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| 3/9/1992 12:00:00 AM

LOS AMORES RIDICULOS

El Teatro Libre de Bogotá inicia su temporada de este año con una de las obras más importantes de Milan Kundera: "Jacobo y su amo".

LOS AMORES RIDICULOS LOS AMORES RIDICULOS
SON LOS HOMBRES FICHAS DE AJEDREZ movilizadas por las manos desconocidas de dioses innombrables? ¿Es la vida el desenvolvimiento de una partida preconcebida por jugadores omnipotentes?, Es acaso el destino irredimible? Como pocos escritores contemporáneos, el autor checoslovaco Milan Kundera ha sabido moverse por estos delicados terrenos de la existencia. Intrigador por excelencia acerca de la levedad de la vida, implacable ante el crudo destino humano, Kundera se ha perfilado como uno de los grandes pensadores que aún subsisten en Europa. Su obra ha sido aplaudida o abucheada, acogida o rechazada, pero sin duda nunca ignorada.

Bajo la dirección de Ricardo Camacho, el Teatro Libre de Bogotá, en su sede de Chapinero, inicia su temporada de 1992 con una de las obras más reconocidas del escritor checo: "Jacobo y su amo". Escrita, según el mismo Kundera, como un homenaje a Denis Diderot, la obra apunta hacia las zonas más sensibles del espíritu humano: la fragilidad del amor, la traición de la amistad, la lucha contra el destino inalterable.

Con la ironía que suele caracterizarlo, Milan Kundera realiza en "Jacobo y su amo" (su única obra dramática) una variación de la novela inmortal de Diderot, "Jacques el Fatalista". El escritor francés del siglo XVIII tuvo la genialidad de introducir en la novela el recurso del juego como potencialidad expresiva, introduciendo al mismo tiempo una libertad formal que hasta el momento no conocía la novela y que sólo unos pocos escritores modernos han aprovechado. Por un lado, sus personajes son atemporales, carecen de un espacio definido, no se sabe de dónde vienen ni para dónde van. Se duda de su existencia. En realidad que existan o no poco importa. Por el otro, los narradores son múltiples, se desenvuelven irreverentes ante la lógica, se entrelazan unos con otros tejiendo historias dentro de otras, a la manera de una matruska.

El "espacio sin decorado" en el que se desenvuelve la obra de Diderot -sin precedentes en la historia de la novela- y sus personajes brumosos, impactaron tanto a Kundera, que lo obligaron moralmente a rendirle homenaje al maestro a través de "Jacobo y su amo". El escritor checo advierte que no se trata de una adaptación a teatro de la obra de Diderot: "Es mi propia variación al rededor del tema de Diderot".

La proposición lúdica -en la que tanto insistió Julio Cortázár al involucrar al lector en la obra- está dispuesta desde el comienzo del drama. Dos individuos, el amo y su siervo, irrumpen en un escenario vacío y Jacobo el siervo dirige su mirada al público: "Señor...: ¿Por qué nos miran esos?", le dice a su amo. Y luego al público: "¿No les molestaría mirar hacia otra parte? ¿De dónde venimos? (...) ¿Y adónde vamos? ¿Sabemos acaso adónde vamos? ¿Lo saben ustedes adónde van? ". El espectador queda enganchado en la penosa trama desde el mismo inicio de la obra, para que no quede la menor duda de que no es posible escapar a la historia que se contará en el escenario.

Al parecer, todo el drama es una interrogación mayúscula sin respuesta aparente. Jacobo y su amo, los protagonistas mayores de la obra, y todos los que participan en la historia incluso el público, son sólo personajes cuyas vidas están escritas "allá arriba". Lo cual está lejos de ser un alivio. Por el contrario, desconocer al creador y más aún saberse fichas en el tablero de un mal jugador, se traduce en una angustia inevitable.

La obra está cundida de los elementos favoritos que Milan Kundera hizo famosos en novelas como "La insoportable levedad del ser", "El libro de la risa y el olvido", "El libro de los amores ridículos" y "La despedida". Pero sobre todo en esta última, en donde, al igual que en "Jacobo y su amo", los temas sobre el amor, la infidelidad, la maternidad, la procreación, los valores morales, son tratados con crudeza y sin auto censura.

De la mano de Kundera, el espectador puede esperar sorpresivamente una bofetada. Pero es una bofetada que con su inmoralidad sacude los sentimientos hasta colocarlos en su verdadero ámbito, limpios de las falsas estructuras de valores que lo han intentado alienar. Por eso no es raro encontrar episodios sobre amores frustrados o aventuras eróticas totalmente irracionales, por fuera de toda lógica.

En el transcurso de la obra, a través de historias paralelas de amor narradas desde diferentes ópticas, se va intuyendo siempre un desenlace amargo. El amor es una ironía, una farsa; la amistad, una ilusión; la procreación, "el peor final para una historia humana". La única certeza es que el destino ya está escrito y debe vivirse tal como se presenta.

El juego de diálogos dentro de diálogos es una de las propuestas más interesantes en cuanto a la estructura se refiere. Del drama mayor la conversación entre Jacobo y su amo se van desprendiendo dramas internos, con estructura propia, con su propio nudo y su propio desenlace. El método de la muñeca rusa hace aún más confusa la realidad de los personajes, o mejor, les reitera su calidad de seres ficticios, como ficticia puede ser toda la humanidad. Esta trampa es difícil de eludir por parte del espectador, sucumbe ante ella y lo hace desfallecer..

En última instancia, lo que Kundera intenta plantear es la desazón que produce el preguntarse acerca de la existencia humana y sobre sus realizaciones prácticas. Si el destino es inmanejahle. si ya está escrito. ¿de dónde nace la pluma de aquel escritor y qué musa lo inspira para crear la tragedia humana?

Sin respuesta posible, sólo con la angustiosa premonición de la probabilidad, Jorge Luis Borges buscó desesperadamente una salida a las paradojas de la existencia. De tanto interrogarse, una última pregunta surgió como respuesta, que sirve de epígrafe perfecto a la obra de Kundera: "¿Qué Dios, detrás de Dios, la trama empieza?".









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