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| 3/28/1983 12:00:00 AM

LA DE LA MOCHILA AZUL

Una novela que oscila entre lo cómico y lo dramático.

LA DE LA MOCHILA AZUL LA DE LA MOCHILA AZUL
José Ferrater Mora: Claudia, mi Claudia, Alianza Editorial, Madrid, 1982, 292 páginas.
Así como la muchacha puede pasar las tardes leyendo a Carson McCullers o escuchando el quinteto en fa menor para piano y orquesta, opus 19, de Gabriel Fauré, puede a la vez ser también perfectamente estúpida. Tan estúpida e ingenua que en el transcurso de la novela descubrimos en su bolso azul, el inmenso bolso azul donde hay espacio para todo, una bomba de exagerada potencia que explota en las mismas manos del jefe de la Organización Secreta Anti-Terrorista, destruyendo de paso la mayor parte de la calle donde el atentado tiene lugar. Todo esto lo ha filmado en un video-cassette el observador, por medio del circuito cerrado de televisión que ha instalado en el sótano de su casa y a donde llegan las imágenes de esa realidad aislada y lejana a su cínico temperamento solitario.
Los dos protagonistas, Claudia y el observador, conforman el eje central de la novela de José Ferrater Mora, un serio y estudioso profesor español de filosofía, el cual decide hacer una literatura-reflejo del estado caótico y casi que se podría decir policíaco, de nuestra congestionada época. Sin embargo, a pesar de que el autor ambienta su relato en una atmósfera de este tipo, el humor y la ironía realizan un efectivo contrapeso a la cuasi-tragedia en la cual se produce la novela.
El Absurdo siempre ha sido una buena manera de representar, por medio de una realidad incoherente y extraña, si se quiere absolutamente fantástica, la otra realidad tangible y normal en la cual se produce la cotidianidad, la vida del mismo espectador que asiste al desarrollo de este absurdo. El Observador, por ejemplo, ese personaje que permanece en su reino elíptico de monitores y pantallas, fantasea sobre los seres que observa, inventa sus vidas particulares, imagina cómo y de qué manera deben ser.
Así, con Claudia y su víctima. A pesar de tratar de permanecer medianamente alejado de esas figuras que observa en los monitores, tarde o temprano, ellas mismas se encargarán de inmiscuirlo de lleno en una trama, bastante cercana a lo macabro, como jefe secreto de la organización que asesina al supuesto Coronel que desmantelará toda una banda de terroristas. Se redactan informes y folios completos en la Comisión investigadora que declara al Observador como cabecilla de toda la banda. Su terrible locura neurótica que se inicia por los hermosos ojos acerados de Claudia y su bolso azul, termina por ser considerada como una más de las grandes habilidades conspiradoras de AJ como se le denomina de manera secreta en los archivos.
La mejor salida, tal vez la única, que encuentra el Observador, después de presenciar la explosión propiciada por su Claudia, es caer en una locura ensoñada de la cual sólo saldrá por medio de la muerte-
Hugo Chaparro V.

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