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| 11/17/2003 12:00:00 AM

La cámara salvaje

Después de seis años de silencio se estrena 'Kill Bill: volumen I', la nueva película del controvertido director Quentin Tarantino.

Las peliculas de Quentin Tarantino son inconfundibles: los tiroteos, los diálogos absurdos, las historias fragmentadas y, sobre todo, los litros de sangre siempre están presentes. Este estilo, que para algunos es demasiado agresivo, lo ha convertido en uno de los directores más influyentes de la última década. Y aunque sólo ha dirigido cuatro películas, Tarantino es considerado un director de culto al que muchos tratan de imitar.

Su primer contacto con el cine fue a los 17 años, cuando se retiró del colegio y se empleó en un alquiler de videos en Manhattan. Durante los 10 años que trabajó allí se dedicó a mirar videos e inició, de una manera muy peculiar, su educación cinematográfica. Fue en esa pequeña tienda que Tarantino comenzó a interesarse en la historia del cine y por las películas que serían más adelante su gran influencia: cintas de artes marciales japonesas, cine de bajo presupuesto de los 70 y 80, algunas películas de género policíaco y el cine francés de la Nouvelle vague (de directores como Jean-Luc Godard y François Truffaut). Tarantino fue absorbiendo poco a poco esta mezcla de estilos y así escribió sus dos primeros guiones: Un romance verdadero (True Romance, 1993) y Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, 1994). Obviamente, él no era más que un empleado de una tienda de videos y ningún estudio quiso financiar sus extravagantes historias. Los guiones permanecieron varios años abandonados hasta que Oliver Stone se interesó por ambos y los compró. Con este dinero, y con la ayuda del actor Harvey Keitel, Tarantino escribió, actuó, dirigió y produjo su primera cinta: Perros de la calle (Reservoir Dogs, 1992). Si bien la película no fue un éxito en taquilla, los críticos de inmediato se interesaron por su estética retorcida y un tanto salvaje.

Buenos tiempos

Dos años más tarde fue la gran consagración de Tarantino. Su siguiente película, Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994), fue un éxito absoluto: recaudó millones de dólares, ganó la Palma de Oro en Cannes y fue nominada a siete premios Oscar, de los que sólo ganó uno: mejor guión original. Por muchas razones los críticos especializados consideran que Tiempos violentos es la película más importante de la década de los 90. Primero, porque logró que el llamado "cine independiente" saliera del anonimato, y de paso, que su productora, Miramax, se recobrara de la quiebra. De hecho, gracias a Tarantino, Miramax es hoy día una de las más grandes productoras del mundo. Como si fuera poco, Tiempos violentos relanzó las carreras de los actores John Travolta y Samuel Jackson.

La película también tuvo muchos detractores, para quienes la violencia era excesiva y gratuita. Tarantino se defendió, asegurando que su cine era una caricatura y que la violencia era tan exagerada que no le podía hacer daño a nadie. Sin embargo el estilo de Tarantino sí tuvo muchas repercusiones sobre el cine contemporáneo y varios directores jóvenes, como Guy Ritchie, Joel y Ethan Cohen, David Fincher, Steven Soderbergh y Brian Gazer aceptan que Tiempos violentos es una de sus grandes influencias.

Durante los años siguientes Tarantino se dedicó a disfrutar de su éxito. Primero fundó su propia productora: A Band Apart, en homenaje a la película Bande á Part, de Godard. También se dedicó a financiar los proyectos de sus grande amigos Roberto Rodríguez, Harvey Keitel y Steve Buscemi. Y a cambio de las enormes cantidades de dinero que les regalaba Tarantino sólo pedía una cosa: que lo dejaran actuar, porque su pasión escondida siempre ha sido la actuación. No en vano en casi todas sus películas hace pequeños papeles secundarios, que por lo general son personajes idiotas o insoportables.

En su siguiente película, Triple traición (Jackie Brown, 1997), Tarantino continuó con los mismos temas. Sin embargo esta vez su estética estaba mucho más depurada. En esta nueva cinta cada personaje tiene un punto de vista y la trama se cuenta varias veces desde cada una de estas diferentes perspectivas. Sin duda esta es una marca típica de su cine y, a medida que avanza su carrera, parece que se hace más evidente. Tarantino deja de interesarse por la objetividad y se vuelca en la sicología de los personajes. Por eso es que los diálogos son tan importantes: porque es a través de ellos que los describe y parece como si prefiriera filmar primeros planos de ellos contando una historia a filmar la historia en sí.

Buscando a Bill

Después del estreno de Triple traición Tarantino desapareció por varios años para poder estructurar su nuevo proyecto. En efecto, durante el rodaje de Tiempos violentos ya había tenido la idea de hacer una película de artes marciales en la que la heroína fuera una mujer. Tarantino le comentó esto a la actriz Uma Thurman, quien se enamoró del tema de inmediato. La actriz y el director comenzaron entonces a diseñar juntos lo que sería el guión de Kill Bill. Al mismo tiempo Tarantino estudió el cine de la nueva ola oriental (de autores como Takeshi Kitano y de Won Kar Wai) y las películas ultraviolentas de los años 70 y se dedicó a fijar muy despacio el estilo que tendría su nueva película.

En parte Tarantino se tomó tanto tiempo porque estaba decidido a resumir y agrupar todos sus conocimientos sobre cine para volcarlos en su nueva cinta. Y, en efecto, en casi todas las escenas que escribió para Kill Bill hay un homenaje o una referencia a alguna de sus imágenes favoritas. Incluso llega al extremo de citar sus propias películas. El resultado de este trabajo fue una cinta monumental que se extendía por más de cinco horas y que tenía entre sus influencias elementos tan disímiles como las películas de vaqueros de Sergio Leone o el animé japonés. Toda la película es un pequeño homenaje a otras películas. En últimas lo que propone Tarantino es cine que habla sobre cine.

El gran mérito de Tarantino es que, a partir de películas olvidadas y de mala calidad, ha creado un mundo propio, un mundo de cine violento y desbordado. En efecto, en Kill Bill Tarantino se aleja por completo de la realidad y crea un universo más cercano al mundo de los cómics y de los video juegos. Es como si él fuera cada vez más demencial y más salvaje. Pero sería tonto pensar que se trata de una evolución gratuita. En sus películas hace una aproximación crítica a la sociedad contemporánea, una sociedad absurda que necesita un cine absurdo.

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