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| 5/29/2000 12:00:00 AM

La palabra no ha muerto

La Feria del Libro vuelve a mostrar el creciente interés de editores y público por la narrativa colombiana que, a pesar de las dificultades, parece gozar de buena salud.

La palabra no ha muerto La palabra no ha muerto
Dicen que en la era de Internet y del zapping no hay nada más anacrónico que un poeta, un novelista o un cuentista. Sin embargo uno de los temas que más llama la atención de las últimas ediciones de la Feria del Libro de Bogotá es el creciente interés de las editoriales por los narradores colombianos. El entusiasmo que han generado recientes lanzamientos de libros de narradores colombianos, como Darío Jaramillo Agudelo, Héctor Abad Facciolince, Hugo Chaparro Valderrama y Jorge Franco, por citar algunos nombres, demuestran que en el país sí existe un interés por la nueva narrativa colombiana. Esta muestra —incompleta— de novedades literarias nacionales que se han lanzado en la Feria da a entender que hay temas y estilos para lectores de todos los gustos. Samuel Jaramillo, economista y poeta nacido en 1950, se enfrascó en una recreación literaria de la vida de Francisco José de Caldas porque vio en ella la posibilidad de reflejar algunas de las frustraciones de su generación y las paradojas de la vida de un personaje de la historia patria del cual se tiene una imagen muy distorsionada. “Caldas tenía la vocación y la mente rigurosa y sistemática que se necesita para ser un científico. Estaba en el tiempo correcto, pues vivió a finales del Siglo de las Luces. Pero estaba en el lugar equivocado. No había nacido en Francia o Inglaterra, donde se debatían las principales ideas, sino en Popayán, que ni siquiera era la capital de la Nueva Granada, una colonia de segundo orden de un país en plena decadencia”. Según Jaramillo, esa misma frustración la sienten quienes quieren hacer ciencia de primer orden en Colombia y encuentran toda suerte de dificultades. “Además, anota Jaramillo, a Caldas le pasó lo mismo que a los intelectuales colombianos de hoy en día. Caldas fue un científico que, por las circunstancias históricas de su época, se dejó llevar por el fervor revolucionario. Esa fe que tenían en la época de la independencia por los ideales liberales es muy similar a la que tenía mi generación por el socialismo”. Para escribir la novela Jaramillo tuvo que dedicarle mucho tiempo a reconstruir una época que los historiadores de su generación han despreciado (la llamada Patria Boba) y que, en su opinión, es tal vez la más interesante de la historia de Colombia. “Aproveché los fragmentos que se conservan del diario de Caldas y su copiosa correspondencia. Eso me permitió poner en boca de Caldas palabras textuales suyas. Además en sus cartas demuestra que era un gran escritor”. Que fluya la historia Andrés Hoyos también le dedicó su más reciente esfuerzo literario a la vida de Iñigo de Vistahermosa y Santos, un pintor ficticio. Hoyos, bogotano nacido en 1953, escogió este tema porque le apasiona la pintura y ubicó su personaje en la Colonia porque, al ser una época de la historia de Colombia tan mal documentada como aburrida, le permitía hacer toda clase de transgresiones, aunque el lector encuentra a cada rato citas muy precisas de la historia universal y los conflictos que movían al mundo a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. “Leí bastante sobre la época, pero a mitad de camino me aburrí y dejé que la historia fluyera”. Hoyos se caracteriza por su obsesión por trabajar cada frase hasta encontrarle el tono. “Varios amigos me han dicho que por qué no simplifico la escritura. Lo que pasa es que yo estoy del lado de los lectores que les gusta jugar con el lenguaje. Para mí la escritura es como un juego de ajedrez que uno enreda porque lo va perdiendo. A mí yo profundo le fascina enredarse y el superyo me dice que rectifique y corrija”. Arturo Alape, caleño, nacido en 1938, es un experimentado escritor muy comprometido con la historia, la política y el periodismo. Su nueva novela, Sangre ajena, nació de sus experiencias cuando trabajó en Ciudad Bolívar en 1995 y 1996. “Me interesó el tema de la ciudad vista por niños de los barrios marginales entre los 8 y los 12 años, para mirar ese mundo de la intimidad de estos niños que salen del sur de la ciudad, de esa vida de hacinamiento y que deciden escapar y realizar un gran viaje en el cual todo cambia para ellos. Es una novela de iniciación. De la iniciación al manejo de la ciudad como guarida, al sexo, la droga, el crimen”. Alape señala que, aunque se basa en historias que oyó en Ciudad Bolívar y en detalles biográficos, es una ficción. “Es una confluencia de voces de la memorias que tienen que volverse escritura”. Y si Alape se metió con el tema de los niños, Yolanda Reyes, escritora de literatura infantil y juvenil, decidió medírsele a los años terribles de la adolescencia. A través de las voces de Juliana, Valeria y Lucía (la mayor, la intermedia y la menor en sus respectivas familias), les escribe a las jóvenes a través de su lenguaje y de los problemas de su vida cotidiana. No fue una tarea fácil pues tuvo que trabajar tres voces, así que un día se despertaba como Valeria, otro como Juliana y otro como Lucía. El tema de la familia y lo familiar es el punto de unión de Asuntos familiares, tercer libro de cuentos de Julio Paredes, escritor bogotano que nació en 1957. “En mis tres trabajos me ha interesado reunir cuentos que tengan un lazo que los una. En este caso ese lazo es lo familiar y utilizo dos acepciones del término. Una, la que se refiere a personajes ligados por lazos de sangre y que pertenecen a un mismo espacio cerrado, íntimo, con sus leyes particulares, lo que uno llama La Familia. La otra acepción es ‘lo conocido, lo familiar’, esas circunstancias familiares, o lugares comunes, que todos manejan tales como la muerte, el amor, los chantajes amorosos, que también tienen que ver con ese espacio familiar”. En este nuevo libro Paredes mantiene en los narradores de sus cuentos el tono reflexivo y analítico presente en sus dos obras anteriores. El benjamin El más joven de estos autores es Antonio Ungar, nacido en Bogotá en 1974, y quien sólo ha publicado su libro Trece circos comunes, primero de su bolsillo y ahora con Editorial Norma. Ungar, estudiante de arquitectura, declara que comenzó a escribir durante una hepatitis que lo mantuvo convaleciente durante dos meses. Considera que su estilo es muy cinematográfico, basado en la imagen pura. Este libro, en el que utiliza el tema de los circos como una metáfora de los diversos espectáculos que ofrece la gente en su vida cotidiana, Ungar además refleja su pasión por la arquitectura, las ciudades y los viajes al ubicar cada uno de los circos en lugares muy específicos. De parte de Dios, de Enrique Serrano, escritor nacido en Barrancabermeja en 1960, refleja un profundo interés que ha sentido desde su infancia por la religión y su rebeldía contra la tradición cristiana (él se considera un anticristiano), que lo llevó en la adolescencia a indagar acerca de otras religiones, en especial el budismo y el islam. Su trabajo como marino mercante le permitió un acercamiento cosmopolita a las diversas manifestaciones religiosas del mundo, lo mismo que un posgrado que hizo en México sobre el Medio Oriente. El suyo ha sido un acercamiento anecdótico y académico, pues considera artificial ser un fiel de religiones tan lejanas a su realidad. Pero el verdadero punto de arranque de esta obra fue el descubrimiento que hizo en Francia del libro Maestros espirituales, de Jacques Brosse, que lo componían unas 150 breves biografías y reseñas de santos y místicos de diversas religiones. Se dio cuenta de que este tema no sólo era explotable desde el punto de vista literario, sino que era un libro infinito, del cual De parte de Dios no es más que una galería de 24 historias de santos y místicos. En estos breves relatos Serrano indaga maneras de aproximarse a Dios a través de la desmesura, el silencio, el propio mal. “Quise hacer una aproximación literaria a estas vidas, entre otras cosas porque la actual civilización es la negación del misticismo”. Le tomó un año escribir el libro y lo terminó hace dos meses. Serrano ha constatado que sólo en estos tiempos recientes a los místicos se les ha considerado como enfermos mentales. “En la mayor parte de la historia los místicos no eran vistos como alienados sino como los más lúcidos y sabios. Para el místico, el mundo entero, incluyendo lo cotidiano, es sagrado y el hecho de que sea sagrado le da sentido. Lo profano es sinónimo del sin sentido mientras que la sacralidad le da una orientación radical a la vida del hombre. Los místicos perturban ese espíritu mediocre que flota en todos los pueblos”.

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