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| 6/8/1987 12:00:00 AM

LA ULTIMA FABULA

Ingenua, cálida, alarmante y sincera, con "Peggy Sue" aparece la última creación de Francis Coppola.

LA ULTIMA FABULA LA ULTIMA FABULA
La nueva película de Francis Coppola se llama "Peggy Sue: su pasado la espera" y bajo ese título premonitorio y simple y apoyado en la presencia sensual y cálida de la actriz Kathleen Turner se dedica a contar lo que este director siempre ha contado: una fábula. Una fábula sobre los sueños, una fábula sobre la búsqueda desesperada de la raíz de todos nuestros males, una fábula sobre la indagación de los laberintos sentimentales que se convierten en trampa.
Con un tono exquisito y sutil que comienza y finaliza con un espejo ante el cual la cámara se enamora de la protagonista rubia, Peggy Sue, una joven señora que tiene una hija adolescente y un marido escandaloso que hace comerciales de televisión que son una parodia del célebre Crazy Eddie de los electrodomesticos en Nueva York, la película plantea la soledad, la frustración, el vacío y la decepción profundas en que se encuentra esta hermosa mujer para quien todos los sueños de la juventud se le convierten en cenizas. En una especie de exorcismo decide asistir, vestida de época, al baile de celebración de los 25 años de su promoción escolar y será ahí, en medio de la música pegajosa de los cantantes engominados y junto a los rostros devastados por la gordura, la opulencia y los fracasos de sus antiguos compañeros, donde emprenda el viaje alucinante que la llevará 25 años atrás, cuando era una colegiala y tenia papá, mamá, hermana, abuelos y un novio, y emerge en medio de esa época nostálgica pero con las ideas actuales y sin alterarse, sin dejar que la sorpresa la devore, comienza a investigar lo que siempre la ha torturado, dónde comenzó a torcerse su felicidad, quién fue el responsable de su desdicha, por qué no tuvo el coraje de corregir sus propias torpezas, por qué ligó su destino al de ese cantante frustrado que llegará a ser un loco furioso de la televisión.
Será ahí, en ese hurgar del pasado, en ese rastrear de las cicatrices que nunca cerraron, en la identificación de sus pesares, donde la película de Coppola se convierta en una obra maestra de sabiduría humana, porque pocas veces Hollywood había producido una historia tan ingenua y tan cálida, tan alarmante y sincera, tan poética y dura como esta.
Conocedor de todos los recursos narrativos del cine, sabio que elude las trampas de lo obvio, Coppola con un buen humor que se digiere desde los planos iniciales en el espejo, ha sabido contar muy bien la fábula de esta muchacha, quien tiene la suerte de regresar al pasado y ponerle una etiqueta a cada uno de sus fantasmas.








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