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| 10/24/1988 12:00:00 AM

LAZOS FAMILIARES

Con "Pequeño negocio de familia", el T.L.B. parece regresar a su antiguo nivel.

LAZOS FAMILIARES, Sección Cultura, edición 334, Oct 24 1988 LAZOS FAMILIARES
Como Colombia carece de escritores de teatro, los grupos tienen que echar mano de diferentes autores para montar sus obras. El Teatro Libre de Bogotá se ha caracterizado por hincarle el diente a todo tipo de autores y con su última obra, "Pequeño negocio de familia", del escritor inglés Alan Ayckbourn, acertaron en la escogencia de un tema que parece sacado de la realidad colombiana, como calcado de una situación diariamente reseñada a través de los medios de comunicación.
Los espectadores que acepten la invitación de ver "Pequeño negocio de familia", no se sorprenderán. Los hechos que se cuentan allí son tan familiares al público como lo son, en este momento, las inundaciones o las tomas y contratomas guerrilleras. Se trata de un hombre senil, dueño de una poderosa fábrica de artículos sanitarios, que por los problemas de su edad, tiene que darle paso a otra persona para que maneje su negocio. Recurre a su yerno, un joven dirigente empresarial, Jack MacCracken, quien llega con muchos bríos y, sobre todo, con la mayor ingenuidad a dirigir la fuente de riqueza de la familia de su esposa.
Sin embargo, las cosas no son fáciles. A medida que se desarrolla la obra surgen triquiñuelas, negociados, jugadas chuecas y en fin, toda una serie de andanzas de los hijos del gran empresario, de sus nueras, de sus nietos, de su secretaria, y de todos los que lo rodean y guardan frente a él un santo respeto. McCracken se convierte en el encargado de descorrer el velp que cubre a su familia política, para encontrarse con una gente descompuesta y vampiresca. Todos le roban al patriarca y sin pensar en el resto se dedican a aprovecharse del negocio familiar.
El periodista Juan Gossaín decía, hace poco en una de sus columnas, que había quedado de una sola pieza cuando en una fiesta de notables alguien hacía mofa de un individuo que había llegado a una empresa estatal y no había robado. El periodista pensaba en voz alta y expresaba que los valores éticos y morales parecían haberse trastocado y que, en la actualidad, se era blanco de críticas no por ser ladrón sino por ser honrado. Esta es la historia del "Pequeño negocio de familia".
La escenografia diseñada por Héctor Bayona, uno de los actores de planta del TLB, muestra un apartamento común y corriente, que se mantiene durante toda la obra y que, con los continuos cambios de luces (162 durante las 2 horas y 15 minutos de duración de la obra) ambienta los diferentes espacios en que se mueven los distintos integrantes del clan familiar.
La dirección y versión corrió por cuenta de Ricardo Camacho, quien estuvo al frente de la obra hasta el estreno, antes de viajar a Londres para un curso de 14 semanas. Camacho, que ha estado al frente de muchos de los éxitos del TLB y que fue el director de "Noche de Epifanía" -obra con la que se estrenó la sede de Chapinero-, expresó su satisfacción con este montaje y dijo a SEMANA que, aun cuando el ritmo de trabajo que se han tenido que imponer es altísimo, esta obra parece ser la carta de atracción de esta nueva etapa de actividad. "Eramos como una tienda de barrio y ahora nos convertimos en un Carulla, sin mucha experiencia en administrar un negocio de estas dimensiones. Con cinco actores en el exterior y tratando de diversificar los espectáculos (de ahí las obras de diferente tendencia), buscamos un acercamiento con el público, pero no de manera fácil y vulgar sino con la seriedad y honestidad que nos ha caracterizado".
El tema de la obra, una buena actuación y un buen nivel técnico (escenografía, luces, vestuario), hacen de "Pequeño negocio de familia", una obra que vale la pena ver, a pesar de las 2 horas largas que tiene de duración. Por momentos el espectador se fatiga, pero la atención nunca decae. No es, pese al lenguaje coloquial que se utiliza y a la descomposición social y moral que retrata, una obra vulgar o ramplona. Es una sátira social, jocosa por momentos y llena de suspenso. Y es, ante todo, la puesta en escena de un problema social que surge desde la misma familia.

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