de parodia. Debe abstraer, en la medida de lo posible, sus vergonzosas pretensiones de relato sicológico, sus oscuros héroes en el borde del abismo y sus villanos enloquecidos a fuerza de aprenderse el libreto de memoria: de lo contrario se corre el riesgo de odiarla a muerte y de sentirse siempre a punto de abandonar el teatro.

La verdad es que Ang Lee, el director hecho en Taiwan, se ha tomado tan en serio la historieta ideada por Stan Lee que la pesadilla del doctor Banner, planteada como un desgarrador drama de la vida real e interpretada en tono de Ricardo III, se demora muchísimo en comenzar y aún un poco más en llegar a su final. Sus escenas de acción tarde o temprano dejan de creer en sí mismas y se convierten en juegos de video jugados por otro. Sus actores principales, profesionales a toda prueba, pronuncian frases como "oh, estos nanomeds no están funcionando" como si estuvieran diciendo "un caballo, un caballo, mi reino por un caballo", pero, dentro de la compleja estética diseñada por Ang Lee, autor de El tigre y el dragón y Sensatez y sentimientos, parecen seres sin vida, estáticos, mal dibujados.

Sí, Hulk le hace un emocionante homenaje a Lou Ferrigno, el modelo que encarnó al monstruo verde en la famosa serie de televisión, pero evita a toda costa el tono de aventura que fascinaba a los fieles seguidores del programa y que suele atraernos hacia este tipo de producciones. Quizá lo ha hecho para respetar la desgracia del único superhéroe que es un peligro para la sociedad, probablemente estemos mal acostumbrados como espectadores, tal vez todo ha sido una estupenda broma. Pero nadie podrá negar que la verdadera tragedia de este Hulk es que su doctor Frankenstein es un programa de computador que pronto quedará obsoleto. Y él parece ser el primero en comprenderlo.

EDICIÓN 1879

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